Jueves 19 de enero de 2017,
Bottup.com

“Foreman” Capello

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“Mamá, mamá, en el colegio me llaman Capello…”

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Fabio Capello

Existen dos respuestas que, tras la pregunta de la confiada madre,
el niño espetará. La normal, la que todos suponemos, hace no demasiado
que quedó inservible.

-¿Y tú que haces, hijo?
-Defenderme.

Y es que Capello siempre ha sido así. Convertía en boxeadores a sus
equipos. Se agazapaban en una esquina del ring, protegiendo su cara con
los antebrazos y recibiendo ataques que rara vez llegan al objetivo.
Pero a la menor oportunidad, al menor síntoma de debilidad defensiva
del rival, le golpeará de manera que, dependiendo de la precisión y la
fuerza, le permitirá ganar el combate o tener que esperar para
contragolpear en otra ocasión. Ese y no otro era el método capellista.

Pero existe una segunda versión de tal chiste:

-Mamá, mamá, en el colegio me llaman Capello…

-¿Y tú qué haces hijo?

-Bajarme los pantalones.

“Beckham no jugará más en el Madrid”, dijo Fabio cuando el inglés anunció su marcha a Los Ángeles Galaxy. Los resultados y el mal juego, unidos a las
constantes peticiones de la plantilla, hicieron que el entrenador
transalpino se “bajase del burro” y volviera a contar con el británico.

 

Y el boxeador, el Foreman de los banquillos, se convirtió en un contertulio del extinto programa ‘Crónicas Marcianas’

Luego fue Antonio Cassano, ese impertinente italiano salido de Bari,
uno de los lugares más conflictivos de Italia. Sus siempre presentes
desaires hacia Fabio no han provocado una reacción dura, como antaño
hubiese sucedido. El delantero estuvo apartado un tiempo tras el
partido ante el Nástic y pese a no pedir disculpas públicas ni trabajar
de manera adecuada (es obvia su situación física tan solo con ver una
foto actual) el jugador fue perdonado por la insistencia de la
plantilla.

Y el boxeador, el Foreman de los banquillos, se convirtió en un
contertulio del extinto programa ‘Crónicas Marcianas’, algo que no debe
agradar a los que le contrataron, en especial a Pedja Mijatovic, su
principal valedor, que, si por algo le otorgó la papeleta de convertir
un nuevo Madrid fue por su mano dura, por su cetro de hierro y por sus
guantes manchados de la sangre de los equipos que han caído tras sus
golpes.

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