Martes 01 de abril de 2014,
Bottup.com

“¿Lo dejamos ahí?”, diría don Bernardo Neustadt con esa carita tipo risueña y provocadora

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El recientemente fallecido Bernardo Neustadt, periodista argentino

Muere a los 83 años y en el día del periodista el cronista rumano-argentino Bernardo Neustad

Y esta, parece haber sido, la frase con la que nos despediremos de él. Y que era como su sello personal en cada entrevista o programa de televisión que hacía.

Precursor de la televisión argentina, muere este periodista, que había sido amenazado de muerte y que había denunciado hacía poco este hecho en los tribunales.

“Aposté a no tener ideología, no me acosté con la izquierda, ni coqueteé
con la derecha. Me sentí bien. Me sentí libre. Pude ser muchas cosas.
Me criticaron. ¿Si me equivoqué a veces? Sí, muchas”
“Quise descubrir si la gente me quiere de verdad y no por lo que soy.
Entonces, desde los más profundo de mi alma, desde mi fibra más íntima
surgió un ruego: ¡No me dejen sólo!”

Muere en el día de San Cayetano (Patrono del trabajo que se festeja los siete de cada mes) y del Periodista, como para dejar bien en claro su vocación ciudadana de informar. Le encontró la muerte almorzando en su casa, que curiosamente se llama ‘Mi Tiempo’.

El Tiempo es el corazón, diría Fray Mamerto Esquiu, quien también falleció después de un almuerzo en La Rioja, y a pesar de que en su pagina web se despidió hasta el lunes.

El sábado su tiempo fue su Tiempo Nuevo.

Se trata de Bernardo Neustadt, polémico hombre de la actualidad y los medios argentinos.

Abrumadoramente lúcido a sus ochenta y tres años, estuvo sólo unos días atrás siendo entrevistado en el canal de televisión C5N por Gerardo Rocín, en un programa sabroso y en verdad asombrosamente actual, donde el ‘tête-à-tête’, llegó a su verdadero clímax, cuando el viejo periodista, burlonamente, desafió al joven, en una increíble frase, que me quedó rondando en la cabeza por varios días. Era la respuesta a una pregunta que Rozin repitió dos veces:

-¿En verdad, Neustad, usted anda por la calle y nadie lo insulta?- en realidad dijo algo más fuerte, que ya se pueden imaginar…

- Lo hago responsable a usted de lo que me ocurra a partir de ahora a la salida de este canal- y luego comenzó a contar como Alfonsín, el ex presidente, había restado importancia al hecho de que, en la época del Juicio a las Juntas Militares por los Derechos Humanos, había sido objeto de una ataque feroz del que salió con varias costillas rotas, y todo por proponer que la vieja Entel (Empresa Estatal de Teléfonos) fuera privatizada. (Gracias Berny, deben estar diciendo , desde entonces, los que facturan ese magnífico negocio en la Argentina: Telecom, Telefónica, Personal, CTI, etc… pues ya se sabe cómo les gusta hablar a todos en este alejado, Sur del mundo. ¿La llama que llama?… diría la española Telecom)

-Ahora todo el mundo disfruta de la revolución tecnológica de la telefonía privada. Pero a mí me costó eso: que me quebraran las costillas por pensar distinto. A mí nadie me acusa de ladrón. En la época de Menem, me presenté a varias licitaciones para comprar una radio, y todas las perdí. Hace unos días fui a Tribunales, pues estoy amenazado de muerte por teléfono- y casi por lo bajo agregó:

-¿Está nervioso?…- casi con una sonrisita picara en el rostro…

-¡No me diga eso!- contestó el otro, echándose para atrás -usted sabe que no.- contestó Rocín.

Respecto a la guerra de las Malvinas, dijo haberse opuesto públicamente, y respecto a las Madres de Plaza de Mayo y otros temas afines (afirmo: haber tenido amigos muertos en ambos bandos, nos propuso abrir todas las tumbas… ¿para llorar? ¡parejito: a todos nuestros muertos!, capaz que sea cierto eso de que ¡no velamos a nuestros muertos, nomás!, y si no hacemos bien nuestro duelo, seguramente seguiremos llorando eternamente por nosotros: como me dijo mi padre frente a la tumba de mi mamá:- ¿Ves? Aquí no hay nada. ¡Lloramos por nosotros…!), los remito a escuchar al Tata Yofre (de la Side)… con quien estuvo hablando, unos días antes de fallecer, del libro que había escrito.

Pues el Periodista rumano-argentino se va de este mundo, dejando un libro que quería presentar con los temas de hoy que, desgraciadamente, son los mismos que en los setenta (al pensar del periodista no hemos avanzado mucho desde entonces).

Vamos a llegar inmaduros al Bicentenario: llorando por nosotros.

Otra frase interesante con la que me quedé pensando fue: “Nadie que odie, forma parte del círculo que yo trato de formar alrededor mío”. Aquí me vino el recuerdo de los cristales de agua del japonés, experto en fisica cuántica, y le encontré razón. Y recomendaba leer a Jauretche.

Después de las Cenizas, que los invito a reveer a todos los argentinos, un film magistral que muestra el día después de Hiroshima y Nagasaki, su realizador termina con unos versos que dicen así: “No hay peor enfermedad que el odio”.

Sería bonito ver esas palomitas de luz con las que recuerdan su muertos y hacen su duelo los japoneses, sobre el Río de la Plata: “No hay fe como la confianza”. Confío que maduremos a tiempo, antes de que lleguen, los que han de venir a curar sus heridas aquí (como profetiza Solari Parravicino).

Tal vez sirvan de consuelo a los heridos corazones de los ignorantes argentinos, que no olvidan, estas esperanzadoras palabras de Victor Hugo:
“Desgraciado quien no haya amado más que cuerpos, formas y apariencias. La muerte le arrebatará todo. Procurad amar las almas y un día las volveréis a encontrar”.

Por último, así se definía a sí mismo Bernardo Neustadt, periodista y ciudadano en su biografia ‘No me dejen sólo’, editada por Editorial Planeta:

“Aposté a no tener ideología, no me acosté con la izquierda, ni coqueteé con la derecha. Me sentí bien. Me sentí libre. Pude ser muchas cosas. Me criticaron. ¿Si me equivoqué a veces? Sí, muchas. ¿Si acerté? Muchas, también.

Me gustó competir con mis pares. Me agradó ser reconocido pese a los silbidos de los envidiosos.

Me exigí. Y exigí.

Trabajé hasta el asombro. Me transformé en un fenómeno clínico; los médicos preguntaban: ‘¿cómo puede dormir sólo cuatro horas?’. Y jugar al tenis, ir a los espectáculos, hacer TV, radio, cable… escribir.

Lo hice con gracia. Con ganas. Con fervor. La gente me gritaba: ‘¡No afloje!’. Me di cuenta de que en la Plaza de Mayo no cabe el pueblo. Pero sí una persona que lee un libro.

Pensé que ya era exagerada mi profesión. Que cada programa, cada acto, me daba angustia y satisfacción de diez minutos cuando terminaba. Que no podía gozar de un instante porque estaba imaginando el siguiente.

Se me nublaron los ojos. Pensé en cincuenta y cinco años haciendo lo mismo. Me asusté. Y un día bajé las cortinas, me encerré en casa y le pedí a mi mundo silencios sonoros. Me reencontré con el pasado, pero también con el futuro. Decidí que voy a seguir soñando el último de mis días. Decidí admitir los afectos y no rechazarlos a cambio de trabajo. Quise saber cómo es tomar un café solo, pensando. Salir a pasear por la vida. Mirar a un chico sin apuro. Quise descubrir si la gente me quiere de verdad y no por lo que soy. Entonces, desde los más profundo de mi alma, desde mi fibra más íntima surgió un ruego: ¡No me dejen sólo!”.

En su última columna (que recién leo), denuncia a los Kirchner. “Quieren llevarnos a una Guerra Civil. Deben ser adictos a la sangre”- ojalá que se equivoque, pienso yo, y recuerdo el protagonismo de los Kichner en lo que se dio en llamar La Patagonia Rebelde, y me pregunto si el corazón de madre de Cristina, será más grande y sabrá sortear las dificultades de este momento con respuestas, pues hasta ahora, como dijo un sacerdote experto en bioética: “solo hubo reacciones…” y recordó a cierto escritor que decía que cuando no haya más armas: lo único que quedará para agredirnos será la palabra, creando confusion, yo espero con esperanza que la mujer que nos preside opte por el orden y la creación de más vida.

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Esta noticia concursa en el I Premio  Periodista Ciudadano en la categoría de: Sociedad y Ciudadanía

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