Jueves 30 de marzo de 2017,
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“La violencia en mayo del 68 fue provocada por los cuerpos policiales”

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Michel Onfray expone su punto de vista a 40 años de una revolución cultural

La revolución de mayo 68 no fue espontánea, es un conjunto de eventos que van desde el fin de la segunda guerra mundial
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Cartel conmemorativo del sindicato CGT

“Hay que terminar con la herencia del 68”, pronunció el entonces candidato, Nicolás Sarkozy, el 29 de abril del 2007, en un mitin en París. Intentar enterrar esa época no es anecdótico para Sarkozy. El resultado emanante del 68 fue la ruptura entre un sistema de gobierno patriarcal, asumido por la figura del entonces presidente, Charles de Gaulle.

Jean-Paul Salles: “Lo que me sorprendió fue lo sensato de discutir por parte de la gente
en las calles como en los anfiteatros, la capacidad de escucharse y
debatir en una calma aparente, pero fueron finalmente los cuerpos
policíacos los originarios de la violencia”

La revolución de mayo 68 no fue espontánea, es un conjunto de eventos que van desde el fin de la segunda guerra mundial, los problemas políticos internos, la posición y acción bélica de Francia frente a sus territorios coloniales (Indochina y especialmente la desastrosa guerra contra la independencia de Argelia). De Gaulle mismo ejemplifica la situación de manera “inasequible”. El movimiento obrero vino después en solidaridad con los estudiantes, paralizando a buena parte del país por semanas. Solamente fue un mes, pero el Gobierno del primer ministro de esa época, Georges Pompidou, no encontró otra forma de solución que la de enviar la represión policíaca como respuesta gubernamental.

 Michel Onfray: “Francia es un país que marcha a dos velocidades donde los ricos están
cada vez mejor; el presidente de la república les ha hecho, incluso,
dádivas en oro. Y los pobres que sufren más y más son cada vez más
numerosos”

Posteriormente de Gaulle disuelve la asamblea en su mensaje a la nación del 30 de mayo, convocando a elecciones legislativas para junio; de Gaulle obtiene un triunfo apabullante. Las huelgas terminan y los jóvenes desocupan las universidades. Sin embargo esa lucha brindó una nueva vía de modernización para los jóvenes, dejando en el camino un arcaico dogma patriarcal tanto familiar como político; esto abrió camino a las mujeres también, marcando la década de los 70 como el periodo de la liberalización femenina. Las universidades fueron reestructuradas y los estudiantes aprendieron a manifestar sus ideas sin tapujos.

La recompensa obrera se concretó con los acuerdos de Grenelle (aumentación del salario mínimo, reducción de la jornada laboral, mejoramiento en las jubilaciones, etc.). Es quizá por eso que Sarkozy, como presidente, intenta minimizar la página del 68 en la historia social de los franceses.

 “Lo que me sorprendió fue lo sensato de discutir por parte de la gente en las calles como en los anfiteatros, la capacidad de escucharse y debatir en una calma aparente, pero fueron finalmente los cuerpos policíacos los originarios de la violencia”, comenta Jean-Paul Salles, doctor en historia y profesor en la Universidad de La Rochelle, quien participó en la revuelta estudiantil del 68.

Este ejercicio revolucionario de reflexión individual -y a posteriori colectivo-, se propagó en algunos países europeos, en varias naciones africanas, en los campus universitarios de EE UU y hasta en Japón. Hasta llegar a México y su tétrico octubre del 68, la masacre de Tlatelolco: marcado para siempre por un gobierno brutal (Díaz Ordaz y Echeverría) privilegiando las balas al intento de un diálogo con la juventud mexicana.  “Lo que se le acusa al 68 (en Francia) es de haber exaltado al individuo, el individualismo, en detrimento de lo colectivo de lo social”, dice Salles sobre el descontrol que encontró el poder político hacia la juventud francesa.

Sin embargo, Salles relanza que, “justamente, el 68, es el momento en el que millones de personas se apropiaron e hicieron política sin tener que esperar las elecciones; el Gobierno nos pide, como ciudadanos ordinarios, meter nuestro voto en la urna y basta. El Gobierno se encarga del resto… pero es todo lo contrario, la gente asumió su voluntad política. Sí, a veces desordenadamente, pero se apropió de su voluntad de actuar y decidir”.    Cuarenta años después, Francia vive una considerable crisis de confianza por su avenir.

El gobierno sarkozysta mantiene una ola de reformas económicas y políticas que impactan de manera general a un malestar social. Michel Onfray, filósofo francés, expone un análisis para los lectores de este diario, 40 años después del 68:

 “Francia es un país que marcha a dos velocidades donde los ricos están cada vez mejor; el presidente de la república les ha hecho, incluso, dádivas en oro. Y los pobres que sufren más y más son cada vez más numerosos. El fenómeno es simple y clásico en un régimen liberal, se llama pauperización: menos ricos, pero con mayor riqueza y una mayor cantidad de pobres aún más pobres”, respondió.

Onfray afirma que la juventud actual nada tiene que ver con la generación del 68, “La juventud actual, fabricada por la televisión, los juegos de vídeo e Internet, ya no tiene memoria que se volvió un atributo de las máquinas… Mayo 68 funciona en ellos como la segunda guerra mundial para los del 68: un viejo, muy viejo asunto. Los valores de mayo 68 están muertos para la juventud que piensa consumerismo, ecología moral y la inscripción en una sociedad de consumación”, definió el autor del Tratado de Ateología (Anagrama 2007). Si existe una lucha que hacer por parte de la juventud presente, ella está, continua Onfray, frente al “liberalismo sin fe ni ley, sin contra partida ni contra poder, sin ideal alternativo que domina hoy el planeta”.

La acción está en la resistencia, núcleo dinámico que puede detener el avance de un sistema mundial hyper liberal, rubro del cual Onfray extiende esta invitación; “Resistir de todas sus fuerzas al liberalismo, dicho de otra manera al mercado que hace su ley, al dinero rey, al reafirmar que existen valores alternativos contra esta brutalidad inducida por el capitalismo liberal”, sentencia así el filósofo galo. Mayo del 68 fue una revolución precisa para una época.

La búsqueda de nuevas revoluciones donde participar puede ser un laberinto tormentoso; pero existe, como pista a la respuesta, la distinción hecha por un otro filósofo francés, Gilles Deleuze (1925-1995), donde aclara que no debemos confundir “revolución” con “revolucionario”: la primera casi siempre fracasa, sin embargo esto no impide en lo absoluto a la sociedad, al individuo, de “volverse revolucionario”.

Esta noticia concursa en el I Premio  Periodista Ciudadano en la categoría de: Sociedad y Ciudadanía


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