Lunes 07 de abril de 2014,
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Quebec: sabor francés en Canadá sin romper la convivencia

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Banderas en Quebec

Banderas en Quebec

FOTORREPORTAJE / OPINIÓN / Lo primero que me llamó la atención tras cruzar la frontera que separa EE.UU. de Canadá fue, sorprendentemente, la bandera que ondeaba en aquel bello país

Acostumbrado a ver la bandera blanca y roja con una hoja de arce justo en su centro, en su lugar observé el azul y blanco que me indicaba que acababa de entrar en Quebec. La verdad es que no tuve tiempo de plantearme si aquello se debía a un posible error mío de apreciación o a un accidental olvido de ellos, pues tan pronto traspasé esa línea que divide ambos países, el policía que selló mi pasaporte me dio a entender que aquello podía ser algo normal y que, al parecer, no era motivo para una excesiva controversia en aquel país: “Bon jour, monsieur, bienvenu à Quebéc”, me dijo el agente de aduanas. Sí, acababa de entrar en Canadá, pero al menos aparentemente, no lo parecía. Fue entonces cuando, de alguna forma, mi curiosidad se despertó y quise ahondar en las costumbres y forma de vida de aquellas gentes cuya lengua y cultura no tenían nada que ver con el sentimiento anglosajón. No tardé en percatarme de que la población apenas hablaba el inglés, hasta el punto que tuve que ser yo (que no domino el inglés y sí me defiendo en francés por la época en la que estudié) el que, en nombre del grupo de personas que viajábamos, mantuviese el contacto hablado con sus habitantes.

Quebec, arte al aire libre

Quebec, arte al aire libre

La verdad es que no considero la situación de aquella gente como idónea, pues particularmente soy de los que piensan que cuantas más lenguas se dominen, mucho mejor, pues la cultura nos hace más libres y dialogantes, pero lo que llamó mi atención es que al menos la sociedad canadiense ha aceptado con naturalidad la diferencia cultural de sus territorios para que esto no sirva de pretexto para enfrentar a las comunidades que conviven bajo un mismo territorio unificado, algo que en nuestro Estado, por lo visto, es bastante diferente. ¿Se imaginan a alguien que, tras entrar en Irún o La Junquera (evidentemente cuando existían todavía las fronteras físicas), el agente de aduanas le hubiera hablado en euskera o catalán, respectivamente? ¿O que la bandera que ondeara en el puesto policial hubiese sido la ikurriña o la senyera? Bueno, supongo que las críticas se oirían, aún a día de hoy, hasta en Gibraltar.

No, no considero idónea aquella situación de la población en cuanto a la lengua, pero me parece lamentable que en nuestro Estado unos cuantos intenten sacar un puñado de votos diciendo que, por ejemplo, si hablas castellano en Cataluña no te entienden o, en el mejor de los casos, no te contestan. Bien, les diré que cada vez que he visitado Cataluña jamás he visto tal cosa, y no sólo lo digo yo, sino toda la gente que conozco. Bajo mi punto de vista, es muy lamentable que unos cuantos intenten convencer a la gran mayoría de unos hechos que no existen, tan sólo para ganar crédito electoral.

Particularmente creo que la mayor parte del pueblo catalán está interesado en que coexistan las dos lenguas, pues ya no sólo es una riqueza cultural, sino también económica. Pero lo que indudablemente quieren es que su propia lengua se respete y, además, sea algo que una a todos aquellos que en aquellas tierras conviven y que no se formen guetos en su propio territorio al no integrarse en su cultura. ¿Piensan que sería normal que un francés, inglés o marroquí viviese en Segovia sin querer hablar el castellano? Y si eso no es normal, ¿por qué lo ha de ser que un segoviano, por ejemplo, después de haber decidido vivir en Cataluña, se niegue a aprender el catalán? Así pues, y sin querer herir la sensibilidad de nadie, pienso que… ¿no será que todavía son muchos, quizá de forma inconsciente y sin pretenderlo, los que consideran que, de alguna forma, determinadas zonas del Estado español aún siguen siendo territorios conquistados?

Al menos la sociedad canadiense ha aceptado con naturalidad la diferencia cultural de sus territorios para que esto no sirva de pretexto para enfrentar a las comunidades que conviven bajo un mismo territorio unificado

¡Ah!, y un último apunte, en este caso, para todos aquellos que sí intentan premeditadamente fomentar el rencor entre comunidades y culturas. No hace falta que se vayan a Canadá, simplemente con ir a Amberes, en Bélgica, comprobarán que una de las lenguas oficiales de aquel Estado, el francés, es totalmente una lengua desconocida para la mayor parte de sus habitantes (eso es lo que vi al visitar aquella ciudad), algo que no sucede en ningún lugar de nuestro Estado con respecto al castellano, a pesar de todo el revuelo mediático y manipulador que muchos intentan hacer con este tema. Por desgracia, he visto con mis propios ojos las terribles consecuencias que produce una guerra o un conflicto entre hermanos, por lo que creo que es fundamental no fomentar el rencor y la intransigencia entre comunidades.

Por cierto, si visitan concretamente la ciudad de Quebec, disfruten de la amabilidad de sus gentes y recorran sus encantadores rincones y callejuelas impregnadas, indudablemente, de un más que sugerente ‘sabor francés’ en pleno continente americano.

Víctor J. Maicas es escritor

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Editado por la Redacción: subtítulo y destacado

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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

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