Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Queremos más recortes, queremos más rescates

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OPINIÓN / En tres años la ayuda a los países en desarrollo se ha reducido en más de 2.000 millones de euros

Parece que los temas económicos se sitúan hoy en el ojo del huracán del debate político y también del social, y claro, a los ciudadanos no nos queda otra que aprender. Y así, nos enteramos de qué son los ‘brotes verdes’ y de que se han marchitado, que la crisis va para largo, sufrimos las consecuencia de eso que llaman ‘recortes’ y lo que significa un ‘rescate’, hasta nos resulta ya familiar la prima de un tal ‘riesgo’, que según dicen es prima de todos.

Los recortes económicos terminan materializándose en recortes de derechos: derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación o a la salud

Las medidas que hasta la fecha se han adoptado se reducen, casi en exclusiva, a recortar gastos, pero eso, aún siendo un asunto muy grave, tiene menos importancia que decidir dónde se recorta. Tratar de justificar esta salvaje e indiscriminada reducción del gasto social apoyándose en la situación de crisis es un argumento a todas luces débil y pone de manifiesto la visión simplista, reduccionista y cortoplacista de quienes ostenta la responsabilidad de gestionar lo público.

Considerar la Ayuda Oficial al Desarrollo como un “gasto prescindible” es un claro síntoma de miopía, ya que no se trata de un gasto, sino de una inversión a futuro, una inversión en justicia, en equidad, en dignidad, por lo que siempre resulta rentable cuando el plazo es suficiente. ¿Cómo puede el Presidente Rajoy exigir ahora a la señora Markel que cumpla sus compromisos, cuando usted sistemáticamente incumple los suyos con millones de personas en todo el mundo y únicamente piensa en cumplir el compromiso impuesto por la Unión Europea de reducir el déficit?

En tres años, la ayuda a los países en desarrollo se ha reducido en más de 2.000 millones de euros y ¿qué significa eso? Pues significa tener que recortar en 370.000 el número de escuelas de primaria que se podrían construir; recortar en 140.000 el número de programas de alfabetización para jóvenes que se podrían impartir; recortar en 130.000 los pozos de agua potable y de sistemas de saneamiento; recortar en casi 50.000 los centro de formación para personal sanitario y en 65.000 los programas de formación agrícola, ganadera o de promoción de la mujer. Recortar en más de 70.000 las acciones para la reinserción de niños de la calles o población infantil en riesgo de explotación; reducir en más de 200.000 las adquisiciones de ambulancias, centro de salud móviles o vehículos de utilidad comunitaria; renunciar a 100.000 cooperativas para mujeres, a 40.000 maternidades y a 42.000 talleres de formación profesional; significa reducir en 50.000 los centros para la atención a enfermos de Sida o privar de tratamiento a más de de 10.000.000 de enfermos. Esto es lo que está detrás de la fría cifra de 2.000 millones de euros.

Significa tener que recortar en 370.000 el número de escuelas de primaria que se podrían construir; recortar en 140.000 el número de programas de alfabetización para jóvenes que se podrían impartir; recortar en 130.000 los pozos de agua potable y de sistemas de saneamiento; etc.

Por todo esto queremos más recortes, queremos más rescates. Queremos recortar, queremos rescatar a muchos millones de personas que sufren de forma dramática los efectos de las decisiones de los responsables políticos. Los recortes económicos terminan materializándose en recortes de derechos: derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación o a la salud y no se deben recortar derechos fundamentales, sobre todo a los colectivos más vulnerables. Un rescate es urgente, es importante rescatar valores como la justicia social, la equidad, la solidaridad, es básico rescatar la dignidad, la dignidad de seres humanos, porque si no lo hacemos, ¿qué nos queda?


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