Lunes 05 de diciembre de 2016,
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Quique Sánchez Flores se enreda en los pactos

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El ‘supuesto’ pacto entre Flores y sus jugadores, que supondría apartar al que errase, es autolesivo y no considera el bien del conjunto

Para liderar con éxito cualquier grupo humano se hace imprescindible saber gestionar su disciplina interna, en cualquier de sus manifestaciones: la disciplina de horarios, la disciplina de comportamiento,… todas ellas. Es algo tan básico y tan fundamental, que resulta muy chocante ver lo mal que se maneja esta habilidad en la élite del fútbol español.

Antonio Ruiz, periodista de la Cadena Ser, ha venido contando estos días que existe un pacto entre el entrenador del Atlético de Madrid, Quique Flores, y sus jugadores.

Un pacto por el cual, si un jugador comete un error en la ejecución de ciertas jugadas previamente estudiadas, ese jugador pasa inmediata e inexorablemente al banquillo.

Ese parece haber sido el caso de Domínguez, que tras cometer uno de estos fallos ante el Villareal, fue oportunamente sustituído. El propio Quique lo dejaba muy claro en rueda de prensa: “hay obligaciones y leyes impuestas y cuando no se cumplen se debe ejecutar con lo que está pactado“. Si esto es así, y todo parece apuntar a que es completamente cierto, son varias las conclusiones que se pueden sacar. La primera, que ha habido una negociación (es decir, cada uno ha ido a buscar lo mejor para sí mismo) entre el entrenador y los jugadores, para establecer una serie de castigos (de los premios, de haberlos, no ha trascendido nada) que ayuden a cumplir con una disciplina táctica que todos consideran de la mayor importancia. La segunda, y más importante, que se ha llegado a un pacto enfermizo: un pacto autolesivo.

Habría que preguntarse que hoja de ruta está siguiendo el Atlético de Madrid para apartar del juego a una de sus mejores bazas

La autolesión es un comportamiento patológico muy estudiado por la psicología clínica. Es mucha la bibliografía y la documentación que cualquiera puede consultar en Internet al respecto. Pero no es mi intención hacer aquí, ni siquiera, una pequeña mención del origen y el desarrollo de este desequilibrio. Me parece mucho más urgente utilizar este espacio para señalar esa autolesión.

Si el propio Quique reconocía que Domínguez estaba a un gran nivel y que estaba siendo uno de los jugadores más regulares de la plantilla, habría que preguntarse qué hoja de ruta está siguiendo el Atlético de Madrid para apartar del juego a una de sus mejores bazas. Si Domínguez tiene la importancia que parece tener, resulta autolesivo privarse de su concurso. Sería estúpido que un carpintero se obligara a hacer los muebles con una mano atada a la espalda por no haber entregado, por ejemplo, un pedido a tiempo. Pues algo parecido es lo que están haciendo Quique, sus jugadores y la directiva.

A ninguno de ellos se les ha ocurrido pensar, durante la negociación de este pacto o al tener conocimiento de él, que se están perjudicando a ellos mismos. Si se elige la vía del refuerzo negativo, que ya me parece una elección delicada, y el jugador fallón tiene que ser castigado, no debe establecerse nunca un castigo que dañe a todo el colectivo. Si tiene que haber una lesión, que la sufra sólo el jugador que se equivocó: que pague una cena a toda la plantilla, que haga los baños, o que se vista de lagarterana para los entrenamientos,… Qué se yo, el repertorio de daños es amplísimo. Hasta para castigar conviene tomarse un tiempo.

El mundo del fútbol tiene muy interiorizada esta forma de autolesión. Cada vez que un jugador saca los pies del tiesto, la directiva y el entrenador de turno tiran automáticamente de la misma vara: apartar al jugador del juego. De algo por lo que, además, se le está pagando. Se podrían dar decenas de ejemplos, pero voy a terminar con uno de los más inexplicables.

El mundo del fútbol tiene muy interiorizada esta forma de autolesión (…): apartar al jugador del juego

A comienzos del año 2008, un enfrentamiento entre los dos porteros del Deportivo de la Coruña, Dudú Aouate y Gustavo Munúa, se saldó con ocho puntos de sutura en el rostro del primero. Un conflicto bastante serio que no pudo ser peor gestionado por Augusto César Lendoiro y Miguel Angel Lotina, apartando a los dos jugadores del primer equipo. ¿Alguien se imagina a Adán defendiendo la portería del Real Madrid porque Casillas y Dudek se han peleado? Pupa para el Real Madrid.

Las directivas y los técnicos del fútbol español tienen una asignatura pendiente en la gestión que hacen de su disciplina interna. Hay tantos intereses y tantas emociones en juego, que no parece de recibo reaccionar ante la indisciplina como un sargento chusquero. La testosterona para el terreno de juego: es una hormona que interviene en la acción, no en la reflexión.

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