Martes 25 de marzo de 2014,
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Razones de porqué no solo los vende-votos aman México

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OPINIÓN / Durante dos meses tras los comicios presidenciales las acusaciones de compra de votos por el PRI han circulado en calles y tribunales

VÍDEO / Un vídeo muestra a menores haciendo propaganda del PRI y un adulto reconoce que le ofrecieron dinero por votarles

Razones de por qué no solo los vende-votos aman a México

México. A la República mexicana no solo se le ama por sus virtudes.

En diferentes ocasiones, el ciudadano común y corriente se ha llegado a preguntar: ¿por qué amo mi país, mi ciudad, mi entorno? Y se responde sin dudar y sin pensar un poco más allá: “Lo amo porque aquí nací”. Y ya, es todo. No analiza ni se preocupa en pensar más el porqué. Posteriormente, exhalando un suspiro simplemente dice: “gracias, vida, por haberme permitido nacer aquí”.

Alguien, algún vago sin oficio ni beneficio, preguntó en cierta ocasión: ¿por qué se ama México? A lo que le responden quienes creen saber la respuesta concreta, diciendo sin titubear: “¡Porque es una gran nación!”.

Sí, de México se habla siempre de que es una gran nación, que se ama, entre alguna de muchas razones por la gastronomía, y de ello podríamos nombrar por ejemplo el tradicional mole poblano, aquel que es elaborado con el esfuerzo de la mujer que hincada (arrodillada) frente al metate, muele una a una las siete diferentes especies de chiles (ají), semillas, y demás complementos necesarios. Molienda para la que se requiere una buena dosis de energía física, pero sobre todo amor, que es lo que le da ese toque delicioso de hogar, de México.

A México se le ama a pesar de que el salario mínimo sea de hambre, pero mientras alcance para ir a gastarlo ahí en los estadios, ¿que la familia tiene hambre?, ¡que coma piedras o se meta a la grilla política!

Elaboración de la cual hoy día, solamente en determinadas poblaciones y/o en fechas especiales se llega a observar y disfrutar.

Energía física que en la actualidad y por la ‘modernidad’, la mujer evita a toda costa, al utilizar licuadoras o molinos que restan al alimento ese sabor especial que le dan las manos moledoras de la mujer (abuela, tía, madre, hermana, comerciante) que perla su frente con gruesas gotas de sudor (amor) porque tras durar algunas horas ahí hincada, muele que muele, aún le restan energías para llevar la mezcla a la cazuela de barro en donde se ha de guisar y para preparar el clásico pollo y la sopa de arroz rojo, compañeros infaltables del platillo que disfrutan por igual extranjeros y residentes.

Si lo anterior escrito pareció agradable, bueno, entonces digamos que a México también se le ama por su fútbol. Como dijera Ripley, ‘aunque usted no lo crea’, porque hay gente que embelesada, sigue una a una y con marcado interés las jornadas futboleras, aún cuando sean solo 34 jornadas las que se juegan en el año, sí, ¡solo esas se jugaban y en dos torneos! hasta esta ‘naciente’ temporada en la que ya se reimplantó el torneo de copa. Ah, pero la selección nacional que dignamente presenta uniformes con la leyenda ‘Mexico’ sin la tilde en la letra ‘e’, ahora es digno campeón olímpico. Y eso, ya es otro motivo más para amarle.

34 jornadas equivalen a 34 semanas del año calendario, en el caso de los rarísimos jugadores que juegan toda la temporada, se equivale a jugar un fin de semana durante ocho meses en promedio y, ¿cómo no amar el fútbol? ¿Sabe usted cuanto gana un jugador y cuanto se paga en un estadio por entrar a ver un partido oficial? Bueno, es lo de menos, porque a México se le ama a pesar de que el salario mínimo sea de hambre, pero mientras alcance para ir a gastarlo ahí en los estadios, ¿que la familia tiene hambre?, ¡que coma piedras o se meta a la grilla política!, ahí sí que ganaría bien para olvidarse de nimiedades. ¿Hambre? ¿Quién dice que un político pasa hambre?

Y ya ‘entrados en honduras’, dijo el minero, la siguiente razón por la que a México se le ama es porque ¡no pasa nada! Y tan sucede, que viven un régimen de esclavitud disfrazado de democracia, que no son capaces de darse cuenta de que la padecen, o sea, son viles esclavos y ¡no pasa nada!

¿Dije esclavos? Sí, esclavos a los que no se les fustiga con un látigo ni se les encadena en grupos para que desarrollen una labor como –según nos pintan- se acostumbraba en los tiempos pasados. No, a los esclavos modernos de ahora, solo basta lavarles el cerebrito ese que dicen que tienen y ya, porque desde niños, los adultos en casa les dicen una y otra y otra vez: “Aquí se vota por el PRI y no hay lugar para otro partidito mugroso”, o, “El cura (sacerdote) fulano de tal, del templo de quien sabe donde, es el mejor de todos los que existan ¿entiendes?”. Y esa persona aunque nunca se haya interesado en saber quien realmente es el PRI o sus inicios o sus candidatos, o sus desgracias, vota por él, se desgarra el pecho diciendo que es el bueno.

Esa persona aunque al mentado cura ni lo conozca más que de oídas, porque se lo platicó o achacó Pedro o Petra, lo respeta y le rinde halagos que muy posiblemente ni se merezca.

Entonces, la persona es democráticamente esclava de viejas raíces y creencias que hoy por hoy en varias regiones aún perduran mientras que en otras las personas jóvenes ya no son tan fácilmente manipulables pero sí distraíbles, una distracción basta para regresar al redil de la esclavitud.

El disfraz democrático dicho llama la atención, ¿por qué?, por las antiguas y actual situaciones que privan en el país. Actualidades dadas porque la mayoría de ciudadanos ignora –entre otras muchas cosas- aquello que, por ejemplo, Mahatma Gandhi llegó a escribir dentro de su texto titulado ‘El arte de la no violencia’ y el cual dice: “El verdadero demócrata es aquel que valiéndose de medios exclusivamente no violentos defiende su libertad y, por lo tanto, la de su patria y, en última instancia, la del género humano.

La democracia disciplinada y lúcida es lo mejor del mundo. Una democracia llena de prejuicios, ignorante y supersticiosa se debatirá en el caos y hasta es posible que llegue a destruirse a sí misma”.

Y es entonces que vemos a todos esos profesores que debiendo estar dentro de las aulas de clase, educando a los que son el futuro del país, prefieren andar en manifestaciones, bloqueos de calles y oficinas, exigiendo que no se les examine su ignorancia, se les incremente el salario el 200%, se les incrementen las vacaciones y algunas otras cosas más. Situación que hacen año con año y a partir del mes de enero o febrero, y ni quien diga nada, porque no se quiere una nación educada sino ‘democráticamente esclava’.

No es democracia que en un país existan solo dos empresas televisoras y se digan competidoras, cuando marcadamente se ve a través de sus pantallas la desinformación pública y el atropello a los más mínimos derechos ciudadanos. Ah, pero sirven para exaltar los valores de cada mexicano que ama su país por las telenovelas, por los shows vulgares y corrientes como el de la Peruana Laura Bozo o que de antemano se conozca como se televisarán las ‘grandes’ finales del fútbol –uno para ti, uno para mí-.

Muchos viven un régimen de esclavitud disfrazado de democracia, y no son capaces de darse cuenta de que la padecen, o sea, son viles esclavos y ¡no pasa nada!

Un párrafo más de lo escrito por Gandhi sería: “Es una mala costumbre afirmar que los pensamientos ajenos son malos, que sólo los nuestros son buenos y que quienes sostienen puntos de vista distintos de los nuestros son enemigos de la patria”.

Pensando en todo aquel esclavo ignorante que dice amar a México y que durante su vida o que hace más de cinco años se ha dejado engañar por el bipolio televisivo y a final de cuentas vendió ruin y cobardemente su voto en míseros quinientos o seiscientos pesos mexicanos, y si no lo vendió, como ignorante, eligió seguir las tradiciones familiares y votó por el opresor partido de siempre, es que se hacen las preguntas: ¿y la libertad de expresión en donde queda? ¿Quién origina la represión informativa? ¿Así se ama a México?

Esclavos que por amor a su país recibieron lo que momentáneamente les solucionaría algún problema y no analizaron que además de perjudicarse ellos, también perjudicaban a quienes votaron razonada y democráticamente. Porque eso recibido se les podría convertir (convertirá) en mayores obligaciones fiscales (aumento de impuestos), en alzas a la canasta básica, en mayor abandono del campo, en opresión a medios de información, en mayor enriquecimiento de unos cuantos y pobreza para ellos mismos y que es, lo que quienes meditaron no querían. Porque quienes compran el voto es lo único que realmente saben hacer y lo hacen sin miramientos ni lástimas.

Se ama al país porque se prefiere leer información mal cimentada que hacer caso a evidencias palpables. Como ejemplo, información publicada por un medio no nacional y uno local contra evidencia obtenida en vídeo:

El 15 de julio del año en curso, el periódico El País presentó una editorial titulada: ‘Obrador es un lastre‘. Editorial que más parece estar escrito por algún editorialista de periódico mexicano dependiente de televisa que de algún español que se digne decirse profesional. Dicho, porque sin mucho profundizar en el escrito, en uno de sus párrafos textualiza: “Para los correligionarios de López Obrador parece llegado el momento de preguntarse si les conviene como líder un hombre dos veces derrotado”.

Quien ama a México sin ser politólogo, seguidor de algún partido político o fan del personaje en cuestión, le aclararía a la mencionada publicación que no eran dos las ocasiones en las que se le ha derrotado, sino solo una y esa una fue a través de un fraude del cual existen cientos o miles de evidencias, evidencias que el amado Instituto Federal Electoral no quiso ver ni aclarar.

No es democracia que en un país existan solo dos empresas televisoras y se digan competidoras, cuando marcadamente se ve la desinformación pública y el atropello a los más mínimos derechos ciudadanos

Que la segunda -la que al igual que las bipolicas empresas de televisión mexicanas, ya daban por hecho- aún se encuentraba en litigio. Detalles pequeños omitidos por ellos y de lo que habría que entender que, ‘nada se acaba hasta que se acaba’, como dijo el ranchero.

Ahora, la comparación del texto antes señalado con el que aquí se muestra, e indica, el motivo por el cual se señala la comparación del editorialista mexicano y no precisamente dependiente de alguna de las empresas televisivas: ‘No hay borracho que…’.

Cada cual con su estilo -aquel y este-, pero ambos defendiendo lo indefendible ante lo que es evidente, la violación plena a la Constitución Política Mexicana y al Derecho Ciudadano y ¡no pasa nada!

¿Que el PRI se aprovecha de la ‘democrática’ ignorancia de la gente y para decirse ganador recurrió a la compra del voto? Bueno, entonces amar a México es también eso, ser compra y vende-votos.

En esta sección, en la que se muestra la evidencia obtenida, no se recurre a información de otros o mal intencionada, aquí se presenta evidencia ciudadana obtenida e inédita y en donde a pesar de que se digan las ya reiteradas excusas baratas conocidas de ‘No se recurrió a la compra del voto’, ‘el ciudadano votó libremente’, etc. Está el testimonio en vídeo de niños, jovencitos haciendo propaganda partidista. Y a ellos no los llamamos ‘halcones’ o ‘promotores’, no, porque no existieron, ¿verdad?

También se muestra a reclutadores haciendo acarreo el día de la elección y ancianos que se tienen que mantener con 800 pesos bimestrales otorgado por el programa gubernamental llamado ‘Oportunidades’ pero, como se dijo, a la evidencia real no se le hace caso, es tomada como simple habladuría de la gente, porque la probada ‘honestidad’ de los políticos es a prueba de balas (de salva), está blindada.

Todo lo malo, sí, todo, incluidos los más de 60.000 muertos en este sexenio, las mujeres violadas en Atenco, los asesinados de Chiapas, el ignorar a los indígenas, los feminicidios internacionalmente conocidos de Ciudad Juárez, Chihuahua, todos los periodistas y comunicadores desaparecidos y muertos, todo eso y algunas cosas más que obviamente se quedan en el tintero, lo ha ocasionado López Obrador hace más de 90 años ‘con sus tendencias al victimismo’. ¡Pobre PRI!

¿Por qué se ama a México? Porque se es esclavo, diciéndose ciudadano demócrata, porque como presidente de la República, concluido el periodo presidencial, se buscará mantenerse a salvo viviendo fuera del país, pretextando la inseguridad en la que actualmente se vive y después de que desde la presidencia misma se inició la famosa guerrita contra el narco.

¿Contradictorio? ¿Quieren otra razón? Disfruten del vídeo, y porque buena falta hace: ¡Dios salve América!

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Finalmente, el Tribunal Electoral del México ha declarado presidente a Peña Nieto, rechazando todas las impugnaciones.

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