Jueves 24 de abril de 2014,
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Re-humanos. “Aburrido de la violencia le dije a mi familia que teníamos que trasladarnos a una tierra segura y con futuro”

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En San Lorenzo de Pailón, Ecuador, encuentran su hogar muchos refugiados colombianos

Doña Enma y sus cuatro hijos, Lucía y John Jairo, los Ramírez y Ermes con su mujer y sus ocho hijos, nos cuentan su experiencia

[span class=doc]Este artículo forma parte de una serie. Al final del mismo encontrarás los enlaces a las partes anteriores[/span]

San Lorenzo de Pailón

En la frontera norte con Colombia, en la provincia ecuatoriana de Esmeraldas, existe un cantón con nombre de santo que en el pasado también hacía parte de la provincia serrana de Imbabura del Ecuador. Su nombre es San Lorenzo de Pailón y los historiadores dicen que no saben con exactitud quiénes fueron sus primeros habitantes, pero reconocen que la mayoría de ellos eran de origen colombiano y se dedicaban a la pesca, a la caza y a la agricultura.

Fue fundado por el científico ecuatoriano Pedro Vicente Maldonado entre 1735 y 1739. Posteriormente, el Barón de Carondelet y el sabio José Caldas realizaron un estudio en la mitad del siglo XIX para trazar un camino que comunicase a los pueblos norteños de Esmeraldas con la sierra ecuatoriana y para darle a esa región una salida al mar. En el año 1861, por la ley de división territorial del Ecuador, Esmeraldas se convierte en provincia con un solo cantón, San Lorenzo. Pero esta misma derogación, incorpora a este cantón a la provincia de Imbabura.

Años más tarde, la administración de San Lorenzo fue difícil para la provincia de la sierra ecuatoriana (Imbabura) por la falta de vías de comunicación, por lo que el Congreso Nacional de Ecuador definitivamente decidió devolver al cantón a la provincia de Esmeraldas.

En San Lorenzo de Pailón el ACNUR ha mejorado la infraestructura en tres ecuelas y ha construido la Casa de la Juventud, con la ayuda de los jóvenes del cantón

En el año 1869 una compañía inglesa llamada Ecuador Land, se benefició del cantón esmeraldeño. Tanto fue el poder de los empresarios británicos en esa época que llegaron a tener su propia moneda, llamada el Pailón, y una especie de independencia de las leyes ecuatorianas, Este período duró cerca de 70 años. Solo en 1939 el cantón fronterizo regresó a pertenecer a la República del Ecuador.

Cerca de la década de los años sesenta, en el siglo XX, es construida la vía de ferrocarril Ibarra-San Lorenzo, como también el puerto del mismo cantón, como zona franca para facilitar el intercambio comercial con Brasil. Esas dos vías de comunicación ayudaron mucho al desarrollo del cantón esmeraldeño.

Las exportaciones de tagua, de caucho, de madera, de rolliza, de cáscara de mango, de azúcar negra, ayudaron a la economía de la región fronteriza norteña.

El 22 de marzo de 1978 a través del decreto supremo del Gobierno ecuatoriano se produce la canonización de San Lorenzo de Pailón.

San Refugio

El cantón ecuatoriano de San Lorenzo contiene 12 parroquias rurales: Ancón de Sardinas, San Javier, Tululbí, Mataje, Tambillo, Calderón, San Rita, Urbina, Alto Tambo, Cinco de Junio, Concepción y Carondelet. En la actualidad cuenta con aproximadamente 42.000 habitantes, población que se ve incrementada año a año por el proceso migratorio fronterizo con Colombia.

Según el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), en San Lorenzo y el Eloy Alfaro han realizado un mejoramiento de infraestructura básica en tres escuelas de los dos cantones.

San Lorenzo de Pailón

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El organismo internacional también realizó en San Lorenzo de Pailón la construcción de la Casa de la Juventud, que fue realizada por jóvenes del cantón y muchachos colombianos, a través de mingas de recolección de botellas plásticas, donde los adolescentes recogieron cerca de 20.000 envases.

El centro de juventud está terminado y las botellas plásticas sirvieron como ladrillos para su edificación. En esta casa se realizarán eventos de teatro, juegos, espacios de lectura y conciertos musicales.

Además, en el Barrio Luis Cevallos del cantón se instalarán tuberías para el tendido de agua. Como también se realizará un sistema de captación de agua en la comunidad de El Gadual, en San Lorenzo, donde viven 55 familias.

En el campo de la salud se formarán promotores comunitarios en 12 comunidades de frontera en el cantón San Lorenzo y se dotarán de implementos médicos.

Lavando recuerdos y secando heridas

Doña Enma tuvo que emigrar con sus cuatro hijos. En Colombia, su otro hijo, de 17 años, fue asesinado por la guerrilla. Hoy en día todavía desconoce el motivo del crimen

En el barrio Nueve de Octubre de la ciudad de San Lorenzo vive Doña Emma con sus cuatro hijos. Ellos son de la región colombiana del Colorado. Hace dos años tuvieron que emigrar al Ecuador por causa de la violencia de la guerrilla y los paramilitares. Un hijo de Emma, de 17 años, fue asesinado por las fuerzas rebeldes y hasta el día de hoy ella no sabe absolutamente nada y desconoce el motivo del crimen.

La hermana de Emma fue la que les aconsejó que emigraran para San Lorenzo, para que consiguieran un refugio. Su casita es de madera, pero más parece un cuartito. En la vivienda de Emma existen tres camas para sus hijos y ella. Además, se encuentra en ese mismo espacio su cocina y los alimentos para la sobrevivencia de su familia. El arriendo es de 20 dólares mensuales.

“Es muy estrecho aquí, aquí mismo lavamos, aquí mismo comemos, aquí mismo dormimos. Pero por lo menos tenemos algo”, dice Emma medio cortada la voz.

Emma mantiene a su familia lavando ropa. Por una lavada de bandeja de ropa cobra siete dólares. Pero además siempre trata de conseguir otros empleos. Sus dos últimos hijos todavía se encuentran estudiando.

Su hija Gladys tiene una enfermedad llamada vitíligo, que afecta a la piel. En la actualidad la joven colombiana se encuentra recuperándose del mal que padece. Ella se siente feliz en su nuevo país, porque el miedo y el susto solamente se encuentran allá en su patria.

Por otro lado, Gladys también afirma que en el Ecuador sí existen algunas personas que ven con malos ojos a los ciudadanos colombianos que vienen huyendo de su país por causa de la violencia.

La joven se estremece cuando vuelve a recordar el asesinato que sufrió su hermano en su lugar natal por parte de los guerrilleros. Sus ojos se vuelven húmedos y el llanto no es sólo de nostalgia, sino también de injusticia, su hermanito era su mejor amigo y no era un criminal. Tal vez el único pecado de él era ser joven.

Una mercader de fe

Hace tres años que Lucía y John Jairo viven en San Lorenzo de Pailón, en el barrio Bellavista. La pareja vive en una casa de cemento conjuntamente con otras dos familias.

En el departamento colombiano de Tumaco, John Jairo era mototaxista y un buen día un grupo delictivo le encargó un recado que era muy sospechoso, claro que él no sabía que era una banda organizada, según contó su mujer. Cuando llegó al destino del encargo, hubo gente del otro bando que dudó de la procedencia de John Jairo.

“¡Ahí fue!”, nos dice Lucía con voz de miedo, que comenzaron las amenazas para su marido. Mientras tanto, ella tenía un negocio de licorería donde también comenzó a darse cuenta de que la situación estaba muy tensa.

Entonces era inevitable la salida de su país, la situación estaba incontrolable. El primero en llegar a tierras ecuatorianas fue John Jairo, luego le siguió Lucía. Su esposo se dedicó a trabajar en la palma, donde trabaja actualmente.

Fue muy duro para los dos. Al principio tuvieron que dejar a sus hijos y su casa para comenzar una nueva vida en un nuevo país. “Cuando llegué al Ecuador había dejado a mi familia, mi negocio y mi casa, pero gracias a Dios encontré un trabajo en la cocina de la finca de Palma, donde trabaja mi esposo”, cuenta Lucía.

Tres meses estuvo trabajando en la cocina, pero Lucía siempre tuvo alma de negociante y en ese transcurso de tiempo también comenzó a vender arroz de leche por las calles de San Lorenzo, junto con una amiga suya.

“El ACNUR (Alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) fue fundamental para comenzar a financiar mis negocios”, comenta la doña colombiana.

Además del ACNUR también la organización HIAS (organización Hebrea de ayuda a inmigrantes y refugiados) le ayudó a conseguir abrir una cuenta de ahorros por la vía del microcrédito, pues le prestó 300 dólares para colocar una pequeña tiendita de barrio en su domicilio.

El local ya tiene una refrigeradora para las primeras bebidas de Lucía y John Jairo. La señora colombiana tiene aproximadamente 50 años y se encuentra feliz en su nueva patria. Ahora se han convertido en cristianos evangélicos y eso también les ha ayudado mucho para su nueva vida en su nuevo país.

Sus hijos piensan visitarles cuando tengan vacaciones en sus universidades y en sus trabajos.

La tienda de Lucía

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El Encanto

Entre la carretera de la ciudad Esmeraldas y San Lorenzo de Pailón, a una media hora del cantón esmeraldeño, se encuentra un pequeño recinto que lucha por ser parroquia. El Encanto es una población de trabajadores de palma.

En el pequeño recinto vive la familia refugiada Ramírez: Óscar, Norma y sus cuatro hijos. El señor Ramírez tuvo que viajar para el Ecuador antes que su esposa y su familia. Primero tuvieron que emigrar de la región colombiana del Putumayo por causa de la guerrilla y de los paramilitares hacia Tumaco, donde permanecieron seis años tranquilos.

Pero, lamentablemente, el conflicto también llegó a su nueva región. Entonces, Óscar tomó la decisión de ir a trabajar para Ecuador, porque le contaron sus amigos que existían muchas fuentes de trabajo. La salida de su país para la familia Ramírez fue por decisión de ellos, nunca recibieron una amenaza, pero la violencia del conflicto les asustaba.

Una vez me tocó dormir en botas y sentada con el miedo de tal vez no ver el día

“Aburrido de la violencia le dije a mi familia que teníamos que trasladarnos a una tierra segura y con futuro”, dice Óscar con voz fuerte y tenue.

Cuando llegó a su nueva patria tuvo la suerte de comprarse un terrenito barato, el lote le valió 50 dólares, para realizar su casa antes de que llegase su familia de Colombia. El recinto El Encanto se transformó para los Ramírez en un lugar de esperanza para un nuevo futuro.

Óscar siguió trabajando duro en la palma y compro más lotes y su recinto comenzó a crecer cada vez más. La casa de los Ramírez es mitad de cemento y la otra mitad de madera. Tiene dos pisos y en la actualidad también su hogar es un restaurante para los compañeros de trabajo de la palma de Óscar. Su mujer es la chef del pequeño comedor.

Norma fue la última en emigrar de la familia. Cuando llegó al Ecuador tuvo que trabajar de empleada doméstica. Al principio trabajó desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche cada día.

La mujer colombiana extraña mucho a su madre, pero lo que vivió en Colombia no quiere volverlo a vivir jamás. “Una vez me tocó dormir en botas y sentada con el miedo de tal vez no ver el día”, comenta Norma, y sus palabras comienzan a quebrarse.

Los Ramírez siempre tuvieron capacidad de liderazgo. Ahora están luchando para que el sector de El Encanto, que tiene aproximadamente 39 casas, entre colombianos y ecuatorianos, se convierta en parroquia.

Inclusive son los representantes de los padres de la pequeña escuelita del recinto. Ellos convencieron a los padres de familia de reformar la pequeña institución de la comunidad, ya que se encontraban en malas condiciones.

Según Óscar y doña Norma, ellos han sido los que han unido al sector con la visión de tener un buen convivir y que en verdad el lugar sea un ‘Encanto’ para vivir y no solamente sea de nombre.

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Pampanal ‘Tierra de Potros’

El Puerto de San Lorenzo

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Del puerto de San Lorenzo a media hora de lancha y en un trayecto lleno de agua de mar y rodeado de un manglar esplendoroso y maravilloso se encuentra un archipiélago pequeño llamado Pampanal.

En el Pampanal viven unas 50 familias en condiciones de vida muy precarias. Ermes, pescados colombiano, tuvo que emigrar con su mujer y sus ocho hijos

Su nombre viene de un pez llamado pámpano. Es un lugar de pescadores. En Pampanal existen alrededor de 50 familias que viven en medio del barro y en condiciones higiénicas muy precarias. Algunas organizaciones, como ACNUR, han implementado 280 sistemas familiares de recolección de agua de lluvia.

Todas las viviendas son de caña, en el barro parece que las jaibas y pequeños cangrejos le ponen un poco de color a la tierra lodosa. Los pampanaleses tienen dos iglesias, una católica y otra evangelista protestante. La mayoría de sus pobladores son pescadores y concheros (personas que se encargan de la recolección de conchas en el manglar) y están mezclados entre ecuatorianos y colombianos fugados por el conflicto.

El Pampanal

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Ermes, pescador colombiano de la región de Tumaco, por causa del conflicto de ese país tuvo que emigrar con sus ochos hijos y su mujer hace dos años, porque un bando armado le quitó su red y su ‘potro’ (palabra que designan a las lanchas en esa región de Colombia). Entonces aprovechó que su suegra estaba en el Ecuador y tomó la decisión de irse.

Su casa es de madera, una tabla es ayudada por su ‘potro viejo’ para poder subir y bajar de la vivienda. Tiene algunas hamacas y una pequeña cocina. Ermes ya trabajó de conchero, pero su don es la pesca. A su hijo mayor lo mandó a realizar el trabajo de la recolección de conchas.

La comunidad de Pampanal lo recibió muy bien, claro que al principio, como a todo extranjero, le costó hacer amigos en su nuevo lugar. “Para mí fue lo mejor salir de mi tierra. Allá me querían matar y se llevaron a mi potro”, dice con voz entrecortada Ermes.

A las diez de la noche de un jueves tuvo que salir por el mar con la ayuda de un amigo. En cuánto sus hijos y su mujer, esperaron y salieron por vía terrestre hacía el Ecuador.

Por suerte, sus hijos se encuentran estudiando y los dos mayores, a más de estudiar, trabajan. También dos de sus hijitos están en Quito con otros familiares que les ayudan con la creación y la manutención por la difícil situación actual que atraviesan Ermes y su mujer.

La madre y el padre del pescador colombiano desean ir para el Ecuador, porque están sufriendo chantajes de grupos armados sobre sus bienes materiales. Según Ermes, toda su familia es de pescadores, y lo único que saben hacer en su vida es el oficio de pescar, pero en Colombia es difícil por la situación de extorsión que viven allí debido al conflicto.

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Para el pescador, Ecuador ha sido un templo de paz, pero lo único que le reclama a su nuevo lugar es la posibilidad de trabajar. Ermes tiene la mirada fija en su ‘potro viejo’ (lancha vieja), como la mirada de un niño de nostalgia por un dulce, su sueño es tener una nueva embarcación para por lo menos poder darles de comer a todos sus hijos. El pescador nunca se puede ir del mar, porque su vida es el mar.

Los seres humanos a través de su trayectoria de supervivencia en el planeta siempre buscaron refugiarse de los fenómenos naturales  y de los problemas externos  que podría tener la sociedad o comunidad  donde vivían. Por eso, que los refugios se convirtieron en una necesidad biológica y parte esencial de los seres humanos. Por esa razón, el nombre de refugiados debería ser cambiado por el de RE-HUMANOS

Fotografías: Andrés Lasso


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