Sábado 03 de diciembre de 2016,
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Realidades kafkianas y cobardes

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OPINIÓN / El corporativismo en la administración pública da lugar, en esta ocasión, al acoso escolar e institucional hacia una familia extermeña para ocultar las propias irregularidades

Resulta muy doloroso, especialmente para un padre, comprobar cómo sistemáticamente marginan, vejan, discriminan, excluyen y hacen enfermar a una hija. Más aún, si cabe, cuando ésta tiene una serie de características que la hace ser más propensa a hostigamientos y malos tratos, dada su falta de herramientas para saberse defender adecuadamente.

Resulta increíble que quienes deberían apoyar y lograr la equiparación para que niños como mi hija tengan las mismas oportunidades y respeto debido, nieguen, banalicen y escondan estas realidades

Resulta increíble que quienes deberían izar, apoyar y lograr la equiparación en todos los sentidos para que niños como mi hija, tengan las mismas oportunidades y respeto debido, nieguen, banalicen y escondan estas realidades, a costa incluso de intentar mediante campañas publicitarias dar la imagen de concienciación y lucha contra maltratos varios, especialmente el referido al mediático y a veces explotado de violencia de género, pero curiosamente escondiendo las raíces y origen de estos graves males sociales.

Resulta muy peligroso ningunear estos aspectos nucleares, como si esa etapa crucial de aprendizajes, formación y enraizamiento de la personalidad y carácter que ineludiblemente se va formando, resultara vano o terciario en etapas básicas y cruciales de estos infantes. Más si cabe cuando no se analiza, se descarta e incluso se tapa la génesis de actuaciones de ciertos y pueriles hostigadores que, sin duda alguna refrendan con sus actitudes hostiles hacia compañeros lo que, quizás, mamen en familia; en este caso trasladando sus posibles malas vivencias personales hacia el exterior, hacia compañeros, normalmente elegidos por ser considerados débiles, atípicos o incómodos, proyectando en cierta forma la visión personal, autoconcepto y baja autoestima que tienen estas posibles víctimas, reconvertidas a su vez en aprendices maltratadores de sí mismos y terceros, volcando incluso su frustración hacia sí mismos en la persona de la víctima elegida. Especie de proceso involutivo, donde la víctima del seno familiar se convierte en el hostigador hacia víctimas externas al mismo.

Resulta demoledor comprobar cómo a menudo es el propio Estado a través de determinadas instituciones y su complicidad brutal en forma de unidad cerrada y corporativista exacerbada, quien llega a convertirse sin duda alguna en el mayor maltratador en potencia.

Resulta kafkiano y cobarde defenderse de actitudes soeces institucionales, a menudo disfrazadas de defensa a la comunidad para perseguir, acosar y derribar a quien, en su legítimo derecho y deber hacia sus vástagos, denuncia dañinos vicios enquistados en el sacrosanto monoteísmo de ‘Papá Estado’ (extremeño, en este caso), sin tener la dignidad de realizar una autocrítica y examen de conciencia social para delimitar, depurar y ser servidor eficaz de la ciudadanía; esa que a menudo, por esas patologías institucionales enquistadas, se ha vuelto agnóstica y altamente decepcionada.

Resulta kafkiano y tremendamente cobarde esconder tanta basura propia a costa de hundir a toda una familia

Resulta, repito, kafkiano y tremendamente cobarde esconder tanta basura propia a costa de hundir a toda una familia, y es que el fin de mostrar una virtual imagen limpia, íntegra y solvente justifica la demolición física y psicológica de cualquier ‘burdo y vulgar’ núcleo familiar, incluidos infantes, a cualquier precio y con cualquier arma, ya sean a través de bulos, rumorologías, falsos informes, inventados hechos, etiquetas desacreditativas múltiples, incluidas patologías psiquiátricas y toda una colección de argucias vendetteras y barriobajeras.


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