Martes 01 de abril de 2014,
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Realismo y espiritualidad de la mano del ‘Nazarín’ de Pérez Galdós y Buñuel

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CRÍTICA / Es una de las mejores películas mexicanas de todos los tiempos

Fanatismo, fe, superstición y religiosidad popular se entremezclan de manera audaz en uno de los grandes clásicos de la cinematografía mexicana; desde 1959, y hasta nuestros días, el largometraje ‘Nazarín’, inspirado en la novela realista -del mismo nombre- concebida por el escritor, dramaturgo y político español, Benito Pérez Galdós (1843-1920), y dirigida por su compatriota, el laureado cineasta, Luis Buñuel (1900-1983), es sin duda considerado un referente de la expresión artístico-cultural cristiana contemporánea.

Relata las vivencias de un sacerdote católico nada convencional que desafía las costumbres y tradiciones sociales

Catalogada como una de las “100 mejores películas del cine mexicano” de todos los tiempos, ‘Nazarín’ relata las vivencias de un sacerdote católico nada convencional: don Nazario Zaharín (rol interpretado por el actor español Francisco Rabal), el cual en estricto apego a la ‘fe cristiana’ – como solamente él la entiende- desafía las costumbres y tradiciones sociales y contrarresta las creencias populares carentes de base científica y/o bíblica; todo ello con el propósito de ayudar a otros a encontrar ’El Camino’ y en la búsqueda de una experiencia espiritual más íntima con Dios.

Esta “(…) imagen de la vida (…)” -a decir de Pérez Galdós- llevada a la gran pantalla por Buñuel durante la época de su exilio en México (1946-1964), nos resulta acaso bastante fiel al criterio realista desarrollado por el novelista oriundo de Las Palmas de Gran Canaria; alcanza, a nuestro modo de ver, aquella perspectiva de “(…) balanza igual entre la exactitud y la belleza de la reproducción (…)” acerca de la cual hablara éste mismo.

Sin pretender menoscabar en su conjunto esta galardonada producción cinematográfica (obtuvo el Premio Internacional en el Festival de Cannes en 1959), nos hubiera gustado apreciar la actuación de personajes cuya caracterización fuese tan verosímil como la lograda por Pérez Galdós en el texto literario. No obstante, vimos compensado este aspecto por una notable fluidez en los diálogos y vibrantes escenas dramáticas, muy al estilo de Buñuel.

Acostumbrado en el seno familiar al trato con miembros de la milicia, y un tanto más con representantes del ámbito clerical, el escritor canario dio vida a un personaje principal que influía en los seres con los cuales interactuaba “(…) exhortándolos a no creer más que en la ciencia, y en Dios por encima de todas las cosas (…)”. Para el director de cine natural de Calanda, lo medular en la conducta del ‘padre Nazario’ pareció ser el exponer una cierta actitud inclinada al ‘masoquismo’. En la película el religioso es presentado como un ser que sufre por el placer que le produce ser agredido y humillado.

La historia original imaginada por Galdós se desarrollaba en Madrid, mientras que la película de Buñuel se ambienta en el México de la primera década del siglo XX

Teniendo en cuenta que la historia original tiene lugar en Madrid, evidencia Buñuel gran talento al lograr ambientar la trama de ‘Nazarín’ en México, a comienzos de uno de los últimos períodos presidenciales del general Porfirio Díaz, hacia la primera década del siglo XX.

Las caracterizaciones de las dos mujeres que -de acuerdo a la narración- acompañan al ascético cura en sus aventuras: la prostituta Andara (Rita Macedo) y la feligresa Beatriz (Marga López), tampoco nos resultaron muy convincentes en el filme con respecto a sus descripciones en la obra literaria.

Al cierre del largometraje, puede apreciarse al Nazarín de Buñuel sumido en el desánimo como consecuencia de los padecimientos experimentados; el sacerdote de la novela de Pérez Galdós, en cambio, refleja la actitud de un fiel servidor de Jesucristo, resignado a pesar de las desgracias sufridas y que no claudica en sus propósitos espirituales.

Algo de razón tiene el también escritor español, Francisco José Morán, cuando plantea en su biografía sobre El Greco que “(…) entre esa zona equívoca de la locura podemos clasificar a los santos y grandes creadores, que siempre se les juzga como inquietos, extravagantes o dementes (…)”. Pueda que tanto el Nazarín de Pérez Galdós como el de Buñuel sean reflejo de esa incomprendida condición.


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