Jueves 17 de agosto de 2017,
Bottup.com

Rebelión en la granja mundial

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)

El libro de George Orwell premite hacer un símil con la actual gripe porcina que se está extendiendo por el mundo

Opinión

Image
Niños mejicanos juegan mientras portan las mascarillas contra la gripe porcina
Swift recomendaría comernos a quienes ya fallecieron por haber contraido el virus

Cuando Orwell escribió en 1943 la novela donde fabulaba a lo Esopo
el totalitarismo de corte estalinista posiblemente nunca sospechó, ni
siquiera por haber dado vida a su profética 1984, que el
Siglo XXI y su culto desmesurado por el progreso reditaría la alegoría
de la “Granja Animal”.

O lo que es lo mismo, una amenaza epidemiológica donde la
emblemática “Batalla del Establo de las Vacas” sería reducida en su
versión posmoderna a las así llamadas “vacas locas” inglesas de finales
del s. XX y el liderazgo del Viejo Mayor, el pendenciero Napoleón y
el vilipendiado Snowball.

Los tres cerdos con que el autor de ‘Homenaje a Cataluña’
diera voz y rostro a los tres hombres más influyentes de la revolución
rusa, en una extraña similitud de cepa de influenza porcina ha provocado que se mantenga el estado
de alerta en México, Estados Unidos y, por ahora,
Centroamérica.


Desde las cocinas de los abandonados restaurantes y fondas hasta los cines, teatros y museos que han tenido que cancelar sus
actividades se preguntan:
¿qué hacer?

Swift quizás recomendaría comernos a quienes ya fallecieron
por haber contraído la H1N1 o, por lo menos, como ya se lee en Facebook, mucha carne de cerdo para ir creando “antipuercos”.

Saramago
tal vez ensueñe un estado literario de sitio, para que las
intermitencias de este nuevo ensayo no alcancen a otras regiones.

García Márquez sugeriría, a lo mejor, dejar atados en mitad del patio a
la descendencia de Úrsula y José Arcadio con todo y su cola de marrano
en estos días de amor en tiempos de transgénicos.

Y Marx sólo
alcanzaría a prologar que un fantasma recorre el mundo: el fantasma del
proletariado retrógrada que murió de cáncer por comer lo que vende
Monsanto, mientras el dueño de la transnacional se despacha, él sí, con
frutas y carnes sin colorantes ni sabores artificiales, sin
conservadores… todo muy natural.


Por lo pronto, la mejor respuesta sigue siendo la calma, la
prevención y lo que todo mundo evita traer a colación, la
organización. Los gobiernos “legítimo” y de facto (que de los
dos no se hace uno), donde uno llama a la defensa del petróleo en manos
de gobiernos que por más nacionalistas no dejan de ser capitalistas. Y
el otro gobierno ordena la intervención del ejército a la menor provocación en
una mala versión de la primera película hablada de Chaplin
(gracias por recordárnoslo, maestro José Ramón).

Las leyes de mercado se han aumentado la producción y han debilitado las barreras de salud que han terminarán cebándose con los que menos tienen

Los dos han implementado
medidas que, para decir lo menos, son erráticas. Esto es así porque,
además de ignorancia, a quienes nos desgobiernan les asiste el
desprecio que anida en ésa misma lucha de clases que José Ramón
Enríquez nos invita a no perder de vista en su nota más reciente:
la fiebre porcina que amenaza a México.

Al igual que la aviaria y la
malaria hacen en Europa, África y Asia, no sólo es, entre otros
factores, resultado de mutaciones que en buena medida ha encontrado
idóneo caldo de cultivo en una sociedad donde las leyes del mercado han
debilitado al organismo social en aras de aumentar la producción.

Sino
que también se ceba en quienes tienen menos… menos poder adquisitivo,
menos calidad en servicios públicos en general y de salud en
particular, menos acceso a una información seria e inteligente, menos
articulación positiva entre los nodos de su red social.


Revertir eso implica poner en juego lo mejor de nosotros
mismos. Como cuando los sismos en septiembre de 1985. ¿Los gobiernos?
Bueno, ellos están más ocupados en parafrasear a Orwell cuando se
distribuyen antivirales sólo para quienes viven en el centro del país
sin disponer de medidas preventivas para el resto.

Luego recetan la
aplicación de los medicamentos antes que a nadie a los levantadedos
de ambos desgobiernos cuyas nalgas sudan en las curules del Congreso de
la Unión. Y todo ello mientras duermen y firman “sin leer” los paquetes legales que
además de ceder nuestra soberanía alimentaria a empresas como Bachoco,
Maseca, Pilgrim’s Pride o la ya mentada Monsanto, tienen
responsabilidad jurídica y política de cara a la epidemia que se
avecina.

Que nadie se extrañe cuando en San Lázaro, escrito con letras
de oro, pueda leerse aquello de que “todos somos iguales, pero unos
somos más iguales que otros”.

Imagen(cc): sarihuella

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Egresado del Centro Universitario de Teatro de la U.N.A.M. con estudios superiores en Actuación y diplomado por el Centro Morelense de las Artes en promoción y gestión cultural. Incursioné en las artes escénicas en agosto de 1990. A partir de 1993 alterné mi quehacer teatral con la promoción cultural y la docencia. Paralelamente, también desde 1993, he colaborado para diversos medios de comunicación impresos y electrónicos, y he trabajado con instituciones de defensa y promoción de derechos humanos de segunda generación.

3 Comentarios

  1. Anónimo 30/04/2009 en 13:48

    Muy de acuerdo
    Me ha gustado mucho el enfoque de este artículo. Cómo decía una canción de Love (this House is not A Motel):

    Las noticias de hoy, serán las películas de mañana.

    Creo que los gobiernos deberían anticiparse a los hechos, y dejar de ir detrás de ellos, intentando poner parches a lo imparcheable. Que opinas?

    • Anónimo 02/05/2009 en 4:22

      Eso sería si nuestros gobiernos estuvieran encabezados por estadistas y no por simples gerentes; los primeros tienen visión y proyecto de Nación, los segundos sólo intereses cortoplacistas… creo.

      • Anónimo 16/05/2009 en 17:27

        Supongo que es algo más complejo que eso, pero supongo que tienes mucha razón. Las corporaciones y los bancos tienen un papel demasiado desequilabrante hoy en día, grupos de inversores con caras anónimas que no se nos permite señalar con el dedo.

Participa con tu comentario