Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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Refugiados: la huida de un pueblo

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DESDE TÚNEZ PARA BOTTUP / “Cuando te encuentres con un refugiado, imagínate cómo se debe sentir. Y en vez de darle la espalda, ofrécele una sonrisa. Tal vez no parezca gran cosa, pero para un refugiado puede serlo todo”

[span class=doc]Este artículo forma parte de una serie. Al final del mismo encontrarás los enlaces a las partes anteriores[/span]

Túnez. Alrededor de medio millón de libios han abandonado el país durante las últimas semanas hacia lugares vecinos como Níger, Egipto o Túnez. En apenas un fin de semana, más de 6.000 personas han llegado a la región de Dehiba, en el sur del país tunecino. La mayoría, de etnia berebere, proceden de las poblaciones cercanas a la Cordillera de Nefusa, donde las tropas de Gaddafi han intensificado los ataques hasta hacer de lugares como Nalut, Wazin o Yefren auténticos pueblos fantasma.

Somos testigos de que mientras la catástrofe se cierne sobre el campo de refugiados de Remada, los miembros más relevantes de ACNUR desayunan por la mañana en el hotel más lujoso de Tataouine

Es de destacar la acogida que los tunecinos, y muy especialmente de los vecinos de la comarca de Tataouine, han dispensado a los cientos de miles de desplazados, todo un ejemplo de solidaridad. Muchos de ellos se encuentran alojados en casas particulares, así como en edificios comunitarios o en alguno de los campos instalados por las autoridades locales, la Media Luna Roja de los Emiratos Árabes Unidos y ACNUR, en caso de éstos últimos, meros actores de antro arrabalero con pretensiones de salvapatrias, que únicamente han demostrado su solidaridad prestando las tiendas de campaña con el logotipo bien visible. Somos testigos de que mientras la catástrofe se cierne sobre el campo de refugiados de Remada, los miembros más relevantes se desayunan por la mañana en el hotel más lujoso de Tataouine.

Al mismo tiempo, el flujo de personas que va llegando al emplazamiento remadí es constante y va creciendo, lo cual está generando de manera paradójica más presión a los organismos humanitarios que dicen encontrarse en una situación extremadamente crítica debido a la escasez de fondos, voluntarios, especialistas sanitarios, etc. A menos que se proporcione financiación de manera urgente, se tendrán que reducir los programas de protección y asistencia. Desde los servicios médicos del campamento y a través de los voluntarios que desayunan un té y están trabajando 24 horas al día, nos piden que denunciemos la situación y nos hagamos eco de la enorme necesidad que están viviendo.

Hay que hacer especial hincapié en este campo de Remada, un pequeño oasis en medio del desierto en el que la supervivencia comienza a palparse en cada una de las tiendas. Familias compuestas por una media de 6 ó 7 miembros, viven su drama bajo un calor extremo.

Todos han dejado un hermano, un hijo, unos nietos, al otro lado de la franja fronteriza, todos se encuentran confusos, con una alta carga emocional y psicológica, las enfermedades crónicas continúan sus camino y empiezan a darse casos de epidemias.

No existen servicios sanitarios competentes que de manera organizada estén llevando a cabo una labor aceptable. Los profesionales que están colaborando en apaciguar las necesidades mínimas de las cerca de 2.600 personas que permanecen allí, se encuentran en una situación delicada ante la falta de medicamentos, vehículos y material sanitario. La escasez de agua y la falta de

Los profesionales sanitarios que ‘intentan’ atender a las 2.600 personas refugiadas en Remada se encuentran con falta de medicamentos, vehículos y material sanitario, además de la escasez de agua y alimentos

alimentos es otro de los escollos con el que se están enfrentando los desplazados libios.

No hay rincón en Remada que no clame pidiendo ayuda a la comunidad internacional.

Buena parte del material que llega, no sin dificultades, hasta Libia se destina a zonas como Misrata o Trípoli, donde los combates son diarios, pero parece que en este caso no se ha tenido en cuenta el drama de los desplazados. Túnez no da abasto.

Hay colas de personas para conseguir un trozo de pan, el agua escasea y especies como escorpiones o víboras están buscando un hueco entre las tiendas donde en su gran mayoría descansan los más pequeños.

Si hay una sola expresión común de boca de los refugiados es la palabra ‘Libertad’. No hay ningún problema en pronunciarla, en exigirla, si bien hay familias que temen hablar debido a las represalias que puedan tener contra el resto de miembros de la comunidad que aún se encuentran en Libia. ¿Cúal podría ser la solución?, las únicas duraderas a largo plazo para paliar el sufrimiento de los refugiados, son la repatriación voluntaria, los asentamientos locales o los asentamientos en un tercer país, pero con unas condiciones mínimas que no impidan el desarrollo cotidiano ya de por sí gravemente herido.

Temor, desesperanza, problemas psicológicos, físicos, hambre, sed. Lo han perdido todo por alzar la voz ante un régimen dictatorial de 42 años de duración. Hablan de recuperar la educación, de recuperar la dignidad, pero la tarea se torna difícil ante el reto de sobrevivir hacinados y abandonados por buena parte del mundo. Un mundo que solo los ha tenido presente cuando sale a relucir la palabra petróleo, dólares e intereses económicos.


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