Domingo 04 de diciembre de 2016,
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Un San Prudencio con toque budista

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Piedra roja en una empinada ladera en la que enreda el viento

Reportaje

Quizá lo mejor de las piedras es su testarudez por contar lo
que fueron. Hay ruinas que se van cayendo, que las van expoliando, pero que
jamás silencian lo que vivieron, como las del Monasterio de San Prudencio en el
Monte Laturce, a unos veinte kilómetros de Logroño.  Piedra roja en una
empinada ladera en la que enreda el viento. Sólo hace falta curiosidad y tirar
del ovillo de la historia para que los restos de la abadía comiencen a susurrar
más de mil años de aconteceres…

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Las primeras piedras se pusieron en el año 925
Parece que las modas religiosas fueron capaces de trepar por esta empinada
ladera y aposentarse
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Adentrarse es perderse por un laberinto de paredes semiderruidas
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Está en una hondonada del monte Laturce; como colgado

Hay días en que me cuesta salir al monte. Pura desidia. Pero
la sensación duró poco. En el barranco que lleva al Monte Laturce hay energía.
Esa fuerza telúrica que emanan los lugares pedregosos y que refuerza el rojo.
La geología quiso que estas tierras fueran rojizas. Hay poca vegetación: olivos
y almendros en los bancales de cultivo y luego, perdidos, algún pino, carrascas
y matorral.
 
No hace falta andar mucho camino para toparse con la primera vista del
Monasterio. Impactante. Aunque se conozca el camino, su aparición siempre
sorprende. Su belleza no cansa; magnetiza y a partir de esa primera vez será
muy difícil apartar los ojos de los restos monacales.

Está en una hondonada del monte Laturce; como colgado. La sensación grandiosa
se irá acrecentando a medida que nos acercamos. No me parece La Rioja. Puede resultar
absurdo pero me vienen a la cabeza imágenes de monasterios tibetanos… Si las
banderolas jalonaran lo agreste del terreno juraría encontrarme en un
monasterio budista. Por la serenidad y la fuerza de este lugar.

Dicen que las primeras piedras en este lugar se pusieron en el año 925. Tiempos
de la reconquista. Los reyes favorecían la construcción de monasterios porque
era una forma de atraer cristianos y, en definitiva, población a lugares
abandonados durante los enfrentamientos con los musulmanes… Los monjes iban
abriendo camino.

Ya tengo delante el lienzo de muralla que afianzaba el recinto monacal.
Adentrarse es perderse por un laberinto de paredes semiderruidas, piedras
caídas, escombros y  vegetación que se adueña de los sillares. Hay un
momento que levanto la vista de semejante selva de ruinas y me sobrecoge la
visión. Me imagino a los monjes hace mil años en aquel lugar tan cerca del
cielo, tan rodeados de montañas y expuestos a lo natural, hasta que me parece
escuchar unas campanas.

Me doy cuenta de que llevo un rato mirando sin ver lo que fue la Iglesia. Ésta es la
tercera. Se levantó sobre las ruinas de otras dos anteriores; la más antigua,
románica; la segunda, cisterciense. Hay un arco abocinado, del estilo del
císter…

Los primeros monjes que aquí vivieron fueron benedictinos. Luego el monasterio
de San Prudencio se hizo de la orden del Císter: pegaba fuerte en el siglo XII
y parece que las modas religiosas fueron capaces de trepar por esta empinada
ladera y aposentarse.

Hablando de aposentos: en las paredes que, cada vez menos, quedan en pie se
aprecian los  mechinales donde se encajaban las vigas que separaban los
distintos pisos. Aquí dormirían, trabajarían, estudiarían los monjes. Dicen
que  las comunidades serían de unos veinte religiosos. Y cultivarían sus
huertos, sus frutales, elaborarían su vino y en su escritorio monacal copiarían
pergaminos.

Y desde la altura, que se aprecia el cañón del Río Leza, los imagino subiendo
el barranco con sus borricos o meditando por los senderos. Quizá recibieran
visitas ilustres… Porque aquí enterraron al primer señor de Cameros, Fortún
Ochoa, y a su esposa doña Mencía, hija del rey García de Nájera.

Y también estuvieron las reliquias de San Prudencio. El obispo, al que luego
subieron a los altares, murió en  la localidad soriana de Osma y antes de
fallecer encargó a su sobrino Pelayo que, una vez muerto, lo colocaran sobre un
asno y lo enterraran donde el animal se detuviera. Y parece que el borrico
llegó hasta esta ladera.

Algo así cuentan de otros muchos santos. En aquella época debían ser habituales
las procesiones de gente que salían detrás de un borrico sin saber su destino.


San Prudencio nació en Armentia, y como soy alavesa lo he sabido siempre. Pero
la naturaleza ha querido que acabara conociendo el lugar donde mi paisano santo
acabó con sus huesos. Al Monasterio de San Prudencio del Monte Laturce le sobra
magia.

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Sobre el autor

4 Comentarios

  1. Anónimo 17/04/2009 en 10:41

    Recuerdos desde Arrigorriaga
    ¡Qué alegría me ha dado topar contigo en la red, al ver por sorpresa un informativo de 1998 de Telerioja!.
    Suerte en tu trabajo y que sigan los reconocimientos y enhorabuenas de tus lectores como hasta ahora.
    Un fuerte abrazo

    • garbi_44 27/04/2009 en 16:17

      ¡¡¡¡No me lo puedo creer¡¡¡¡ ¡¡¡¡Qué magnífica noticia, tú aquí, mi querida Amanda¡¡¡¡¡

      Lo de la red tiene sorpresas maravillosas, y me alegra aún más que hayas recalado en las páginas de Bottup, una de esas iniciativas por las que internet merece especialmente la pena.

      Pone en cierta manera en jaque a los medios de comunicación oficiales más pendientes de sus intereses y expectativas que de una información verdaderamente participativa y útil para la sociedad.

      Entra en mi perfil y mándame un mensaje privado para que charlemos más en intimidad.

      Me alegro sinceramente de tener noticias de tí…Aunque hace muchos años que no te veo, siempre estás en mis recuerdos y sales muchas veces en mis conversaciones, cuando hablo de la gente importante en mi vida…..Besos…….

  2. Redacción Bottup 15/03/2009 en 20:44

    Estimada Garbiñe,
    Con tu permiso hemos editado el artículo para corregir la errata que señalas. Enhorabuena por el reportaje.
    Saludos.

  3. garbi_44 15/03/2009 en 20:26

    Fe de erratas
    He puesto que entre Logroño y el Monasterio de San Prudencio hay 40 kilómetros. He debido sumar los de ida y vuelta.

    Hay unos 19/20 kilómetros. Perdón. Lamento el error.

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