Sábado 24 de junio de 2017,
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Réquiem Por Mario

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Hoy  enciendo una vela por Mario, un chico normal como otro cualquiera. Recuerdo la primera vez que lo vi. Vino a mí porque deseaba ser actor. El brillo de sus ojos me mostró su pasión. En esa época,  era menor de edad. Por esta razón  le obligué a venir con su padre.

Según su padre era un chico complicado, así que le pedí que me explicara más. Empezó a decirme que lo había tenido que meter con 15 años a un centro de reclusión de menores ¿Razón?  Pelearse con sus hermanos. Mis ojos como platos. No podía creer lo que me contaba. Era una familia adinerada. Tenían dinero, pero sin educación. No creo que por una pelea de hermanos, se pueda privar de libertad a una persona. Si  Mario era tan peligroso, podían haberse planteado llevarlo a tratamiento.

A mi parecer, ese fue el primer clavo del ataúd de Mario. Al chico estupendo con talento,  lo metieron en el reformatorio por amenazar en una pelea a su hermano. Yo sé que son los primeros hermanos de la historia que se pelean. Esta respuesta tan “normal” pudiera tener “algo de razón”, sobre todo en el país “Tontosdelculo”. Si se pelean los dos ¿Qué les motivaba a denunciar a Mario? La razón era más lógica en el país de “losmalnacidos”: Mario era el malo. Pregunta mía: ¿Por qué Mario era el malo? La respuesta sin desperdicio “Mario se peleaba con sus hermanos”. Indignado le pedí que saliera de mi oficina. Este señor se sorprendió, no estaba acostumbrado a que lo echaran. Le devolví su dinero.  Y le invité a salir del piso.

El padre de Mario algo perturbado abandonó mi despacho. Creo que era la primera vez, que su dinero no le daba derecho a ser un maltratador.  A Mario, le di una tarjeta para que me llamara cuando quisiera, no le pensaba cobrar nada. Y si él quería, le haría coaching por teléfono,  ya que era menor,  y no trato a menores. Evidentemente sin el apoyo de su padre iba a ser difícil, también se lo comenté. Pero Mario tenía tal ilusión. Era impresionante, con talento… Y yo que soy un actor frustrado me entendí con él enseguida.

Durante un año, Mario estuvo llamándome, fue un placer ayudarlo. Parte de ese año, Mario estaba en prisión. Sus padres le habían vuelto a denunciar por violencia en casa. Odio a los padres psicópatas. Esa última denuncia se convirtió en un clavo más que cerraba su ataúd, echándolo de su destino.

Mario salió del reformatorio cambiado. Había hecho un máster en delincuencia. No tardó mucho en volver a entrar, esta vez a la cárcel. Había cometido un asalto con arma blanca. En la institución penitenciaria se había hecho adicto a las drogas.

Un par de años después, he localizado a Mario. Me dirijo al funeral de sus sueños. He encendido una vela  por ese joven actor, muerto en vida. Ya no quiere luchar. Quiere que todo termine. Encontrar un trabajo, casarse, y olvidarse que un día quiso ser actor… (no está mal)

Lo que Mario no sabe, es  que la cabra tira al monte. Y si no hacemos aquello para lo que hemos venido a esta vida. Lo vamos a pagar. En mi caso fue con tres amagos de infartó cerebral. Espero que Mario tenga mejor suerte que yo. Que recapacite y oriente su vida a su destino, que es ser un famoso actor de cine. Es un tío guapo, alto, joven  y con talento.

Hoy enciendo una vela, por el difunto soñador.  Que ha sido asesinado por un realismo cobarde.  Acompañado de las miserias de unos padres psicópatas,  y unas garrapatas espirituales.

Yo no digo que Mario en ciertas ocasiones no se mereciera una reprimenda, incluso un castigo. Pero hacer de un chico bueno,  un delincuente, es una barbaridad. En fin, enciendo esa vela por el soñador difunto. Me encuentro en su velatorio  ante el cuerpo rígido y frio  de sus sueños rotos.

Vicente Cuenca

Life Coach

 

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