Viernes 30 de septiembre de 2016,
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Retorno a las montañas de Nafusa

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VÍDEO / Continúan los bombardeos por las tropas de Gadafi en la región libia de Nafusa

La población necesita sobre todo agua y electricidad

Charla telefónica desde Yefren

“Salí de las montañas de Nafusa el 1 de abril pasado, no había vuelto hasta hace una semana, Yefren parece una ciudad de fantasmas, mucha destrucción, siguen cayendo misiles noche y día, aunque menos, todo ha cambiado por completo”, con estas palabras, mi hermano Amazigh me describía hace tan solo unos días su regreso al horror de Nafusa.

Lo bautizamos como ese hombre tranquilo que interpretaba John Wayne en aquella gran película. Desde ese día nos vimos obligados a ocultar su identidad, algo que dificultó nuestro trabajo ya que él era esa voz que debía ser escuchada. Su calidad humana es algo poco frecuente, su sueño una Libia libre y democrática, donde las mujeres vistan grandes escotes, y donde la religión o la no religión sean de libre elección. Su lucha, ayudar día y noche como puede a los refugiados que se acercan hasta los pueblos cercanos de la frontera tunecina.

Los misiles siguen cayendo en la ciudad de Yefren, a tan solo 5 km al sur se encuentran las tropas de Gadafi

Desde hace unos días este idealista de maldad inexistente, se ha adentrado en las montañas de Nafusa, a su ciudad, a su hogar, a Yefren. Allí, según cuenta, los misiles siguen cayendo y no hace mucho vio como uno de los misiles Grad lanzados por las fuerzas de Gaddafi estallaba a unos doscientos metros de su posición. “Aunque Yefren y la mayoría de las montañas de Nafusa están liberadas, a tan solo 5 kilómetros al sur de la ciudad, y a 25 kilometros al este de la ciudad, hay tropas de Gadafi, y siguen bombardeando las ciudades”, afirmaba con voz entrecortada.

Desde hace unos días, Nafusa esta liberada, después de más de ocho semanas de constante asedio, las ciudades empiezan a ver como las tropas de Gaddafi se van retirando hacia una hipotética batalla final en Trípoli. Sin embargo, otra clase de guerra continua, esa que el mismo Gaddafi comenzó. Nafusa estuvo sobreviviendo del agua de la lluvia durante dos meses, y solo hace unas semanas fue bombardeada la principal central eléctrica de las montañas, dejando casi en total aislamiento a la poca población que allí quedaba.

Mientras las últimas bombas siguen cayendo en Nafusa, la población reclama ayuda humanitaria inminente. “No nos queda agua, los hospitales no tienen medicinas y la electricidad llega tan solo a unos pocos sitios donde tienen generadores de electricidad, pero el petróleo se está acabando también”, comentaba nuestro amigo. “En la actualidad estamos unas 7.000 personas en Yefren, y cada día está llegando gente de Trípoli y otras ciudades”.

Mientras seguimos hablando y me cuenta como su familia sigue refugiada en Túnez, me habla de su hermano que sigue luchando en Yefren y al que ha visto después de dos meses, y como sigue soñando en ver a sus padres, refugiados en Trípoli. “Creo que esto durará mucho más tiempo del que pensaba, aunque llegan buenas noticias de los otros países reconociendo el CNT (Comité Nacional de Transición) como representante del Gobierno Libio, la OTAN, al menos en Nafusa, sigue sin aparecer, y los necesitamos para que de una vez acaben con las tropas gadafistas que quedan en esta zona”.

No nos queda agua, los hospitales no tienen medicinas y la electricidad llega tan solo a unos pocos sitios donde tienen generadores de electricidad, pero el petróleo se está acabando también

“He conocido a varias personas que han sido utilizadas como escudos humanos en otras ciudades de Nafusa, como Ghezaia, y hemos escuchado de violaciones a mujeres en otras ciudades, aunque en Yefren estas historias no han ocurrido”, me comenta en el momento que la comunicación se interrumpe.

Solo unos minutos más después de varios intentos de llamar a su teléfono libio, en los cuales me reitera su desesperada llamada por ayuda humanitaria, “de todas las cosas necesitamos agua y electricidad urgente, hay heridos en los hospitales, y aunque la comida es escasa, el petróleo está a punto de acabarse y no tenemos medicinas, por favor, pedimos agua y electricidad, aquí solo hay un periodista extranjero, necesitamos a los medios para que cuenten lo que pasa aquí”.

Zintan, la ciudad fantasma

Solo unos días antes de dejar Libia, la desesperación por la falta de medios de comunicación en la zona llevó a ese padre de dos preciosos hijos, a pedirnos si era posible infiltrar una cámara en las ciudades atacadas por Gaddafi. Después de pensarlo accedimos, dejamos nuestra diminuta cámara de video en manos de él. Corría la segunda semana de Mayo, y nuestro vuelo nos ponía de vuelta en una realidad muy diferente a aquella en la frontera tunecina.

Pasaban los días, y no teníamos noticias, le habíamos suplicado que no arriesgara por las imágenes, que le queríamos ver de vuelta. Seguían pasando horas, y cómodos en nuestras casas, el pensamiento de que algo podía haber pasado corría por nuestras mentes. De repente, un día, noticias, ha vuelto.

Ha pasado casi un mes desde entonces, y en todo este tiempo, la ‘legalidad’ de las compañías de correos tunecinas ha impedido que su trabajo llegara a mis manos. Varios días perdido en oficinas y por fin, desde esta misma mañana, está en mi posesión. En ella se ve entre multitud de fotos y vídeos, como nuestro amigo se adentra en Zintan, ciudad situada en las montañas de Nafusa, y atacada desde hace dos meses noche y día por las tropas de Gaddafi. Aunque él nos ha pedido que firmemos este trabajo con nuestro nombre, las imágenes del siguiente vídeo dan testimonio de la situación que vivía esta ciudad del oeste libio hace un mes, desde entonces Nafusa ha vivido los peores bombardeos desde que comenzó la guerra.

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