Jueves 30 de marzo de 2017,
Bottup.com

Riquezas sin valor, valor sin riquezas: el decrecimiento

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)

Todo gobierno construye sus expectativas económicas apoyadas en el
“crecimiento”, es decir en la producción constante de valores; el
decrecimiento ofrece por el contrario un desarrollo económico más
inteligente, sin poner en riesgo nuestro ecosistema

Los trabajadores están obligados a escoger entre el deterioro de sus condiciones de trabajo o el desempleo“. “El tiempo que se pasa en el trabajo ya no es una medida que contribuye a la producción

André Gorz

Image
El decrecimiento, una teoría económica para la supervivencia

FRANCIA ./-Usted trabaja seis días por semana (horas extras incluidas), gana el salario mínimo, posiblemente con algunas deudas (créditos bancarios, del automóvil, de una casa, habitación), vive en familia o en soltería; pero al final, con su salario y trabajo, es insuficiente para solventar lo anterior. La sociedad laboral en el mundo no logra adquirir productos, sino satisfacciones, significaciones.

El trabajo deja de ser la mesura de la riqueza, y el tiempo del trabajo la mesura del empleo (Marx). Esto supone para usted una nueva gestión económica, no queda otra, su objetivo es satisfacer la mayor cantidad posible de necesidades con respecto a una menor posibilidad de trabajo, de capital y de recursos físicos. El “trabajador pobre” emprende ya decisiones antes de hacer sus compras: cambia la opulencia por suficiencia. Usted, quizás sin saberlo, ejerce una alternativa mundial que remplazará -tarde o temprano- la actual teoría más que centenaria del capitalismo: el decrecimiento.

El decrecimiento

La teoría del decrecimiento toma forma en los años 70, al mismo tiempo que la Globalización económica. Su teorizador, Nicholas Georgescu-Roegen[1] (Rumania, 1906 – Estados Unidos, 1994), doctor en estadística (París 1930), fue un brillante matemático y economista que hizo toda su carrera en los Estados Unidos a partir de 1948. Georgescu-Roegen profundizó su crítica sobre los fundamentos económicos de occidente, reformulando una nueva perspectiva termodinámica y biológica evolucionista, es decir, el empleo comparativo entre procesos económicos y el medio ambiente. Una de sus obras, ‘The Entropy Law and the Economic Process’ (La ley de la entropía y el proceso económico, 1971 Harvard University Press), brinda otra visión a la ciencia económica mundial.

Todo gobierno construye sus expectativas económicas apoyadas en el “crecimiento”, es decir en la producción constante de valores; el decrecimiento ofrece por el contrario un desarrollo económico más inteligente, sin poner en riesgo nuestro ecosistema. “Para realizar este sueño, podríamos comenzar con un programa bio-económico mínimo que deberá tomar en consideración, no solamente la suerte de nuestros contemporáneos, sino también el de las generaciones a venir. Durante mucho tiempo los economistas han predicado a favor de la maximización de nuestras propias ganancias. Es ya tiempo de saber que una conducta racional consiste en minimizar los desperdicios. Toda pieza de armamento como todo gran automóvil, significa menos comida para ciertas generaciones futuras (sean alejadas o no), de seres humanos semejantes a nosotros mismos”, extracto del libro de Georgescu-Roegen, La Décroissance (Entropía, ecología, economía, ediciones Sang de la Terre, 1995).

Si los recursos naturales y necesarios faltan en un mediano plazo,
sería simplemente el colapso de la ciencia económica capitalista
El PIB ni conoce ni mide las riquezas si no están presentadas en una
forma de mercancía e intercambios comerciales. El decrecimiento es una
realidad práctica al servicio de la humanidad, al tomar en cuenta sus
necesidades vitales

Si los recursos naturales y necesarios faltan en un mediano plazo, sería simplemente el colapso de la ciencia económica capitalista. Sin recursos naturales, no hay producción -compra-venta-, sin ellos el consumo cae, caen también los indicadores del PIB (encefalograma de un país capitalista), instalándose la recesión, crisis. Esto traduce, en lenguaje real, en hambre, carencias educativas, de salud, etc. Serge Latouche: “El decrecimiento es una necesidad, ¡Podríamos imaginar la catástrofe que sería una tasa de crecimiento negativo! Así como no hay nada peor que una sociedad de trabajo sin trabajo, no hay nada peor que una sociedad de crecimiento sin crecimiento”[2].

El decrecimiento es una opción que acompaña una nueva idea del trabajo. Los estados-nación deberán redirigir sus políticas económicas al refuerzo social, vía el empleo. “Ayudar a los individuos a estar constantemente en el trabajo, sin importar que no sea en tiempo completo. El estado debe organizar esta flexibilidad, consecuencia inevitable del sistema capitalista; el estado puede garantizar, al menos, el trabajo a tiempo parcial; Es una cuestión de impuestos y de prioridades en los presupuestos. ¡Piense que el 60 por ciento del presupuesto de Estados Unidos es militar!”[3], preconiza Richard Sennett, sociólogo estadounidense con respecto a la continuidad laboral.

‘Ecológica’ es el testamento de André Gorz: “Hemos acusado a la especulación, los paraísos fiscales, la opacidad y la falta de control de la industrial financiera -particularmente los Hedge Funds-, a la amenaza de depresión, incluso el desmoronamiento de la economía mundial, pero no es causado por la falta de control; es originado por la incapacidad del capitalismo de reproducirse”[4], vaticinó, hace más de un año, André Gorz (1923-2007), filosofo y periodista francés, en un libro póstumo.

Más allá de la elección del nuevo presidente estadounidense, Barack Obama (un nuevo horizonte internacional se avecina), más allá de la cumbre mundial del G20 (14 de noviembre en Estados Unidos), más allá de la crisis mundial que irá más allá del 2009, la pregunta ineluctable es, ¿qué deseamos hacer de nuestras vidas? Gorz explica cómo el sistema económico, de cualquier país en el mundo, gira sin censar en el ideal de la producción-cosumo, pero sin tomar en cuenta nuestras verdaderas inquietudes existenciales de primera necesidad. “Una alimentación sana y equilibrada, ante todo; agua potable de buena calidad; aire puro, la luminosidad y un buen espacio; una habitación saludable y agradable. Pero la evolución del PIB no mide nada de esto”, explica Gorz.

El PIB ni conoce ni mide las riquezas si no están presentadas en una forma de mercancía e intercambios comerciales. El decrecimiento es una realidad práctica al servicio de la humanidad, al tomar en cuenta sus necesidades vitales. “El capitalismo se hunde desde hace 20 años en una crisis sin salida. Se aproxima a su límite interno a su extinción. Esta crisis tiene como causas la revolución informacional, la desmaterialización del empleo y del capital”, aseveró Gorz en su libro póstumo, donde se encuentra la influencia (y amistad) del pensador austriaco, Iván Illich.

Existen, pues, opciones para salir de un sistema que ha costado tanto a la humanidad y al ecosistema. El descrecimiento está ahí, alternativa económica, germinante desde las entrañas del capitalismo; al final del libro, Gorz evoca a, “invertir la relación entre producciones de riquezas comerciales y producción de riquezas humanas”. La reflexión jamás inhibirá la acción; pongamos nuestras vidas en el centro del sistema mundial.

ivanovichtorres@yahoo.fr

  

[1] http://www.decroissance.org/                                  
[2] Serge Latouche, Le Monde Diplomatique, noviembre 2003.
[3] Philosophie Magazine, número 16, febrero 2008.

[4] André Gorz, Ecológica, ediciones Galilée 2008.

{mos_sb_discuss:2}

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Participa con tu comentario