Lunes 26 de septiembre de 2016,
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S-21, el instituto de la tortura

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En esta prisión fueron torturados y ejecutados hombres mujeres y niños. Solo doce sobrevivieron al horror de un régimen que acabó con la mitad de la población de Camboya

Camboya. Todavía recuerdo, como si fuera ayer, el escalofrío que recorrió mi cuerpo la primera vez que mis pies pisaron Tuol Sleng. Unos meses antes, había estado visitado el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, en Polonia. Pensaba que ya había estado en el peor sitio que este mundo conoce, pero cruzar las puertas de S-21 es hacer propio el dolor de los más de 17.000 prisioneros que allí fueron torturados.

Nunca me olvidaré de Mr. Peter, una amable persona que se acercó a mí para ofrecerse como guía del Museo que han levantado en lo que fue un día la prisión secreta de los jemeres rojos. Me impresionó cuando me dijo que “siendo un niño había matado a sus padres, obligado por los jemeres rojos”. Quizás era mentira, y Peter solo estaba vendiendo la moto a otro turista con los bolsillos llenos de dólares. Daba igual, en cada calle de Camboya, en cada edificio, en cada mirada, hay una historia de sufrimiento que contar, y especialmente en aquellos familiares que perdieron todo en aquel Instituto de la Tortura.

Tuol Sleng, o S-21, fue un centro de interrogación, tortura y ejecución creado por los jemeres rojos en Phnom Penh, capital de Camboya, para eliminar personas consideradas enemigas del Estado de la Kampuchea Democrática. S-21 fue creada en las instalaciones del antiguo Instituto ‘Tuol Svay Prey’. La letra ‘S’ significa ‘Seguridad’, que en idioma jemer es ‘Santesok’ o también ‘Santebal’. El número ’21’ se refiere al sector en el que estaba dividido Phnom Penh bajo los jemeres rojos, en un área conocida como ‘Área Mayor del Ejército’. Tuol Sleng significa en idioma jemer ‘colina de los árboles venenosos’.

La prisión fue inaugurada poco tiempo después de la toma de Phnom Penh el 16 de abril de 1975 y fue diseñada por Kaing Guek Eav (Duch), quien fue la mayor parte del tiempo su director, hasta el 7 de enero de 1979, día en el que huyó del lugar ante la invasión vietnamita de Phnom Penh.

El reglamento interno para los prisioneros en S-21 fue diseñado por el propio Duch. Las principales normas generales eran las siguientes:

  1. Está absolutamente prohibido hablar o hacer preguntas a los otros.
  2. Antes de hacer cualquier cosa, pida permiso a un guardia.
  3. Siga de manera absoluta las normas, no es libre.

De manera más detallada y especialmente en los momentos de interrogación, el prisionero debía conocer las siguientes normas:

  1. Pedir lo que se responde, no altere mis preguntas.
  2. En absoluto no utilice ningún pretexto para debatir o discutir.
  3. No se haga el tonto y pretenda que no entiende, porque usted fue lo suficientemente valiente para oponerse a la revolución.
  4. Responda inmediatamente, no tarde ni siquiera un segundo.
  5. En cuanto a pequeñas faltas, ofensas morales, errores o ese error, no hable de esas cosas; no hable acerca de asuntos de la revolución.
  6. Absolutamente no grite cuando sea golpeado o electrocutado.
  7. No haga nada. Siéntese y espere órdenes. Si no hay órdenes, no realice ningún acto. Cuando se le ordene, hágalo inmediatamente y sin discutir.
  8. No intente esconder su rostro y su traición a la revolución con el pretexto de la Kampuchea Krom.
  9. Por cualquiera de estas normas que no sea seguida en cualquier día, usted recibirá innumerables latigazos y descargas eléctricas.
  10. Cometa una violación y obtenga diez latigazos o cinco descargas eléctricas.

Los carceleros tenían absolutamente prohibido mostrar simpatías por los prisioneros, dudar en algún momento de su culpabilidad o retardar los procesos. Mientras un médico garantizaba que el prisionero sobreviviera lo suficiente para soportar la mayor cantidad de torturas hasta que ‘confesara’ lo que se quería oír, las prisioneras eran objeto de violaciones carnales como parte de la rutina para hacerlas ‘confesar’.

Aunque la mayoría de las víctimas fueron camboyanos, la población de la prisión incluyó miembros de otras nacionalidades, entre ellos tailandeses, vietnamitas, pakistaníes, indios, americanos, británicos, australianos y canadienses.

Sólo sobrevivieron doce personas, entre ellas cinco niños. La mayor parte de ellos fueron ejecutados en el campo de exterminio de Choeung Ek, a las afueras de Phnom Penh.

Este pasado 26 de julio ha partido el corazón a los camboyanos. Se esperaba justicia por las barbaries cometidas dentro de las paredes de este edificio, que un día sirvió para educar a un país, que en la actualidad empieza a darse cuenta de que la Justicia solo funciona para las clases sociales mas poderosas. Es hora de que Naciones Unidas pase de ser un mero observador a tomar un papel más primordial en este proceso abierto contra los líderes de un régimen que exterminó a la mitad de la población de su propio país.

Mientras que el Gobierno esté continuamente intercediendo en este Tribunal, nunca se hará justicia en Camboya. Hay dudas de si se celebrarán los próximos juicios contra la cúpula de los jemeres rojos. Mientras tanto, se rumorea que Duch apelará su sentencia, supongo que alegará que solo torturo hasta la muerte a más de 17.000 personas.

Camboya hoy es el ejemplo de este mundo corrupto donde vivimos, donde los poderosos siempre salen victoriosos, pero siempre la historia puede cambiar. ¿Cuál será el futuro de este país?

Todas las fotografías son de Omar Havana


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