Domingo 30 de marzo de 2014,
Bottup.com

Sensaciones de un joven voluntario en Burkina Faso

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (1 votos, media: 10,00 de 10)

 

Ximo con uno de los niños a los que atiende CC ONG en Burkina Faso

Ximo con uno de los niños a los que atiende CC ONG en Burkina Faso

FOTORREPORTAJE / ENTREVISTA / Ximo Torres narra su experiencia en el país africano tratando de ayudar desinteresadamente a personas discapacitadas

Hay muchos hombres y mujeres a lo largo del planeta que, con pequeños pero significativos gestos, son capaces de dar una lección de humanidad a pesar de contar con pocos años de existencia.

Hace unos meses pudieron leer en uno de mis artículos la entrevista que le hice a Rosa Herrero, Coordinadora de las ONGD de la Comunitat Valenciana, y en ella pudieron ver qué es todo aquello que desde los despachos se intenta realizar para conseguir un mundo más justo y equitativo. Pero en esta ocasión me gustaría mostrarles cómo los voluntarios de las ONG actúan de forma directa en aquellos países en donde la precariedad es más palpable y agobiante.

Así pues, en este caso que nos ocupa ahora esta entrevista está realizada a uno de esos miles de voluntarios anónimos que son capaces de dejar nuestro mundo de comodidades y adentrarse en ese submundo de las necesidades que otros padecen. Y lo más curioso del caso es que mientras ellos ofrecen su solidaridad a cambio de nada, otros desde el primer mundo los critican cuando, si por desgracia se produce el caso, son secuestrados y se les pide a nuestros gobiernos un rescate: “a ver qué se les había perdido allí”, he escuchado en alguna ocasión cuando se ha llegado a producir un caso de este tipo.

Es un pequeño país del África Occidental fronterizo con Mali, Ghana, Costa de Marfil y Togo. La independencia llegó en 1960, y el nombre de Burkina Faso significa “la tierra de los hombres íntegros”

Bien, pues me gustaría que este artículo en forma de entrevista sirviese como homenaje a esos miles y miles de voluntarios anónimos que no suelen salir en los medios de comunicación, y que con su altruismo e idealismo contribuyen a que los más necesitados tengan un motivo por el cual sonreír cuando sus ojos se despiertan a la dura realidad que les ha tocado vivir. Sí, personas como el voluntario Ximo Torres Causanilles, un joven comprometido e idealista de mi ciudad, Castellón, que a cambio de nada ha dejado la comodidad de su hogar para ofrecer lo mejor de sí mismo a otras gentes que lo necesitan. Bueno, he dicho a cambio de nada, pero esto no sería del todo cierto. No recibirá ninguna compensación económica por lo que está haciendo, pero sin lugar a dudas, y tal y como suelen expresar otros voluntarios, la riqueza espiritual y de formación en valores humanos que obtendrá a cambio no se puede pagar con todo el oro del mundo. Cierto es que muchos de ustedes pensarán que con eso no se come, pero les puedo asegurar que este muchacho de veintitantos años tendrá toda la vida por delante para conseguir una posición económica estable, pero habiéndose convertido ya en una persona con unos valores intachables y que, por desgracia, muchos no lo consiguen ni aún teniendo más de cincuenta inviernos a sus espaldas.

Y bien, después de esta más que obligada introducción por mi parte, les dejo ya con todo aquello que, en cierto modo, Ximo sintió tras su primer voluntariado a nivel internacional en Burkina Faso:

Víctor J. Maicas: ¿Qué nos puedes empezar a contar de ese país?

Ximo Torres Causanilles: Cuando hablas de él en España la gente suele pensar que es una invención, algo así como el país de Oz (el del mago). Pero no, resulta que existe, pues es un pequeño país del África Occidental fronterizo con Mali, Ghana, Costa de Marfil y Togo. Y si el nombre suena raro en casa, ya la capital mejor no os cuento. Ouagadougou, ni más ni menos. Por cierto, la independencia llegó en 1960, y el nombre de Burkina Faso significa “la tierra de los hombres íntegros”.

V.J.M.: ¿Cuál es su realidad étnica y cultural?

Más de 70 etnias conforman el mapa de este país. Cada una con su lengua propia. La mayoritaria instaurada en los círculos de poder es la etnia Mossi, con su lengua, el Moore

X.T.C.: Más de 70 etnias conforman el mapa de este país. Cada una con su lengua propia. La mayoritaria instaurada en los círculos de poder es la etnia Mossi, con su lengua, el Moore. Y de ahí hasta las 70 no acabaríamos nunca, con lo que solo mencionaré algunas como los Dioula, Peul, Gourounsi, Bissa o Songhai.

V.J.M.: ¿Por qué de repente abandonaste las comodidades que tenías y decidiste ir a Burkina?

X.T.C.: Llevaba tiempo queriendo hacer algo de verdad, y rastreando la red en busca de alguna ONG que me convenciera, me topé con CC ONG y con Rafa. No es una ONG muy grande, pero está realmente consolidada en el sector, con proyectos muy sólidos en varios países sobre todo en Mali y Burkina. El proyecto de Mali se encuentra situado en la comuna rural de Hombori, en el sureste del país y en pleno desierto, donde se llevan a cabo diversas acciones como construcción de escuelas, etc. Y en Burkina, en Ouaga, hay tres proyectos en marcha. Una colaboración con un orfanato (el proyecto Home Kisito), un centro para madres con problemas (Carmen Kisito), y la razón de mi estancia allí, la asociación de discapacitados Reveillez-vous Bons Citoyens,  traducido libremente como convertíos en buenos ciudadanos, dedicada a proporcionar a los miembros un espacio para poder realizar sus actividades y ganar su propio dinero.

La asociación en sí es independiente, con estructura, organización y estatutos propios, contando con unos 180 miembros, y la colaboración de la ONG es económica, así como el envío de voluntarios a la asociación para realizar diversas actividades. La asociación cuenta con un salón de costura, otro de peluquería y un taller de carpintería. Todo llevado a cabo por miembros de la propia asociación. Así, cualquier persona de fuera puede entrar y hacer sus encargos. Nosotros en este momento tenemos en marcha clases de inglés, español, informática y alfabetización en francés y moore para los miembros de la asociación. Tenemos a cargo a ocho niños sordos escolarizados en una escuela especializada y realizamos trabajo específico hacia niños con diversas discapacidades tanto físicas como psíquicas, algunos de ellos escolarizados.

En Burkina hay tres proyectos en marcha. Una colaboración con un orfanato, un centro para madres con problemas, y la razón de mi estancia allí, la asociación de discapacitados Reveillez-vous Bons Citoyens

V.J.M.: Aparte de todo esto, ¿cómo transcurrió tu vida personal allí?

X.T.C.: La vida en Burkina es sencilla. No se puede decir que padezcamos mucho estrés, precisamente. Todo funciona al ritmo de África. Un ritmo al que te tienes que acostumbrar. No hay prisa, ese sería el lema. Las cosas se hacen, pero poco a poco, y cuando aceptas que para ir al centro a pagar una conexión a Internet tienes que ir tres veces, empiezas a vivir el ritmo africano y se vive muy bien. Mi vida se desarrollaba en el sector 19, llamado Nonsin. Mañanas en la asociación y tardes dadas a la imaginación. Puedes aprovechar para hacer mil cosas o ninguna, simplemente disfrutar de África y su ritmo. ¡Incluso tienes tiempo para charlar y comunicarte con otras personas! Vocablos prácticamente olvidados en nuestro mundo occidental.

V.J.M.: Cuéntanos brevemente cómo es la zona en donde vivías.

X.T.C.: Los barrios en los que está dividida Ouagadougou vienen a ser todos iguales, incluido el mío: hay varias calles principales asfaltadas (bueno, alquitranadas) y el resto desembocan en las mismas. Éstas son de tierra. Tienes todo lo que necesitas, todos los servicios los puedes encontrar en el barrio, aunque el desplazamiento al centro de la ciudad es mínimo. El centro es un ‘semicaos’ de motos, bicicletas, gente, no muchos coches y humo. Allí encuentras la típica arquitectura africana, con edificios oficiales enormes pintados con toda la gama posible de colores pastel que el hombre ha sido capaz de crear. El tráfico es asimismo otro semicaos, digo ‘semi’ porque no hay muchos coches, con lo que no llega a ser caos completo. Y no hay muchos vehículos porque la gasolina va al mismo precio que en España en un país en donde comes por 50 céntimos de euro.

V.J.M.: ¿Cómo se ganan la vida estas gentes?

X.T.C.: La economía se basa en la subsistencia, es la economía del día a día. La gente vende cosas en la calle, ya sea en tienda o en tenderete ambulante. Se venden piezas de coche y aceite de motor, cortes de pelo, colchones, cassetes, comida, etc.

Tenemos en marcha clases de inglés, español, informática y alfabetización en francés y moore. Tenemos a cargo a 8 niños sordos escolarizados en una escuela especializada y realizamos trabajo específico hacia niños con diversas discapacidades

V.J.M.: Y por curiosidad, ¿es fácil adaptarse a la gastronomía de ese país?

X.T.C.: Como ya he dicho anteriormente, puedes comer por 50 céntimos de euro, y por 1 euro te hartas. Allí son típicos los ‘maquis’, bares con sillas y mesas en la calle. En algunos puedes comer, mientras que en otros solo beber y te traes la comida de los puestos situados al lado, en plena calle. Los menús en los maquis y restaurantes no son especialmente abundantes en cuanto a variedad. Se reducen a espaguetis, cous-cous y arroz. Puedes encontrar también judías, guisantes, tortillas y ensaladas. La estrella es el arroz, el cual suelen preparar con salsas de tomate y de cacahuete, o sin salsa, pero con verdura y carne, es decir, el llamado ‘riz gras’. Puedes encontrar también carne de cabra, vísceras, pescado (todo a la parrilla) y pollo. El pollo merece capítulo aparte. Le llaman pollo en bicicleta por la sencilla razón de que parece que estés comiendo chicle. Por ello, parece que comas músculo, como si el pollo hiciese ejercicio, de ahí el nombre de pollo en bicicleta. Esto en cuanto a la comida callejera, digamos.

Otra cosa es la comida que se prepara en casa, de precio todavía inferior. El arroz sigue siendo una constante también en los hogares burkineses, así como el ‘to’. Se trata de una harina de maíz y mijo hecha pasta, una pasta realmente compacta de sabor nulo acompañada de la salsa correspondiente con hojas de baobab.

V.J.M.: Los que en España tienen algún conocimiento de este país, pero sin haber estado allí, ¿qué crees que piensan de Burkina?

X.T.C.: El español medio tiende a pensar que esta zona del mundo, sobre todo a raíz de los últimos acontecimientos, es un área peligrosa, radicalmente religiosa. Burkina es un país de paz donde el nassara (blanco) va a tener siempre sensación de seguridad allá donde vaya, tratándosele maravillosamente, aunque teniendo cuidado también, ya que allí un blanco es sinónimo de dinero en el imaginario popular y te puedes llevar algunas sorpresas. En cuanto a la religión impera la tolerancia, conviviendo pacíficamente musulmanes, cristianos y animistas. Para ellos, no importa qué religión sea la tuya, importa que creas en Dios. Aunque ya digo que la tolerancia es la reina.

La vida en Burkina es sencilla. Todo funciona al ritmo de África. Un ritmo al que te tienes que acostumbrar. No hay prisa, ese sería el lema. Las cosas se hacen, pero poco a poco

V.J.M.: Y por último, ¿cuáles son tus próximos proyectos?

X.T.C.: Bueno, pues quizá vuelva a habitar lejos de casa, en otros países ‘tan conocidos’ como éste, por ejemplo Swazilandia o Tonga.

______________________________________________

Bien Ximo, pues muchísimas gracias por habernos contado algunas de las cosas que puede llegar a sentir un voluntario anónimo en un país tan desconocido para la gran mayoría como es el caso de Burkina Faso. Y esperemos también que vuestras experiencias lleguen cada vez más a las gentes del llamado primer mundo, a muchas de esas buenas gentes a las que en muchas ocasiones se les ‘vende’ la idea de que ONG es sinónimo de corrupción o, en el mejor de los casos, de gente ociosa que no sabe qué hacer con su tiempo.

Gracias de nuevo por tu compromiso y solidaridad hacia los que menos tienen, y espero que este artículo en forma de entrevista sirva como homenaje a todos esos hombres y mujeres que de forma totalmente solidaria regalan su tiempo en beneficio de los demás.

Víctor J. Maicas es escritor

Todas las fotografías son de Ximo Torres

Pincha para aumentar cada una de las imágenes:

Editado por la Redacción:
Subtítulo y destacados

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

Participa con tu comentario