Jueves 19 de enero de 2017,
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Sentirse español

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¿Alguien se ha parado a pensar que ‘nosotros’ no invadimos América? ¿Se han parado a pensar que ‘nosotros’ no salimos a la calle en 1808?

Opinión

“¡Yo no tengo 200 años! ¡Yo no me levanté de improviso contra un
ejército armado hasta los dientes! De eso hace ya ocho generaciones.
Tantas, que ni siquiera buscando en el árbol familiar podría remontarme
hasta el año 1900”

De todas las armas que existen, la propaganda política es la menos imperfecta: es capaz de convertir más de cien mentiras en una única verdad. A fuerza de repetir la idea de España que interesa al poder, consigue que la gente no “piense” en España, sino se “sienta” español (o española).

“¿Soy acaso responsable de la riqueza o de la miseria que trajeran
consigo las carabelas a uno u otro lado del Océano Atlántico? Háganse
el favor de preguntárselo”

Políticamente, me siento muy ofendido cuando en España se toleran violaciones de los derechos que se podrían evitar, cuando el abismo entre los ricos y los pobres, lejos de salvarse, se hace cada vez más profundo, siento hasta “Spanish shame” (vergüenza ajena) por haber convivido con personas que única y exclusivamente se concentran en lo material, sin pensar en absoluto, y por tanto alabando las terribles dictaduras por las que han pasado las generaciones que nos precedieron. Pero ¡yo no tengo 200 años! ¡Yo no me levanté de improviso contra un ejército armado hasta los dientes! De eso hace ya ocho generaciones. Tantas, que ni siquiera buscando en el árbol familiar podría remontarme hasta el año 1900: Valenzuela [García] Castaño [Alonso] Almécija [Caballero] De la Cruz [Sánchez] Moreno?…

Lo único que puede indicarme inequívocamente la razón y la imparcialidad, en este caso, es que hoy en día, a la clase poderosa y dirigente le sigue interesando que me identifique con antepasados que ni siquiera conozco de nombre, más cercanos al mito o a la leyenda que a realidad; y por la misma razón que no puedo cambiar lo que hicieran o dejaran de hacer mis antepasados, hoy nadie tiene derecho a colgarme medallas por las hazañas que otrora realizaran tales personas ni a juzgarme por los errores o atrocidades que, por su cuenta y riesgo -ni siquiera bajo coacción- pudieran llegar a cometer dichos antepasados.

“La propaganda política trata de taladrar una sola idea, en
concreto la de España, en la mente de 44 millones de habitantes, cosa
que choca estrepitosamente con una realidad plurinacional,
multicultural y llena de matices”

¿Soy acaso responsable de la riqueza o de la miseria que trajeran consigo las carabelas a uno u otro lado del Océano Atlántico? Háganse el favor de preguntárselo. Pregúntense por qué, en bocas interesadas, “nosotros” incluye a la población de aquella España que aspiraba a dominar el mundo bajo un imperio como cualquier otro: el de las armas, así como a los habitantes del territorio que actualmente componen el así llamado “Estado de las Autonomías”, heredero de facto de una dictadura y, a su vez, de una guerra civil, cuyas consecuencias siguen vivas en la conciencia de los que, por suerte o por desgracia, sobrevivieron a aquélla y, en su caso, a ésta.

En todos los demás casos, la palabra “nosotros” se puede referir, como máximo, a la comunidad que hoy en día habita el planeta, y desde luego tiene como requisito indispensable el de estar vivo, cosa que, en mi caso, no ocurría el Año del Señor de 1492… No sé por qué, entonces, tendría que darse hoy nadie por aludido cuando le hablan de “nosotros en 1898”, porque la forma gramaticalmente correcta, y políticamente inequívoca, sería “ellos” (las personas que entonces vivían).

Será que España es más bien una idea, y no un hecho. Y a las personas se las debería juzgar, llegado el caso, por sus actos, no por sus ideas.Dicho lo cual les invito a no soliviantar sus conciencias, porque no es ese el espíritu del presente artículo, sino más bien el contrario: una invitación a la reflexión pausada. Una reflexión que nos permita ver y ser conscientes del continuo bombardeo nacionalista español a que nos enfrentamos (digo bien: nosotros nos enfrentamos, como víctimas casi impotentes) día tras día en inferioridad de condiciones ante la máquina menos mala que he mencionado: la propaganda política, que trata de taladrar una sola idea, en concreto la de España, en la mente de 44 millones de habitantes, cosa que choca estrepitosamente con una realidad plurinacional, multicultural y llena de matices en un territorio tan pequeño como el 1% de la superficie del globo.

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Sobre el autor

2 Comentarios

  1. Olocau.Digital 06/05/2008 en 2:04

    Los desaprensivos se mueven por codicia, los desaprensivos pueden cortar un árbol para comer sólo un fruto y seguir su camino sin tan siquiera entender las consecuencias de sus actos.

    http://www.flickr.com/photos/sineu/45663589/

  2. tupperver 06/05/2008 en 1:09

    Quiero expresar aquí mis agradecimientos a un compañero del otro lado del Océano Atlántico por su crítica y, sobre todo, por la difusión del artículo que tenéis en esta página.

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