Jueves 29 de septiembre de 2016,
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Policías: servidores del orden público

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No creo que la ‘autoridad’ supuerior seleccione aquellos que no saben diferenciar entre trabajadores y kale borroka, o que confunden estudiantes de bachillerato con ‘el enemigo’. ¿O me equivoco?

Algunas películas empiezan diciendo: “Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…”. Algunas veces, el escritor o guionista inventa una historia ficticia, pero otras, cambia los nombres de lugares y personas para evitar problemas con los personajes reales, incluso amenazas. Mi relato se ajusta al segundo ejemplo.

Hay muchos que saben diferenciar entre ‘buenos’ y ‘malos’, cumplen las órdenes para mantener el orden público y no menosprecian a los ciudadanos

Un día de verano de 2012 en una ciudad española, son las 11 de la mañana y ya hace mucho calor húmedo. En la Avenida Mayor, alrededor del Mercado Municipal, hay gran ambiente de compras como cada día de mercadillo.

Desde la esquina de la tienda de juguetes veo unas 10 personas manifestándose en la puerta de la Empresa Pública. Se manifiestan contra un expediente de regulación de empleo. Algo de barullo hacen con sus pitos, pero el ruido de los coches lo absorbe y el paso de los peatones no es obstaculizado, es normal. De pronto, en la misma esquina de la tienda, para un coche de Policía y bajan dos agentes de la autoridad. Son dos mozos jóvenes y cachas. Sin preocuparles para nada la presencia de peatones que puedan oírlos, y mientras se colocan la porra en el cinturón, uno de ellos dice: “Aquel no ha trabajado en su puta vida”. Y el otro sigue: “Vamos para allá y nos reímos un rato”.

No sé lo que pasó después porque me marché, seguramente no pasaría nada, además no me dedico a la narrativa. Lo que me empuja a contar este hecho es mi indignación, y no tanto por ser policías, sino por ser policías jóvenes, con toda una vida por delante y con esa mentalidad de superioridad de la vieja guardia. Yo tengo amigos policías de las décadas de los años 80 y 90, y de verdad, son agentes de la autoridad. Saben diferenciar entre ‘buenos’ y ‘malos’, entre los que cumplen las leyes y los que las infringen. También saben del régimen casi militar del cuerpo y cumplen las órdenes para mantener el orden público, pero sin menospreciar al ciudadano. Nada que ver con estos cachorros.

Me imagino que en las pruebas de selección, ‘la autoridad superior’ buscará el perfil idóneo para desempeñar la labor de agente de la autoridad y servidor público, y que sabrá detectar los ‘pistoleros de plástico’ para apartarlos de esta carrera tan noble dedicada al servicio del orden y de la ciudadanía. Por lo menos es lo que creo que debería ser para garantizar el orden público y la seguridad ciudadana. No creo que seleccionen aquéllos que no saben diferenciar entre trabajadores y la kale borroka, o que promocionen a aquéllos que confunden estudiantes de bachillerato con ‘el enemigo’. ¿O me equivoco?

Se habla de un desempleo del 25% para 2013. No es de extrañar que el poder ejecutivo esté preparando cambios legislativos y operativos sobre manifestaciones y desorden público

En todas partes y colectivos, siempre hay algún que otro garbanzo negro y esto puede quedar en simple anécdota. Pero por desgracia, creo que toda nuestra atención está acaparada por esta crisis económica y estamos descuidando parcelas importantes de derechos fundamentales. Ya se habla de un desempleo del 25% para 2013. Por tanto, las previsiones de futuras manifestaciones callejeras autorizadas, espontáneas, pacíficas o violentas no pueden descartarse y, no es de extrañar, que el poder ejecutivo esté preparando cambios legislativos y operativos sobre manifestaciones y desorden público. En política nada es casualidad, todo se planifica. En la transición democrática fuimos muchos en gritar: ‘Estado policial No’.


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