Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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Singapur: paraíso fiscal y mezcla de culturas

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Plaza en la ciudad

Plaza en la ciudad

A pesar de sus reducidas dimensiones esta pequeña ‘isla-Estado’ aglutina un crisol de culturas, así como también un sinfín de riqueza en forma de dinero

Probablemente lo que mejor definiría a este rincón del planeta son sus variados y curiosos contrastes: humildes ‘rickshaws‘ conviviendo con vehículos de alta gama, restaurantes de lujo frente a sencillos locales de comida autóctona, pequeñas tiendas intentando subsistir con los enormes centros comerciales, modernos rascacielos frente a antiguas casas de dos o tres alturas… Sí, modernidad frente a tradición, devoción por la espiritualidad a través de sus numerosos templos frente a esa pasión humana por el lujo y la riqueza material o, lo que podría ser lo mismo, sencillez y cordura frente a ostentación y desenfreno.

Modernidad frente a tradición, devoción por la espiritualidad frente a esa pasión humana por el lujo y la riqueza material o, lo que podría ser lo mismo, sencillez y cordura frente a ostentación y desenfreno

Pero si les parece, y para que puedan entender mejor mis palabras, les describiré muy brevemente aquello que mis ojos observaron cuando, hace ya unos cuantos años, visité este diminuto rincón del planeta.

Recuerdo que lo que más me impactó fue su rica diversidad cultural, pues adentrarte en algunos de sus barrios se asemeja a entrar en otro país sin necesidad de pasar ningún control policial o aduanero.

Alguno de estos barrios te hace viajar en el tiempo a un mundo de leyendas en donde los arcos de herradura que adornan las fachadas se mezclan con calles en donde los vendedores se suceden en espera de inquietos viajeros con aires consumistas. Las especias suelen destilar aromas sugerentes que hechizan al comprador, al tiempo que las vistosas alfombras muestran orgullosas la delicadeza de sus formas.

Y apenas dejas el barrio musulmán, tus ojos te arrastran hacia el siguiente, embobados por la riqueza ornamental de sus templos. Mil figuras de otros tantos colores engalanan aquellos pequeños remansos de paz en donde gentes de todo tipo rezan a sus dioses inmersos en el sugerente y delicado aroma del sándalo. Flores y humildes tributos les son ofrecidos para que con su inmensa bondad y sabiduría, cuiden de las almas de aquellos pobres y sumisos mortales. Y es después de recobrar la calma con su espíritu, cuando las gentes vuelven de nuevo a sus quehaceres mientras tus pasos te llevan del barrio hindú a otro mundo, que no por diferente, es menos sugerente.

Aquel país con los años se convirtió, o lo convirtieron, en un paraíso fiscal, uno de esos lugares en donde los más ricos del planeta llevan sus ganancias para así, en cierto modo, no contribuir a la equidad mundial

Bazares llenos de baratijas se arremolinan casi sin espacio mostrando todo lo inimaginable. Hay casi de todo, desde ceniceros a mesas, pasando por refrescos, herramientas o ropa de vestir. Sus propietarios, a diferencia de otros barrios, nunca agobian al comprador, pues su tímido carácter hace de ellos unos anfitriones serviciales y atentos que jamás acosan al cliente. Sus ojos rasgados se mezclan con una sonrisa tierna, y sus gestos delicados te invitan a mirar con tranquilidad todas aquellas mercancías que al fin y a la postre son su medio de vida. Sí, es el barrio chino, todo un regalo para los sentidos y, también, para los más curiosos.

Sin embargo, lo que probablemente verán primero tras dejar el aeropuerto serán sus calles principales, unas inmensas avenidas repletas de centros comerciales y de anuncios de neón en donde la riqueza y el despilfarro se hacen patente en cada uno de sus edificios, puesto que, en definitiva, aquel país con los años se convirtió, o mejor dicho, lo convirtieron, en un paraíso fiscal, uno de esos lugares en donde los más ricos del planeta llevan sus ganancias para así, en cierto modo, no contribuir a la equidad mundial.

Víctor J. Maicas es escritor

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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

1 comentario

  1. Gildo Kaldorana 25/03/2012 en 12:22

    Me gusta Singapur, he estado un par de veces y me encuentro muy a gusto en esta ciudad-estado.
    Muy buen ambiente, de día, y de noche.
    Saludos

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