Jueves 30 de marzo de 2017,
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Sobre el fracaso educacional

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Análisis de los elementos racionales que intervienen en el proceso educacional y su evidente falta de interconexión, plasmada en las endémicas tasas de fracaso escolar y en la escasa o nula implicación de las autoridades educativas.

Insuficiente apoyo institucional y ausencia de la necesaria flexibilidad laboral en las empresas para lograr la conciliación de la vida laboral y familiar que ha favorecido la proliferación de guarderías infantiles públicas y privadas en las que el niño deberá pasar años decisivos para la formación de su personalidad y afectividad, lo que coadyuvará al desarraigo afectivo de los niños y tendrá implicaciones negativas en su posterior desarrollo psicológico agravado por la falta de tiempo de los progenitores para supervisar su proceso madurativo. 

A ello se añadiría la inadecuada adquisición de hábitos básicos para la maduración personal del niño o incluso ausencia total de ellos en los casos más extremos: Citaremos la necesidad de unos horarios reglados; adecuada alimentación; motivación a la lectura; valoración del esfuerzo personal como vehículo de satisfacción y superación individual así como el fomento del ahorro ante el futuro mediato, lo cual conduce a la aparición de niños superconsentidos e hiperprotegidos con fácil tendencia a la frustración ante el menor revés o dificultad.

Todo ello aunado con los problemas de concentración e interiorización de los contenidos escolares como consecuencia del uso abusivo de todo tipo de medios audiovisuales en su entorno familiar.

En consecuencia, los menores viven en mundos virtuales y sólo se motivan por estímulos audiovisuales, quedando así reducidos los soportes tradicionales de transmisión del saber (comprensión lectora, producción escrita y razonamiento lógico-matemático) a la mera condición de rutina tediosa y monopolio exclusivo de la escuela. 

Asimismo, hay que adjuntar el adelanto e intensificación de los rasgos típicos de la adolescencia (pasotismo y rebeldía) fruto de la imagen transmitida por la publicidad y los medios de comunicación que intentan acelerar la llegada de nuevos consumidores y la silenciosa revolución conocida como “Golpe de mano incruento” por parte de los adolescentes, convirtiéndose en muchos de los casos en vulgares déspotas y basando su actuación en la ley del mínimo esfuerzo y máximo provecho refrendado con la obtención de todo tipo de caprichos materiales y la falta de sintonía entre los idearios de la escuela y el resto de la sociedad, apareciendo la escuela como apéndice molesto de la sociedad al intentar transmitir valores en desuso, como la necesidad del diálogo y comunicación interpersonal para resolver conflictos y la valoración del esfuerzo personal para lograr metas concretas, utopías que se hacen añicos al contacto con la cruda realidad de la vida diaria. 

A ello sumaremos la agudización del fenómeno de la inmigración, que conlleva la necesidad de ingentes medios materiales y humanos y el consiguiente aumento de las partidas presupuestarias que no siempre se materializan y como consecuencia inmediata, la enseñanza pública se ha convertido en la mayoría de los casos en guetos de inmigrantes y los centros concertados y privados han quedado como refugio de la excelencia educativa y las clases económicamente solventes, lo cual acelerará la previsible fractura social en un futuro próximo ,

Todo ello, coadyuvado por las tasas insultantes de fracaso escolar en la Educación Secundaria Obligatoria (31 %) y las raquíticas tasas de población escolar (21%) que alcanzan el nivel de Secundaria Postobligatoria (Bachillerato y FP de Grado medio) como consecuencia lógica de lo expuesto anteriormente y la aplicación de sucesivas reformas educativas (LOGSE, LOCE, LOE )y futuras sopas de letras que basándose en la falacia de la promoción automática o semiautomática, falta de valoración del esfuerzo personal y pérdida vergonzante de la autoridad del profesor han conseguido tasas de fracaso escolar cercanas al 32% de la población escolar, jóvenes que no conseguirán la titulación mínima exigida para la incorporación al mundo laboral y que les llevará a convertirse en mano de obra no cualificada y fácilmente explotable.

La Formación Profesional siempre ha sido la gran Cenicienta de nuestro obsoleto sistema educativo, por lo que resulta imperioso un Redescubrimiento de la Formación Profesional por parte de la Sociedad y Autoridades Educativas y para lograrlo, deberá contar con las necesarias inversiones en equipamiento y material humano y estar interconexionada con empresas punteras en I+D, para así conseguir profesionales que puedan afrontar los retos de la vertiginosa revolución tecnológica de la sociedad virtual y global en que vivimos y evitar la proliferación irracional de Universidades públicas y privadas con escasa o nula vinculación con grupos empresariales innovadores, que acompañado de un descenso acusado de la tasa de población universitaria quedarán en la mayoría de los casos reducidas a meras expendedoras de títulos que conducirán al futuro licenciado a contratos seiscieneuristas e interinidad vitalicia, excepción hecha del funcionariado público y las élites universitarias.

Por todo ello, es evidente la necesidad urgente de un Pacto educativo a tres bandas: ( Asociaciones de Padres, Profesorado y Autoridades Educativas) para consensuar los valores que se deben transmitir y los mínimos educativos que se deben lograr así como establecer el calendario de aplicación de dicho pacto y la cuantificación económica del incremento de la inversión educativa, intentando que en breve plazo de tiempo se logre salir del furgón de cola educativo de Europa.

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