Miércoles 29 de marzo de 2017,
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Solidaridad en medio del fuego cruzado

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Una de las veredas de San José del Apartadó

REPORTAJE

ImageLa ‘Comunidad de Paz de San José del Apartadó’, en Colombia, tiene sus propias reglas al margen del Estado, los paramilitares y las guerrillas

Desde que apostaron por la neutralidad, han sufrido masacres y constantes violaciones de los derechos humanos

La historia que guarda la memoria

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Primera parte de este documental, que narra la historia vivida por la Comunidad de Paz de San José del Apartadó. Se puede descargar el documental completo desde aquí.
“Gloria al sendero de paz
que abrió la luz brillante
de la neutralidad”
Así empieza el himno de San José del Apartadó, una comarca situada en el noreste colombiano que desde el 23 de marzo de 1997 constituye una ‘Comunidad de Paz‘, con sus propias normas -como la prohibición del alcohol y las armas-, principios -como la solidaridad- y en donde no se permite el paso ni de la policía, ni del ejército, ni de los paramilitares ni de los guerrilleros.

Situado en una zona estratégica ([[Antioquía]]), cerca del canal de Panamá y terreno donde se prevén futuros canales intermodales, el Apartadó es uno de los territorios con mayor concentración de paramilitares, que lo controlan, y, al mismo tiempo, espacio donde se mueve activamente el Ejército de Liberación Nacional (ELN, segunda guerrilla más importante) y zona satélite de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Lo explican desde ACOMPAZ, un colectivo nacido hace dos años en Madrid para dar apoyo a la iniciativa de esta Comunidad.

Ante la actividad del ELN y la proximidad de las FARC, los paramilitares y el Ejército no parecen haber tenido ningún miramiento con los vecinos de esta tierra situada entre las trincheras del Estado, los insurgentes y los intereses geostratégicos marcados en el tratado ALCA, del cual Colombia es el máximo valedor ante EE UU.

“Cuando nos declaramos como Comunidad de Paz de San José de Apartadó, el casco urbano de nuestro corregimiento estaba vacío ya
que la mayoría de familias se habían marchado a raíz de las dos
masacres
perpetradas por los militares en septiembre de 1996 y en
febrero de 1997 y en las que habían asesinado a los líderes con que
contaba el corregimiento”. Lo explican ellos mismos en su página web.

Ante la perspectiva de vivir siempre en medio del fuego cruzado y ser seguros receptores del mismo, los vecinos optaron por la neutralidad más radical posible. Así, el artículo tercero de su Declaración -de obligado cumplimiento- reza: “Las personas que hacen parte de la Comunidad (…) no realizarán actividad alguna que tenga relación directa o
indirecta con las operaciones militares de ninguno de los actores en
conflicto, o con el apoyo táctico o estratégico de los mismos”.

Un peligroso precedente

La iniciativa de esta gente, apenas unas 1.250 personas deseosas de vivir en paz en la tierra que les vio nacer, no debió gustar a los poderes políticos y militares. “Todavía vivíamos en las veredas y con la declaratoria de Comunidad de
Paz esperábamos ser respetados y poder seguir en nuestras tierras, pero
estábamos equivocados; tropas del ejército en conjunto con los
paramilitares realizaron operativos en las veredas, asesinaron gente de
nuestra comunidad y a muchos de ellos les colocaron camuflados para
decir que habían sido asesinados en combate”.

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Vista parcial del listado de víctimas de la violencia

Fue el inicio de una espiral de violencia que desde entonces hasta hoy se ha cobrado ya más de 156 muertos (una masacre atendiendo a lo pequeña de la comunidad) y más de 500 violaciones de los derechos humanos, según atestiguan diferentes ONGs que trabajan en la zona.

Solidaridad, su mejor arma

Pese al permanente peligro que planea sobre sus cabezas, los miembros de esta singular comunidad lo tienen claro: “Ante la  persistente presencia de actores armados que de manera indiscriminada atacan a la población civil, es necesario estabelzcamos mecanismos frente a ellos que desarrollen el Derecho Internacional
Humanitario en busca de su nuestra propia protección”.

La Comunidad cuenta con su propio Reglamento Interno y se articula en Grupos de Trabajo -los miembros trabajan comunitaramiente-; Comités, similares a concejalías y que abarcan aréas como Salud, Cultura, Educación o Mujer; y el Consejo Interno, que es la máxima autoridad de la Comunidad y que se encarga de coordinar todas las actividades e imparte justicia mediante el diálogo entre las partes. Sus ocho miembros se eligen por votación popular cada seis meses.

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Niños de la Comunidad

Esta forma de funcionar aporta a esta sociedad totalmente desarmada en tierra de guerra su verdadera y mejor arma posible, la solidaridad: “Si se nos presenta una situación que pone en riesgo la vida de uno de
nosotros, los demás debemos exigir respeto. Esto lo hemos vivido en el
retén que los paramilitares colocaron durante nueve meses en la vía
Apartado – San José; allí ellos detenían los carros y bajaban a quien
querían para llevárselo y asesinarlo. En estos casos la Comunidad debe
salir a hablar para exigir que se respete nuestro proceso de
neutralidad y que no se violen nuestros principios con el asesinato o
la humillación”.

Pese a su esfuerzos por salir adelante, la violencia externa sigue haciendo mella en su proyecto de paz: “La última masacre fue perpetrada el 21 de febrero de 2005 y en ella
asesinaron a uno de nuestros líderes históricos, Luis Eduardo Guerra,
con su familia, como también a Alfonso Tuberquia, líder de La
Resbalosa, con su esposa y sus niños y un trabajador”. Además, el Estado no es para ellos cobijo de nada: “Tomando como pretexto la masacre del febrero de 2005, el Presidente Uribe ordenó a la policía ingresar al caserío de San
José para instalarse dentro de nuestros espacios de paz donde nunca
hemos permitido circulación de armas. Esto nos obligó a desplazarnos y
comenzar a construir un asentamiento nuevo en una finca de la
comunidad, abandonando todo lo que habíamos construido durante muchos
años”.

Recursos:
Web de la Comunidad de Paz de San José del Apartadó
Historia completa vivida por esta comunidad
Crónica de la última masacre (febrero de 2005)
Vídeo: Documental ‘La historia que guarda la memoria’ , 346 MB (.avi)

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Sobre el autor

Periodista y emprendedor social. Co-fundador de Bottup.

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