Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Sueños que pudieron ser realidad

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Dos relatos literarios como muestra de los sueños que todos podemos tener

El ojo hecha lágrimas llenas de dolor por las tres jóvenes desaparecidas, quizá las encuentren pronto…

“No puedo evitar soñar porque vivir quiere decir soñar, soñar hasta que despertamos… al renacer de nuestras vidas. Más en los sueños no hay distinción entre los pobres y los ricos, entre los negros y los blancos, entre los religiosos y los no religiosos, entre los que aman y no son amados…, porque, en definitiva, todos logramos tener sueños que pudieron  ser realidad”

Tres jóvenes habían desparecido… Sandra, Tamara y Jessica salieron el viernes a las 23.00 h, como todos los viernes, con el propósito de tomar unas copas con sus amigos. Llevaban sus neceseres en orden: barra de labios, píldoras anticonceptivas, globos protectores para el instrumento… –pues no es más que un instrumento, más grande o más pequeño, pero instrumento al fin y al cabo– procreador masculino, DNI y 50 euros. Paró un coche con conocidos. Les dijeron los tres del coche: “¡Subid! ¿A dónde vais?”. “A dónde vayáis vosotros”, contestaron.

Los jóvenes les comentaron que lo iban a pasar muy bien. Que sabían de un buen rollo y gratis. Corría el vehículo a gran velocidad, y del interior salía música estridente a toda pastilla. Sobre las 23.55 h, después de atravesar una arboleda semicircular llena de hojas verdes, llegaron a un enorme hangar, se bajaron y subieron a un ascensor que bajó. Se abrió la puerta, y en una antesala el camarero les sirvió a todos una especie de vermú con aceitunas, caviar, salmón ahumado… Les indicó que se pusiesen unos pasamontañas negros autoadhesivos. Al poco las jóvenes acompañantes se esfumaron.

Sandra me narró lo anterior, quien en compañía de las otras dos muchachas también desapareció. Mi pareja sentimental y yo fuimos en un taxi con cristales oscuros. Con los ojos sellados con esparadrapo, y con nuestros relojes parados y sin pilas. Nos llevaron a una sala semicircular, y en el centro aparecieron tres jóvenes completamente desnudas. Podrían tener entre 17 y 22 años, pues la hermosura de sus cuerpos así lo denotaba. Bailaban dentro de un aturdimiento de movimientos. Aparecieron tres hombres maduros –que ocultaban sus rostros con pasamontañas de tela fina negros–, que sodomizaron a las tres jóvenes, llevando a cabo toda clase de sevicias sexuales. Desgarradores gritos salían de las gargantas de las tres infelices muchachas.

Los que estaban sentados en el salón y proscenios consumían cocaína, esnifándola por sus narices. Mi pareja y yo abandonamos el recinto ante tal salvaje espectáculo, volviendo en el mismo taxi que llegamos, y con los ojos bien tapados.

A los pocos meses apareció en prensa que “tres jóvenes habían aparecido muertas, con indicios racionales -corroborados por el forense-, de haber sido violentadas sexualmente”. Me dijo mi pareja sentimental que debíamos denunciar lo que presenciamos. Le contesté que poco o nada podíamos notificar: denunciar el lugar en que estuvimos y que desconocíamos, nuestros relojes –ya sin pilas– se pararon a las 23.05 h, y todos los presentes se hallaban con rostros tapados, así como aquellos insaciables enfermos hombres maduros, que protagonizaron el espectáculo macabro. Al final, acudimos a la policía… Éste fue mi primer sueño que… pudo llegar a ser una realidad. Más tarde, y así lo pensé, llegué a la conclusión de que, el narrador que todos llevamos dentro, había descubierto una de las muchas ‘historias para no dormir’.

Efectivamente es una historia de ficción, cuento, leyenda, invención, fantasía, sueño…, o realidad de algún hecho delictivo trágico, que ocurrió en tierras españolas en el año ?, cuyo/s autor/es no fueron aún puesto/s a disposición de los tribunales de justicia españoles. ¡Vaya usted a saber…!

Mi segunda historia es, sin duda, una historia de amor. Ese amor que convive con nosotros todos los días del señor y que nos hace entusiasmarnos, querernos, amarnos, volvernos locos, disgustarnos, y, al final, sentirnos terriblemente nerviosos cuando llegamos a conseguirle. Porque el amor es algo maravillo que nos hace vivir, y vivir quiere decir soñar.

Ésta pudo haber sido, la playa, el día, la hora… en que la historia de dos mujeres se desarrolló. Se conocieron, se amaron, y en las sombras de la noche se dijeron ¡adiós!

Cualquier cosa, cualquier acontecimiento puede ocurrir bajo la bóveda del cielo que albergan las estrellas. Y éste que narro fue uno de ellos. Quizá fue un sueño, una inspiración. ¡Y qué sé yo…! Este capricho, sueño, inspiración o realidad existe desde la noche de los tiempos. Dos mujeres atadas por el amor, porque el amor existe a nivel universal entre gais, lesbianas y heterosexuales… Y es que si alguien no ama en este mundo, posiblemente, esté esperando la muerte.

Sí existe amor pasional entre mujeres: no lo negaré. Nosotras somos casadas, y hubo cómplices en nuestras relaciones sexuales: el otoño, las hojas que son secretos caídos que lleva el viento, la noche con la fuerza que da el amor… Somos almas ardientes, y buscamos lo siempre deseado. Después –quizás… con un ¡hasta luego!– merecerá la pena haber roto el roble amoroso que nos separaba. “Es hora, nuestra hora de los sueños –me dice mi antigua alumna cuando acude a la cita concertada –, de las relaciones carnales anheladas. Todo está escrito. Despojémonos de nuestras ropas, y busquemos sábanas – sin sogas indiscretas – donde yacer cuerpo contra cuerpo”. Su cuerpo de carne viva –cabellos bronceados y ojos con mirada desnuda– me había hecho su cautiva. Veintitrés años sin rumbo, sin límites humanos…

Sí existe amor pasional entre mujeres: no lo negaré. Allí –en las afueras de la gran ciudad– acaeció nuestro bacanal de mohines y carantoñas. La guarida de nuestro encuentro se encontraba al lado de una salvaje playa, tan salvaje como el ánimo voluptuoso –río profundo– que recorría nuestras venas. Desnudos los cuerpos combatieron sin medida –sobre la arena–, vientre contra vientre, pezones contra pezones… Nuestra sangre fue una y abundante sangre de placer. Mis cincuenta años no me perdonaron tanto exceso amoroso, pero las almas se tranquilizan, precisamente, con lo desconocido… con lo que estaba prohibido y hoy es llamado ‘opción sexual amorosa’, aunque el sexo sea el mismo. Belleza, armonía, besos ardientes, besos robados, lenguas insaciables, manos temblorosas y húmedas: he aquí el compendio de tantos y tantos orgasmos habidos. Nuestras manos, nuestras bocas cumplieron su misión.

¡Qué lejos quedaban los caprichos! ¡Qué fríos –helados– nuestros cuerpos! Ambas –nuestras voces– exclamaron: “¡Ay, deleites perdidos y encontrados! Qué lejos de nosotras estuvisteis. Qué próximo el cielo: ¡lo abrazamos! Qué esclavas de los hombres pernoctamos”. Cerca, muy cerca, pulularon testigos las estrellas, y la Luna caprichosa esperaba: humillarnos, inculparnos, violentarnos… Allí, y sobre la playa negra de arena, dos mujeres –madura y joven– sin barreras, valientes, con luz de noche primavera –cuerpo a cuerpo– se entregaron, se amaron, se salvaron…, y llegaron a esculpir sobre una piedra: “Ayer, en tiempo muerto, quizás un instante –sin siniestras intenciones– fuimos más mujeres, en la noche del Dios de las estrellas”.

Una luna débil acariciaba las aguas de la salvaje playa, y las dos mujeres –joven y madura– ya puestas en pie, levantaron sus brazos –amantes antes–, hicieron oscilar sus manos, y se perdieron para siempre, teniendo de testigos las estrellas…

Efectivamente es una historia de ficción, cuento, leyenda, invención, fantasía, sueño…, o realidad de alguna historia de amor -entre dos mujeres, que existe desde la noche de los tiempos-, que ocurrió en tierras españolas en el año x. ¡Vaya usted a saber…!

No puedo evitar soñar porque vivir quiere decir soñar, soñar hasta que despertamos… al renacer de nuestras vidas. Más en los sueños no hay distinción entre los pobres y los ricos, entre los negros y los blancos, entre los religiosos y los no religiosos, entre los que aman y no son amados…, porque, en definitiva, todos logramos tener sueños que pudieron  ser realidad.

La Coruña, 11 de octubre de 2010
Mariano Cabrero Bárcena


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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