Jueves 27 de marzo de 2014,
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Tal vez, la última barbacoa

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CRÍTICA DE CINE / Cine valiente y necesario

Lo sencillo es masticar con los dientes. El reto, lo heroico, es hacerlo con la conciencia. Pero somos cobardes, o tal vez sólo necios, quizás únicamente ignorantes, el caso es que a la vez que portadores de un aparato digestivo de gran longitud, como corresponde a los herbívoros, pero reos de un sectarismo conceptual (y por lo tanto analfabetismo) propio de los humanos preferimos una alimentación carnívora con sus consecuencias nocivas a tener que metabolizar con nuestros recursos cognitivos y morales las de una decisión difícil, por eso valiente, por lo mismo decisiva, y por lo tanto imprescindible, una decisión que implica romper en ciertos aspectos con el sistema, con la comodidad, con seres queridos y hasta, no hasta, ¡sobre todo!, que implica romper con nosotros mismos.

Cocina todos y cada uno de los ingredientes en lo tocante a un hecho tan extendido como cotidiano en la sociedad y arraigado en la cultura: el consumo de carne

La necesaria catarsis que tiene lugar en un proceso de ruptura como el mencionado requiere al menos de tres condiciones me atrevo a decir que indispensables: la predisposición para admitir que lo aprendido y repetido a lo largo de una vida no tiene porqué ser necesariamente lo acertado, la capacidad para reflexionar (ojo, digo reflexionar y no someter a la dinámica de los prejuicios) ante nueva información, y que exista esa información, esto es, el revulsivo y que sea suficiente y veraz.

La película-documental ’La barbacoa’, recién estrenada en salas de cine, cocina todos y cada uno de los ingredientes mencionados en lo tocante a un hecho tan extendido como cotidiano en la sociedad y arraigado en la cultura: el consumo de carne.

‘La barbacoa’ entra por las retinas y los tímpanos pero se procesa, se mastica, con la razón para metabolizarse en la conducta asumida por ética, coherencia e inteligencia. Los rescoldos de ’La barbacoa’ nos queman arrancándonos de la indolencia. Nos hace reaccionar porque abrasa y la resolución es difícil, es valiente, es imprescindible. Se derriten anestésicos, arden las vendas y nuestra reacción rompe con la educación recibida, con el hábito de consumo, con los convencionalismos, con la domesticación, con la alienación, con el nosotros, con el yo… Pero no rompe sino que nos conecta con lo que acaso nunca lo habíamos hecho: con el ‘ellos’. Y es que ellos, siendo el factor más importante, no habían sido tenidos en cuenta como sujetos de derecho en la ecuación alimentaria, simplemente no existían más que como meras herramientas de producción y materia prima.

El trabajo del director y guionista Enric Urrutia demuestra que si algo no hay en ’La barbacoa’ es espíritu comercial (que sí afán de divulgación universal), ni es cobarde, servil, estómago agradecido o un producto cargado de tópicos diseñados a la medida de una moral social tan previsible, dúctil y superficial como la que impera, aunque afortunadamente se percibe un cambio en esa tendencia, de otro modo hubiera sido impensable que una producción de esta naturaleza llegase a las salas de cine.

No un producto cargado de tópicos diseñados a la medida de una moral social tan previsible, dúctil y superficial como la que impera

‘La barbacoa’ desgarra el celofán de lo bonito, de lo amable, o sea, del marketing farsante y cínico, para dejar al descubierto, sin escenas ’gore’ pero clavándose en las entrañas y en la memoria, la verdad de un acto tan habitual y aparentemente tan beneficioso, inocente y placentero como el llevarse un trozo de carne del plato a la boca.

Decía Cervantes que la salud del cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Después de ver ’La barbacoa’ usted sabrá qué es lo que realmente deja entrar en la oficina donde se decide su salud física y, no le quepa duda, buena parte de su salud mental. Eso sin contar lo que supone para otros, para miles de millones de ‘ellos’, para los que clava en su tenedor.

Julio Ortega Fraile
@JOrtegaFr


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