Jueves 19 de enero de 2017,
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Tarsila do Amaral, una visión cubista del arte brasileiro

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‘Operarios’, una de las obras de la brasilera Tarsila Do Amaral

La Fundación March ofrece una exposición sobre el periodo más interesante de esta inductora de las vanguardias europeas en su país

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Tarsila Do Amaral (Autorretrato, 1924)

Cubismo y tropicalismo, geometría y vegetación, campo y ciudad, Europa y América, son algunos de los contrapuntos de la obra de Tarsila do Amaral, una artista brasileña, figura emblemática de la pintura en Brasil, gran introductora de las vanguardias europeas en su país.

Una obra, prácticamente inédita en España, que presenta ahora la Fundación March en una exposición centrada en los años veinte, el periodo más interesante de su trabajo.

El conjunto reúne un centenar de piezas de “una de las figuras clave de una vanguardia todavía mal conocida entre nosotros pero cuyas contribuciones más significativas son de lo más importante que ha dado el continente americano a la cultura moderna” según Juan Manuel Bonet, comisario de la exposición.

La selección pone el foco en “su deslumbrante período central”, los años veinte, vividos entre Sâo Paulo y París, con un final simbólico en Moscú (a donde viajó en 1931). El recorrido subraya sus conexiones vanguardistas en la capital francesa, su aprendizaje con pintores como André Lhote y Fernand Léger, y su amistad con algunos poetas franceses de vanguardia (especialmente, con Blaise Cendrars). Exótica, sofisticada y cosmopolita, Tarsila “bebió” el cubismo parisino y se alimentó de la vanguardia europea. De vuelta a Brasil digirió lo aprendido en un reencuentro con los colores y formas de su infancia hasta configurar una imagen de Brasil que hoy permanece.

Brasil, años 20

La exposición sitúa al espectador en el contexto de los años veinte en Brasil, en una sala de introducción que presenta a la artista en su contexto y el panorama artístico brasileño de los años veinte, con trabajos de algunas de las figuras más sobresalientes del modernismo brasileño, además de otros materiales documentales. Como señala Haroldo Campos en el catálogo, la Tarsila de los años 20 descubrió la picturalidad a través del cubismo. Una pintura literal, “la pintura de la pintura”, aquello que hay específicamente pictórico en la pintura, lo que los formalistas rusos entendían como literalidad, que le permitió realizar una lectura estructural de la visualidad brasileña.

La selección (100 obras) pone el foco en “su deslumbrante período central”, los
años 20, vividos entre Sâo Paulo y París, con un final simbólico en
Moscú, a donde viajó en 1931

La artista reducirá todo a simples elementos básicos, codificando en clave cubista el paisaje ambiental y humano brasileños, y al mismo tiempo redescubrirá el país. “Devoró las técnicas importadas y las reelaboró al modo brasileño, con resultados nuevos”. Para Tarsila el color no era elemento naturalista, de contenido, era, sobre todo, un elemento de forma, un formante, un color estructural.

Nacida en 1886 en Capiavari, Estado de Sâo Paulo, en una familia acomodada, fiajará por vez primera a Europa en 1902 y pasaría dos años interna en Barcelona. Vuelve a Brasil, se casa y trabaja en el taller del escultor sueco William Zadig dentro de la tradición más académica. En 1920 viaja de nuevo a Europa y se instala en París y visita de nuevo España. Regresa a Brasil y a final de 1922 vuelve a París y viaja por Portugal y España. Se relaciona con artistas como Leger, Brancusi, Gleizes, Cocteau, Satie y hace prácticas en el taller de Legar.

En 1923 vuelve a su país y manifiesta su interés por desarrollarse como artista brasileña. “Soy profundamente brasileña y voy a estudiar el gusto y el arte de nuestros caipiras. Espero, en el campo, aprender con quienes aún no han sido corrompidos por las academias”.

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