Jueves 29 de septiembre de 2016,
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Toros, hipocresía y… ¿libertad?

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Barcelona, antigua plaza de toros reconvertida en centro comercial

OPINIÓN / Ahora que acaba de empezar la nueva temporada taurina, quizá de nuevo se reproduzca ese debate en el que algunos utilizaron la palabra libertad de una forma, como mínimo, frívola y fuera de lugar

Hay palabras o expresiones que dichas alegremente o sin sentir realmente su verdadero significado hacen que aquellos que las pronuncian fuera de contexto se retraten, de alguna forma, frente a todos aquellos que los rodean.

Digo esto porque durante el último año, y a raíz de la prohibición en Cataluña de las corridas de toros, son muchos los que han clamado a los cuatro vientos que “yo creo en la libertad”. Esto, sin duda en otro contexto o en otras circunstancias sería algo digno de elogio, pero si uno comprende al menos el aparente doble sentido que puede llegar a tener dicha expresión precisamente por el contexto en el que se pronuncia, uno deduce fácilmente que algunas de estas personas pueden estar insinuando sin ningún tipo de vergüenza o rubor que todos aquellos que están en contra de este festejo porque consideran que se maltrata a un animal, en este caso el toro, son algo así como una especie de dictadores que se ‘saltan a la torera’ el significado de esa maravillosa palabra llamada libertad.

Cuando pienso que se está tachando indirectamente de dictadores a gente que durante toda su vida ha luchado por la libertad, a la mente me vienen otras palabras como desvergüenza, partidismo, sinrazón

Pero lo más curioso del caso es que mucha de la gente que está en contra de la fiesta de los toros también lo está de todo tipo de dictaduras, ya sean de derechas como lo fue la de Franco, o de izquierdas en el caso de la de Stalin, por poner tan sólo un par de ejemplos. Pues bien, ahora resulta que muchos de estos defensores de la justicia, de los derechos humanos, y de la equidad, se han convertido de la noche a la mañana en pequeños dictadores que no respetan a sus semejantes. Pero aún hay más, pues en la actualidad y en pleno siglo XXI, algunos de los personajes que se están llenando la boca con la palabra libertad a raíz de esta prohibición todavía no han sido capaces de condenar públicamente un régimen fascista como el del general Franco, posicionándose además totalmente en contra de recuperar la memoria histórica más reciente de nuestro país. Eso sí, se escudan en que no hay que remover el pasado, pero sin embargo están de acuerdo en que hay que conservar (menos mal que esto sí lo apoyan) lugares como Auschwitz para que así el conocimiento de la historia haga que atrocidades como el nazismo no se vuelvan a repetir. En fin, yo no sé de qué forma llaman ustedes a esto, pero a mí la primera palabra que me viene a la mente es: hipocresía. Sí, esa es la primera palabra, pero cuando pienso que se está tachando indirectamente de dictadores a gente que durante toda su vida ha luchado por la libertad, de repente a la mente me vienen otras palabras como desvergüenza, partidismo, sinrazón, injusticia y tantas otras que a estas alturas ya no merece la pena pronunciar.

Así pues, en este tema de los toros no seré yo el que le ponga calificativos a las ‘aficiones’ de cada persona, pero eso sí, al menos me gustaría que se respetase la opinión de los que no están a favor de este tipo de festejos no tildándolos indirectamente de lo que no son y, sobre todo, agradecería que nadie utilizase demagógicamente este tipo de situaciones para sacar algún rédito electoral (supongo que la mayoría de ustedes ya me entienden).

No creo que produzca el mismo tipo de sentimiento contemplar un cuadro o asistir a una representación teatral que presenciar en directo la tortuosa muerte de un animal por más pases de verónica que se le den

¡Ah!, y un último apunte, a pesar de que tal y como acabo de decir, no pretendo juzgar en este artículo las aficiones de nadie, entre otras cosas porque mi opinión personal tampoco contribuiría a solucionar el problema, sí diré en cambio que somos muchos los que quizá podamos entender, que no apoyar, que haya gente que defienda que la fiesta de los toros es una tradición y que, por lo tanto, forma parte, en cierto modo, de las raíces de una determinada sociedad. Pero de ahí a denominarla cultura creo que media un abismo, pues sinceramente no creo que produzca el mismo tipo de sentimiento contemplar un cuadro o asistir a una representación teatral que presenciar en directo la tortuosa muerte de un animal por más pases de verónica que se le den (bueno… al menos eso es lo que espero, que en el fondo no produzca la misma sensación).

Por cierto, y dejo la pregunta en el aire, ¿se imaginan que hoy en día admitiéramos, sólo por el hecho de formar parte de la tradición de aquella época, que las luchas a muerte de los gladiadores, así como otro tipo de hechos acaecidos en el Coliseo, forman parte de la cultura? En fin, no sé a ustedes, pero a mí, sólo pensarlo, me produce escalofríos.

Víctor J. Maicas es escritor

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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

2 Comentarios

  1. Bordas 14/03/2012 en 8:02

    MUY BUEN ARTICULO Y ESTUPENDA REFLEXIÓN. SIEMPRE ES BUENO REFLEXIONAR, Y MÀS TODAVIA CUNADO ALGUNOS ALVIDAN PREMEDITADAMENTE EL VERDADERO SIGNIFICADO DE ALGUNAS PALABRAS

  2. TONY 13/03/2012 en 22:18

    No estoy especialmente a favor de la fiesta taurina, pero mezclar dictadura, campos de concentración…….. me parece ridículo. Respetemos a todos.
    y por favor no hablemos de cultura ni la mezclemos aquí…. por que sino esto se convierte en un colacaooooo!!!!!

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