Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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Torturar es una peste

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Guantanamo es buen ejemplo de hasta qué punto el hombre es una fiera para otro hombre. ¡Hasta qué punto los seres humanos son capaces de ejercitar la violencia!

Vencedores o vencidos, salvadores o perdedores: ¡qué más da! Si la guerra contra Irán se pone en marcha o, por el contrario, Irán la comienza, no me cabe la menor duda de que los humanos –que presumimos de ser animales racionales–, volveríamos a torturar y a expandir la tortura como si de una peste se tratara.

Sería importante reconsiderar, el cómo podría evitarse que las torturas de Guantánamo u otras venideras no se produjesen nunca más. Pero, claro está, se pregunta uno quién o quiénes de los agentes de los servicios de inteligencia mundiales –de los distintos países del mundo, y que los poseen en activo–, estaría/n dispuesto/s a denunciar las aludidas torturas, si éstas se produjeran: torturar es como una peste, que se propaga con la alianza de los vientos y la oscuridad de la noche.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes

Y es que en la prisión de la base militar estadounidense de Guantánamo (Cuba) se practicaron torturas a los prisioneros, al objeto de sacarles información con respecto a Osama Ben Laden. Dichas torturas también se llevaron a cabo en Irak. El Pentágono, y en su día, reconoció el ejercicio de estas prácticas, así como la ONU miró hacia otro lado.

Cuando aquellas torturas se llevaron a cabo, que pudieron ser evitadas, existía una connivencia perfectamente orquestada entre EE UU y el Reino Unido. Lo que un país hacía, el otro lo sabía perfectamente, y viceversa. Porque no es humano ni ético -observar y saber– el cómo y el porqué torturan a un semejante nuestro, y hacer mutis por el foro. Por aquello de que debemos mantener o no poner en peligro las informaciones confidenciales –¡top secret!– que podamos poseer del lugar donde se están llevando a cabo las torturas.

Pero como sigo pensando que torturar es una peste, ésta es contagiada a la velocidad del rayo –en línea directa–, entre la nación torturadora y la nación o naciones que tienen elementos de juicio bastantes para saber que se está torturando. La Declaracion Universal de los Derechos Humanos (de 10 de diciembre de 1948, según resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas), nos dice en su Art. 3: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Hay que tratar de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer.

Porque, y cierto es, que nada en este mundo es tan inhumano como cuando un niño/a indefensos son maltratados brutalmente. Como cuando una mujer es violada por un individuo o en cadena por una manada de desaprensivos hombres. Como cuando un ser humano hombre/mujer es torturado por sus verdugos, que sólo buscar el placer de torturar por torturar: es el hombre que se ha convertido en un arma de destrucción masiva.

De buenas palabras e intenciones está el mundo lleno, y los estados del Globo Terráqueo así nos lo hacen saber. Tantas y tantas informaciones perversas e inhumanas que los ‘medios de comunicación’ nos hacen llegar, y a la velocidad del rayo, que –piensa uno– el mundo en el que vivimos no se estará convirtiendo en una selva amazónica, donde prevalece la ley del más fuerte.

Cuerpos desnudos hacinados, disparos indiscriminados, convivencias en las mazmorras con los propios excrementos, cubrimientos de cabezas, etc., son hechos consumados en la cárcel iraquí de Abu Ghraib

La II Guerra Mundial, que comenzó Alemania, nos demostró hasta que punto el ser humano es capaz de martirizar, degradar, torturar, violar, etc. a los prisioneros de guerra –mujeres y hombres–, como se demostró en los campos de exterminio de judíos por tierras europeas. Y es que el hombre es una fiera contra el hombre, porque los animales matan para alimentarse, pero los seres humanos matamos y torturamos por el mero placer de torturar y matar. Cuerpos desnudos hacinados, disparos indiscriminados, convivencias en las mazmorras con los propios excrementos, cubrimientos de cabezas -¿violaciones?-, son hechos consumados sobre prisioneros de guerra en la cárcel iraquí de Abu Ghraib. Bajo estas condiciones infrahumanas –aplicadas en la base cubana de Guantánamo también-, los prisioneros -sean o no sean terroristas- acabarán sus vidas con sus mentes al borde de la locura. Y es que más allá del dolor existe el miedo, miedo a morir, miedo a perder la cabeza…, miedo, siempre miedo.

La Coruña, 15 de noviembre de 2010
Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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