Sábado 10 de diciembre de 2016,
Bottup.com

Tranquilidad y buenos alimentos

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Los cuatro hijos de Don Pablo

En la comunidad de El Naranjo se sienten salvadoreños y tienen documentación de ese país pero pertenecen a Honduras

Mi estancia en la casa de don Pablo, en la comunidad de El Naranjo (La Paz), fue muy placentera y realmente tranquila.
La vivienda es de adobe y tiene tres estancias (dormitorio común,
salón de estar con una hamaca de lado a lado y cocina). En la sala
principal cuelgan de las paredes el certificado de matrimonio, un
escudo de El Salvador y varios dibujos de los niños. Don Pablo y su
mujer, Carmen, tienen cuatro.

Afuera hay un porche con banquitos de madera y los árboles que el anfitrión disfruta cultivando: piña, mango, eucalipto, manzano, naranjo… Al otro lado están el lavadero y la pila del agua, así como un pequeño retrete ubicado en un cubículo de madera.

Los horarios de comida distan bastante de los habituales. Se desayuna a las 7, se almuerza a las 12 y se cena en torno a las 18 horas como muy tarde. A las 22 horas todos duermen. Durante esos dos días, comí frijoles, arroz, tortas y café de maíz, pasta, patatas y tortillas hechas con huevos recién puestos por alguna de las 12 gallinas o los dos patos de la casa. También tienen un perro llamado Tunco, que significa “sin cola”.

El sábado por la tarde asistimos a la reunión con los representantes de las 51 familias beneficiarias del proyecto de construcción de nuevas viviendas. Nos dieron una bonita bienvenida como “nuestros amigos/hermanos españoles” y, a pesar de ser personas de naturaleza silenciosa, conversaron con nosotros en algún momento. Allá una buena plática es más importante que las cosas materiales de las que prescinden (televisión, radio, internet, coches, etcétera) y muchas veces da la sensación de que simplemente están, eso que el estrés no nos deja hacer en el Viejo Mundo.

De este proyecto de ACOES (www.acoes.org) visitamos la casa modelo y a una docena de las familias implicadas en él, que esperan estrenar sus nuevos hogares antes de que finalice 2007. El viaje a la comunidad lo aprovechamos para transportar gran cantidad de cajas que expresamente para ellos se habían enviado desde las Islas Canarias. No hay que dudarlo: la ayuda llega.

Una última curiosidad. Estos campesinos, que viven de cultivar su propia tierra (pocos casos) o la de algún terrateniente, viven entre dos mundos y a la vez en el suyo propio. Los nacidos hace 13 años son hondureños pero los mayores de esta edad tienen documentación salvadoreña porque hace un tiempo esta zona era del país vecino. Se sienten salvadoreños y tienen documentación de ese país pero pertenecen a Honduras. Un calvario a la hora de pedir prestaciones, pues ambos países se las deniegan.

La experiencia en comunidad ha sido fantástica… espero repetirla pronto. Tal vez alguno de estos fines de semana.

El artículo en imágenes

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La ayuda llega: una niña recibe el envío de su padrino español
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Ana cenando con Carmen, una de las hijas de don Pablo

 

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‘Carro’ en el que nos trasladamos, con la ayuda llegada de Canarias en la paila (parte trasera)

 

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Visitando a los beneficiarios del proyecto

 

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Don Toñito, un vecino de la comunidad y una gran persona

 

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Así son sus viviendas actuales

 

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Hablando con los vecinos de El Naranjo

 

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Ana con unos niños

 

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