Domingo 26 de marzo de 2017,
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Transparencia, códigos éticos y subvenciones

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Una defensa de las pequeñas ONG y su labor frente a la tiranía del dinero público

Opinión

Ahora la moda mediática es que aparezcan en los periódicos informaciones sobre lo ‘malas‘ que son algunas ONGs y de cómo se apropiaban del diner
Ahora la moda mediática es que aparezcan en los periódicos informaciones sobre lo ‘malas‘ que son algunas ONGs y de cómo se apropiaban del dinero que, supuestamente, estaba destinado a alguna actividad benéfica (perverso término, por otra parte). Todo lo cual parece que tiene ciertos visos de verdad.

Conclusión, ya no hay nadie ‘limpio‘, ni tan siquiera esas organizaciones que nos ayudan a todos, o al menos a una gran parte, a dormir bien por las noches después de haber firmado un documento por el cual te comprometes a que un niño, una niña o incluso un pueblo entero reciba una ayuda, un apadrinamiento le dicen, para que pueda estudiar, comer, tener médico o vete tú a saber qué.

Y claro, ahora puedo dormir bien de nuevo, después de una pequeña desazón, porque no hay nadie que realmente esté haciendo una labor ya no digo social, si no humanitaria; estoy libre de hacer de mi capa un sayo y no perder un segundo de mi valioso tiempo en pensar en desequilibrios económicos, en hambres, en guerras o en injusticias varias y marchar alegremente al Carrefur a comprarme la última moda importada de Taiwan.

Pero hablemos un poquico sobre esto. Acabo de leer que “… tres grandes ONGs han hecho un llamamiento público para que las organizaciones españolas de este tipo suscriban un código de transparencia…” en las cuestiones de financiación, gestión y toma de decisiones que, debe ser según ellas, democrática. Perfecto. Creo que a este tipo de llamamientos los seguimos todos, al menos de manera formal, trabajemos en una ONG, en un ayuntamiento o en una pollería. Pero el problema es ¿qué pasa con las organizaciones locales, pequeñas, que dependen en gran medida o absolutamente de las subvenciones que ofrecen las distintas administraciones públicas?

Más del noventa por ciento de las asociaciones que prestan algún tipo de servicio social o cultural en nuestro país son de este tipo: organizaciones pequeñas, que rayan el límite de la supervivencia

 

Más del noventa por ciento de las asociaciones que prestan algún tipo de servicio social o cultural en nuestro país son de este tipo: organizaciones pequeñas, que rayan el límite de la supervivencia y que realizan una ingente labor que los servicios sociales, culturales, juveniles, etc. públicos han dejado de prestar. Al margen de la ética que esto supone, o de su falta por parte de las adimistraciones públicas, este tipo de asociaciones, sin ánimo de lucro, están manteniendo una red que, si desapareciera, ciertos sectores se verían hundidos en la miseria: por poner un ejemplo, el de las personas con discapacidad psíquica.

Estas organizaciones salen muy baratas. Por una parte, los llamados recursos materiales corren por cuenta de ellas; por otra, los humanos, también. El Estado (central, autonómico o municipal, es lo mismo) se ahorra sueldos (y funcionarios y personal que exigirían unas condiciones mínimas de formación y salario), infraestructuras (en buenas condiciones y con todos los servicios; si no fuese así, ya se encargarían los trabajadores de protestar) y desgaste político (ante un problema con el “servicio”, por ejemplo, una guardería infantil, la autoridad competente se refugia en un “no teníamos conocimiento de ello” y “lo arreglaremos enseguida” cambiando la organización que presta dicho servicio y no el sistema). Y en última instancia, poco a poco, destruyendo el sistema de protección social que debe de asumir el Estado y privatizando (me refiero a nivel empresarial, porque de hecho ya está privatizado al no ser público) los sectores que pueden generar beneficios y abandonando a su suerte al resto.

Salen muy baratas. La Administración se ahorra sueldos, infraestructuras y desgaste político a cambio de pequeñas subvenciones que se deben completar con un gran esfuerzo particular para dar resultados

 

Pero el asunto no termina aquí. Aceptemos por un momento que este sistema de subvenciones, en donde las personas que prestan los distintos servicios están subcontratadas, con unos salarios miserables sin ningún tipo de convenio por el que regirse, los locales, en el mejor de los casos, no reúnen las concidiones medias y la precariedad, en suma, es permanente. Aceptemos como digo esta situación en la que la mayoría de las veces las cosas se hacen gracias a personas que sí tienen un mínimo ético que les impide “dejar en la estacada” a las personas que utilizan estos centros o servicios, a pesar de que no cuenten con apenas salarios ni casi recusos materiales, he de decir que la administración juega sucio porque las subvenciones, cuando llegan, llegan tarde, o mal, y la justificación de las mismas es un clavario cuando no directamente falsa.

Me explico. Las subvenciones, como cabría esperar, no se ofertan el primer día del año y se resuelven en la primera quincena del mismo, si no que, en el mejor de los casos, salen publicadas en los distintos boletines oficiales en la primera mitad del año, es decir, entre abril y mayo, la tramitación y la toma de decisión por parte del gobierno de turno se produce en un plazo de noventa días (hacia junio-julio) y el dinero llega a los treinta días de publicada la decisión (agosto-septiembre). La justificación de las subvenciones suelen tener que realizarse entre octubre y la primera mitad de diciembre, dependiendo de los casos, lo cual significa que hay que haber hecho el gasto del dinero, y presentar facturas de ello, en algunos casos en un solo mes.

La justificación de las subvenciones suelen tener que realizarse
entre octubre y la primera mitad de diciembre, dependiendo de los
casos, lo cual significa que hay que haber hecho el gasto del dinero, y
presentar facturas de ello, en algunos casos en un solo mes.

Y no olvidemos que las solicitudes económicas son para los gastos de todo el año. Solución: facturas falsas (o apañadas por alguna empresa amiga). De esta manera se “libera” el dinero para el año siguiente en el que nos volveremos a encontrar en esta situación. Obviamente todo el mundo conoce estas prácticas, en primer lugar los políticos que hacen las leyes y crean estas situaciones que son, como mínimo, perversas por no decir miserables. En este sentido, es conocido el caso de una cierta consejería de juventud que entregó el
dinero de las subvenciones dos semanas después de exigir la
justificación (y las facturas) de dicha subvención…

Y en medio de todo esto, gente que necesita esos servicios (por poner otro ejemplo, mujeres maltratadas en centros de acogida), gente que trabaja para ofrecerlos en condiciones que se asemejan a la “santidad” (trabajadoras sociales, psicólogas y enfermeras que desarrollan su labor con prostitutas de la calle), gente que pelea para que la sociedad en la que vivimos sea más habitable (voluntarios que trabajan con niños en situación de exclusión social)… Desde aquí un homenaje a todos ellos.

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2 Comentarios

  1. Anónimo 23/04/2007 en 8:57

    Una perspectiva diferente
    Aprecio enormemente la intención, pero al contrario que Aure no me parece un buen análisis de la situación del llamado tercer sector en España.
    Por supuesto, a nivel global, el principal problema es, efectivamente que cubren espacios que debería ocupar el Estado (la referencia a los discapacitados psíquicos no es un buen ejemplo a día de hoy con la entrada en vigor de la nueva Ley de Dependencia). En segundo lugar la no profesionalización de la mayoría de las personas que prestan estos servicios. Realizan labores para las que deberían tener más conocimientos y que además deberían ser remuneradas, ocupando puestos de trabajo que no les corresponden y para los que en muchas ocasiones no están formados (cuestión a parte y fuera de duda está la intención y solidaridad con la que realizan esta labor).
    Por supuesto que más del 90% de las organizaciones son pequeñas, pero el trabajo que realizan es muy inferior. Son las grandes organizaciones las que copan el trabajo y las subvenciones (podéis comprobar datos de la AECI, por poner un ejemplo). El dinero está concentrado en muy pocas manos, según criterios de “eficacia”.
    Eso sí, te aseguro que las condiciones laborales (en general) de los trabajadores no son tan negativas como las pintas. Siempre teniendo en cuenta que personal laboral hay poco (ya sabemos que se nutren de voluntarios). De hecho en muchas subvenciones se exige un mínimo de personal contratado.
    Las justificaciones y demás no sobran un ápice, otra cosa es que debido a la multiplicidad de administraciones que existen, alguna de ellas no funcione correctamente (no olvidemos que este tipo de subvenciones parten del gobierno central, de cada uno de los ministerios, de diferentes agencias u organismos autónomos, de Comunidades Autónomas -tb con las ramificaciones anteriores-, de Diputaciones, de Mancomunidades, Fondos Municipales de solidaridad, Municipios…).
    Indepencientemente de las labores solidarias que realizan las pequeñas ONG’s, para mí su valor intrínseco es que son fundamentales para la creación de tejido y de cohesión social. Mucho más preocupante me parece las prácticas de algunas de las grandes asociaciones, como es el caso de la Cruz Roja Española (nada que ver con el Comité Internacional de la Cruz Roja) que hace cuatro años se llevaba el 80%!! de las subvenciones de la AECI, que alquila hospitales a los servicios de salud de diferentes CCAA, que se jazta de su independencia pero que cuenta en su Junta Directiva con dos miembros que son nombrados por el Gobierno, y que gracias a sus voluntarios (socorristas, primeros auxilios, retenes antiincendio) cubren parcelas que debería ocupar el Estado (sin olvidar que por este tipo de servicio los voluntarios no cobran, pero sí cobra Cruz Roja).
    Bueno, habría tanto más que comentar… pero ya he aburrido bastante.
    Saludos

  2. Anónimo 15/04/2007 en 8:18

    Excelente análisis, sin duda. Nunca fui muy partidario de la proliferación d elas ONG por eso mismo: sustituyen un papel que debe asumir el Estado. Los ciudadanos pagamos impuestos (a veces pienso que los de clase media mucho más que lso de arriba) para que entre otras cosas se corrijan las desigualdades sociales que genera el sistema económico. Si, encima, el estado no lo hace y debemos aportar más dinero a titulo individual (y si no lo hacemos somos insolidarios), algo falla. Pero es cierto que mientras el estado siga abusando de este sistema, los peor parados son esas pequeñas ONG que citas. Es muy perverso.

    Muy buen artículo para abrir los ojos a la gente, muchas gracias por él.

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