Martes 06 de diciembre de 2016,
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Trapicheo político

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Las actitudes de nuestros políticos provocan abstención y pasotismo, como en los referendums catalanes de estos días

La política en este país da verdaderamente para mucho. En estos días el ajetreo ha sido promovido por unos referendums sin ninguna vinculación en Cataluña. Pero lo significativo es que una parte de las fuerzas políticas, que daban su más incondicional apoyo a la causa, musicado a bombo y platillo, ya estaban a la greña a la mañana siguiente. Han aparecido claramente sin caretas y con las cartas descubiertas.

La división política en el país es patente, la aglutinación de votos es el máximo objetivo: el egoísmo, nepotismo y egocentrismo de unos mandatarios que solo aparecen para acumular poder. A diferencia de unas bases que verdaderamente son ideológicas, altruistas y que ponen todo el empeño en realizar

Nuestros políticos se han convertido en los ‘Señores Feudales del siglo XXI’, haciendo buena la máxima romana de ‘pan y circo’

el sueño de participación en el proyecto ideológico deseado.

Vergüenza ajena da ver a nuestros mandatarios en actitudes déspotas, que llevan a la abstención y al pasotismo popular: un 65% aproximado ha dado la espalda al sistema, un sistema que solo favorece a las listas cerradas y al bipartidismo, que hace listas como ‘Pepito y sus amigos’ y favorece la corrupción, desmanes, amiguismos, etc. Estas situaciones convierten a nuestra joven democracia en una dictadura, amparada por el marco parlamentario, teniendo en cuenta que solo votando la familia ya es válido. El inmovilismo constitucional desde el 78, con más de treinta años a la espalada, es intocable, pues los poderosos perderían sus ventajas y nepotismos, un triste favor a la libertad.

El pueblo solo es necesario para realizar la pantomima de certificar cuatro años más de trabajo y poder, para unos políticos que la misma noche electoral ya se han olvidado de sus votantes.

El escándalo va más allá en estos momentos difíciles, donde el pueblo pasa por penurias por culpa de una crisis mundial, los poderosos continúan amasando grandes fortunas y sueldos descomunales, y saltándose a la torera la justicia, mientras la gente del pueblo tiene que pagar por la acción de un sistema que ha sido reflotado sin pudor por los gobiernos.

Y es que el pueblo siempre acaba haciéndose cargo de los desmanes de los poderosos.

Los trapicheos políticos están a la orden del día, se han convertido en los ‘señores Feudales del siglo XXI’ y tienen la convicción de que palabras provenientes de la antigua Roma hoy están más vigentes que nunca: ‘pan y circo’ y a callar.

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