Lunes 05 de diciembre de 2016,
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Tres deseos electorales

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OPINIÓN / Si en esta época de elecciones algún colombiano cuerdo llegara a tropezar con la lámpara de Aladino, podría agotar sus tres deseos en pedir al genio claridad sobre la cuestión electoral

La situación del país podría ser comparada con Aladino, cuando fue encerrado por el brujo en aquella cueva oscura y tenebrosa. Así, puede que se sienta la mayoría de colombianos frente al panorama de las elecciones 2010: un panorama negro, confuso, ambiguo y lleno de incertidumbre. Sin embargo, algunos no pierden la esperanza de que al menos la cueva se llene de luz.

Primer deseo

Existen sujetos mayores de 110 años que van a estar en las urnas votando el próximo mes

En el caso hipotético en que un colombiano astuto lograra encontrar aquella vieja lámpara de aceite, su primer deseo sería que los colombianos se enteraran de las cuatro situaciones que han prendido las alarmas contra el fraude en las próximas elecciones. Un número de irregularidades han sido encontradas por la registraduría, lo que ha dado pie a pensar en las catastróficas votaciones que se podrían tener el próximo 14 de marzo.

La primera situación trata de personas mayores de 100 años en el censo electoral. Al parecer, un gran número de individuos nacidas antes de 1900 están todavía en el censo. Lo que ha dado a pensar que existen sujetos mayores de 110 años que van a estar en las urnas votando el próximo mes.

Por otro lado, el segundo acontecimiento hace referencia a jurados que no existen. Un estudio demostró que del número de jurados escogidos, ocho de esas personas están muertas, y, como es debido, se tuvo que proceder a nombrar a los nuevos jurados para evitar que algunos vivos los remplacen.

A continuación, la tercera situación: los inscritos que no son candidatos. Algunos cálculos preliminares divulgados en los medios han dado cuenta que, de las 2.693 personas que se inscribieron como candidatos al Congreso, al menos unos 400 no han legalizado su candidatura.

Y el cuarto y último hecho por nombrar hace referencia a los candidatos tumbados por sus electores. Algunas personas en el Atlántico recibieron una suma de 50 mil pesos para que se registraran en diferentes lugares, pero como entre cielo y tierra no hay nada oculto, el derribe fue para los candidatos, porque las personas sólo podrán votar en el último lugar donde fueron registradas.

Segundo deseo

De las 2.693 personas que se inscribieron como candidatos al Congreso, al menos unos 400 no han legalizado su candidatura

El segundo deseo haría referencia a la manera en que se están viviendo las elecciones entre los mismos políticos. Estos parecen haber adoptado una tónica de todos contra todos. En Colombia empieza a hacerse visible el modelo estadounidense que consiste en intentar desprestigiar al otro con pequeños chismes. El candidato a la presidencia Sergio Fajardo opina que “Los insultos no dejan nada bueno y al final las tesis se imponen por encima de los agravios”.

Y en cuanto a los ciudadanos, en algunos casos, los insultos han desalentado a la población, que optan por la abstención, y en otros han generado mayor interés en la contienda.

Finalmente, frente a las agresivas campañas que se han desarrollado, la principal problemática es que queda poco espacio para hacer acuerdos sobre temas fundamentales. Una campaña polarizada termina por enterrar la discusión sobre los programas de los candidatos. Parece que los colombianos se encuentran mejor informados sobre las peleas entre los políticos y no sobre sus propuestas. Este segundo deseo haría referencia principalmente a que los candidatos tomaran una mejor postura frente las elecciones.

Tercer deseo
El tercer y último deseo sería que la lámpara de Aladino nos iluminará desde el paradigma de Aristóteles basado en el ‘ser’, para ‘hacer’ y luego ‘tener’, porque este está funcionando al revés.

Frente a las agresivas campañas que se han desarrollado, la principal problemática es que queda poco espacio para hacer acuerdos sobre temas fundamentales

Hoy en día, el valor actual de una campaña para el Senado supera los 1.500 millones de dólares y para Cámara los 800 millones de dólares, demostrando que las campañas electorales parecen ser palabras que dicen nada y valen mucho. Así pues, se considera que en el país para llegar al congreso lo importante es ‘tener’ dinero, para poder ‘hacer’ campaña y así llegar a ‘ser’ lo que algunos han llamado políticos.

Por el momento, el sistema no va cambiar, pero los ciudadanos antes de votar sí se podrían preguntar primero ¿quién es este candidato?, ¿qué va hacer?, y así sí definir si lo quieren tener como digno representante. En realidad, este tercer deseo iría directamente asociado a la población. Sería magnífico que la ciudadanía fuera más responsable a la hora de su elección y recordaran el paradigma aristotélico. ¿No cree usted individuo-ser, que si de pronto ‘hace’ uso de este consejo, podremos ‘tener’ mejores gobernantes? Y así evitaríamos que el desencanto rutinario regrese cada cuatro años.


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