Martes 17 de enero de 2017,
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En casa de Alessia

TEGUCIGALPA.- Visitar enfermos empieza a convertirse en una costumbre que he adquirido gustosa, así que el lunes 16 de julio, por la tarde, Marta (estudiante de Medicina), Leo (profesor de Matemáticas) y yo visitamos enfermos en la colonia La Trinidad, un lugar inseguro y de bajos recursos económicos.

Como sucedió en Comunidad Social, nos acompañó Cándida, esa hondureña
que se ha convertido en nuestro ángel guardaespaldas en las salidas a
zonas peligrosas. A Cándida parece que la conoce todo el mundo y, a su vez, ella conoce a todos cuantos nos encontramos. Por eso, aunque estaba fuera de ruta, primero compartimos un rato con Alessia y su familia. Esta niña de cinco años tiene malformaciones en la cara y en todas las extremidades, porque su madre sufrió preclamsia en el embarazo, pero es una chiquilla despierta e inteligente que ya está en la guardería y que ha recibido clases de estimulación temprana.

 

Después vimos un par de niños con fiebres muy altas,  cuyos padres estaban realmente preocupados y lo que es peor, desorientados y sin poder pagar medicinas o una consulta. En ese momento me encantó ver que hacían todo lo que les decíamos (paños fríos en frente y muñecas, toma inmediata de una dosis de paracetamol, líquidos abundantes, etcétera). Sentí que nuestro trabajo, además de necesario, tenía una repercusión inmediata y era útil. El mío también, pues a pesar de no ser médico, me he dado cuenta de que con la culturilla médica que tiene un español medio es posible ayudar a un doctor a explicarles por qué tienen esos síntomas y cómo deben ingerir las medicinas.

 

“Creo que es más importante compartir algo de tiempo con ellos y que
se sientan escuchados e importantes, que el mero hecho de revisarles y
darles medicinas”

Continuamos viendo enfermos de dengue. Al principio me impresionaba verlos, pues es una enfermedad tropical, endémica en América Central, pero ya estoy acostumbrada. Además, a veces creo que es más importante compartir algo de tiempo con ellos y que se sientan escuchados e importantes, que el mero hecho de revisarles y darles medicinas. Cuando ya has visitado varios te das cuenta del que necesita más de lo primero o más de lo segundo. Y así ocurrió con unos ancianos, que estaban todos congregados en una casa esperando nuestra llegada. Acceder a las viviendas es a veces difícil, pues hay que sortear obstáculos o subir y bajar cuestas muy pronunciadas, pero ver su cara cuando llegas es reconfortante.

 

La nota graciosa de la tarde la puso un loro que estaba subido sobre una rueda que colgaba del techo del porche de una casa. ¡No podíamos creer que ese “hola”  tan nítido y femenino surgiera de aquel ave! También sabía decir “Carmen” y silbar al modo tradicional en el que se piropea a una mujer, así que yo intenté que dijera otras cosas. Fue inútil, pero descargamos las tensiones de toda la tarde.

El artículo en imágenes

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Alessia jugando en el suelo
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Dos niñas de la colonia La Trinidad.
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Los ancianos nos esperaban con muchas ganas
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Marta revisa a un niño que tenia mucha fiebre

Recursos:
-Web de ACOES: www.acoes.org

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