Sábado 05 de abril de 2014,
Bottup.com

Tu derecho es mi deber

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (1 votos, media: 10,00 de 10)

 

Mariano Rajoy

Mariano Rajoy

Creo que en los tiempos que corren, el debate social está tomado un sentido demasiado unidireccional. Se habla mucho, aunque nunca parece suficiente, de derechos, pero muy poco de deberes, la cuestión es que unos y otros son las dos caras de la misma moneda, ambos deben ir unidos de forma indisoluble ya que se dan sentido mutuamente.

Cuando hablamos de justicia social hablamos del derecho de cada uno a que los bienes sociales disponibles sean repartidos de forma equitativa, pero hablamos al tiempo del deber que alguien tiene de hacer que esto sea posible

Y es que alguien tiene que asumir como deber respetar las vidas de los demás para que otros puedan ejercer el derecho a que su vida sea respetada. Alguien debe asumir el deber de defender a un acusado para que este pueda ejercer su derecho a ser defendido y así con todos los demás. Por eso, la Declaración Universal de los Derechos Humanos bien podría llamarse ‘Declaración Universal de los Deberes Humanos’, es decir, un conjunto de obligaciones que todo aquel que se considere acreedor del calificativo de ‘humano’ debe aceptar como propias. El problema viene cuando sólo se habla de derechos y nos olvidamos de su inevitable complemento y es, en ese preciso momento, cuando aparece la confrontación y los derechos de unos se ‘lanzan’ contra los de otros. La expresión ‘justicia social’ es hoy frecuentemente utilizada, pero ¿con qué significado?, y como uno es algo curioso, pues se lanza a buscar.

Parece que el primero que utilizó esta expresión fue el jesuita Luigi Taparelli en el siglo XVII. Más tarde, en 1931 es citada por el Papa Pio XI, hombre contemporáneo de Mussolini y Hitler en la convulsa Europa entre guerras. Pio XI, en el párrafo 58 de su encíclica ‘Quadragesimo anno’ afirma, con palabras de la más rabiosa actualidad: “A cada cual, por consiguiente, debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición […] se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados”.

Por tanto cuando hablamos de justicia social hablamos del derecho de cada uno a que los bienes sociales disponibles sean repartidos de forma equitativa, pero hablamos al tiempo del deber que alguien (¿quién?) tiene de hacer que esto sea posible para todas las personas.

Un partido que sustenta un Gobierno debe cumplir los compromisos con la justicia social adquiridos, ya que su deber es precisamente cumplir con su programa y si fuera otro, no ha informado de él a los ciudadanos

Las sociedades evolucionan, por ello la justicia social debe asentarse en la realidad de cada época y en ella debe hacerse posible, principalmente para aquellas personas que han dispuesto de menos oportunidades, por tanto la idea de justicia social apunta directamente a la materialización de derechos, de derechos universales, pero también a la aceptación de deberes por parte de aquellos que sí hemos dispuestos de oportunidades.

Los estados del bienestar parecen haber asumido el rol de garantes de esta justicia social, lo que implica el compromiso de regular la distribución de la riqueza nacional de forma que se compensen las desigualdades, si no lo hacen así, no están cumpliendo su principal compromiso y por tanto deben ser socialmente censurados.

Debemos aceptar – lo contrario sería tirar piedras contra nuestro propio tejado – que los ciudadanos, cuando votamos una candidatura en unas elecciones, somos conscientes de lo que votamos, es decir, votamos a un partido u otro para que realicen unas u otras políticas a través de las propuestas que nos hacen llegar durante sus campañas y siendo esto así, cobran sentido las ‘mareas’ y movilizaciones sociales, ya que demuestra que son muchos los que toman como deber propio la defensa de los derechos de otros y también de los suyos.

Un Gobierno de un Estado, más bien el partido que lo sustenta, debe por tanto cumplir los compromisos con la justicia social adquiridos y si no lo hace, su máximo representante no puede justificarse admitiendo públicamente en sede parlamentaria que si bien no está cumpliendo con su programa, está cumpliendo con su deber, ya que su deber es precisamente cumplir con su programa y si fuera otro, no ha informado de él a los ciudadanos.

Si este ejemplo, con falso aspecto de honradez, llegara a extenderse, yo propondría a los políticos que para las próximas elecciones nos hablarán de cuál creen que es su deber, pues a lo mejor las cosas nos quedaban más claras. Nuestro derecho es exigirle que cumpla aquello por lo que ocupa el cargo y si no lo hace, pues que se vaya, que está en su derecho.

Imagen: PPCYL

Editado por la Redacción: subtítulo, destacados e imagen

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Participa con tu comentario