Jueves 29 de septiembre de 2016,
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Últimas palabras sobre Copenhague, primeras para México

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En Copenhague los líderes mundiales han suspendido y tendrán que presentarse en la reválida en diciembre de 2010 en Ciudad de México

Estuvimos allí, lo contamos en nuestro blog de la Cumbre del Clima (ver -izquierda- ‘3 días en Copenhague’) y ahora extraemos nuestras conclusiones y nuestras perspectivas para la próxima Cumbre, la de México a finales del año que entra.

Hace justo dos años, la sesión anual de la Cumbre del Clima de la ONU (COP13) trazó en Bali su ‘hoja de ruta’. Lo que entonces pareció un resultado escaso (poner fecha a la revisión del Protocolo de Kyoto), al final se ha revelado como un objetivo ambicioso, tanto que no ha podido ser cumplido en la pasada COP15 de Copenhague.

Dinamarca había visto la oportunidad histórica de que el nuevo Protocolo fuese el de Copenhague, y jugó a fondo su baza para albergar la Cumbre de 2009. Al final se ha tenido que conformar con un ‘Acuerdo de Copenhague‘, invento que ha de ser de vida efímera, y con el ‘Fondo Verde del Clima de Copenhague’, contemplado por dicho ‘Acuerdo’. El Gobierno danés paga así su complicidad tanto en la exclusión de las organizaciones sociales de la Cumbre, como en el Estado de excepción que declaró de facto, y que permitió tanto la práctica de detenciones preventivas masivas (y no justificadas por los escasos incidentes que se registraron), como hechos como la prisión preventiva e incomunicada durante 21 días (hasta el próximo 7 de enero) de varias personas, entre ellas Juantxo López de Uralde (¡solidaridad en este enlace!), Director Ejecutivo de Greenpeace España, ‘culpable’ de desplegar una pancarta con el lema ‘Los políticos hablan, los líderes actúan’, en la recepción oficial a los Jefes de Gobierno.

El caso es que Obama debió ver esa pancarta, porque al día siguiente, en su esperado discurso en Copenhague, declaró que había venido a “actuar, y no a hablar“. Pero su actuación dejó mucho que desear: para empezar ratificó su mísera (y tramposa) oferta de reducción de emisiones, y para finalizar lo que lideró fue el apaño político-jurídico que conocemos ahora como ‘Acuerdo de Copenhague‘.

Porque hay que repetirlo por si no ha quedado claro: en Copenhague (como se había temido al finalizar la reunión de Barcelona, previa a la Cumbre) no se ha alcanzado ninguno de los objetivos previstos. Ecologistas en Acción lo explica muy bien:

“Durante los últimos años las organizaciones sociales de todo el mundo hemos venido denunciando la falta de implicación de los ‘decisores’ políticos en las COPs de cambio climático. La legión de técnic@s de las delegaciones de todos los países ha desarrollado un trabajo muy esforzado, que posteriormente no ha sido aprovechado por los políticos en todo este período, que con su falta de valentía han aplazado eternamente las decisiones importantes.
En Copenhague la solución adoptada fue recurrir a los Jefes de Gobierno directamente, para que avanzaran en 36 horas lo que no habían hecho en, al menos, los dos años anteriores. Además, el desprecio demostrado por el trabajo realizado por sus delegaciones en el seno de la Convención durante esos años fue enorme, sacando prácticamente de la nada EEUU y un grupo de países emergentes un documento nuevo. De esta forma, tanto el grupo de trabajo sobre el Protocolo de Kioto (AWG-KP en sus siglas en inglés) como el grupo de trabajo sobre la acción a largo plazo (AWG-LCA en sus siglas en inglés) veían tirado por tierra el fruto de su esfuerzo y dedicación durante dos años, con un nivel mayor de intensidad en los últimos doce meses.”

Ya se había dicho que el factor clave sería Obama. Y a diferencia de Lula, por ejemplo, que protagonizó la intervención más vibrante de la Cumbre (“Si fuera necesario hacer un mayor sacrificio, Brasil está dispuesto a poner dinero para ayudar a otros países”), a Obama le faltó coraje político. Quizás no se vio con fuerzas de afrontar más de una batalla contra los elementos más reaccionarios de su propio país a la vez: recordemos que estaba en pleno combate por tirar adelante la reforma de la sanidad.

Porque, diagnosticado el problema y teniendo claras las soluciones, lo único que ha faltado es la voluntad para resolverlo. El dinero no es el problema (¡hasta Brasil, desde sus carencias, habría cumplido con su parte, como dijo Lula!). Sí, lo había dicho hace meses Greenpeace: “Si el planeta fuera un banco, ya lo habrían salvado”.

No queda otra que ‘tirar p’alante’. Del ‘Acuerdo’ de Copenhague nos quedamos con que a finales de enero los países desarrollados han de poner negro sobre blanco la reducción de emisiones que plantean para 2020. No les supondrá ningún compromiso vinculante, pero es el momento de seguir presionando para que los números sean presentables (¡no menos de un 30% para 2020 respecto a 1990!) y será el punto de partida para la siguiente COP, la 16, en México, a finales del año que entra, a la que se llegará tras el habitual rosario de reuniones preparatorias intermedias. Porque, recordemos una vez más, en Copenhague los ‘líderes mundiales’ (?) han suspendido, y les ha quedado todo para diciembre de 2010, en Ciudad de México.

Y sobre México, que es de lo que hay que hablar a partir de ahora, algunos puntos:

  • Se había dicho que era mejor el ‘no-acuerdo’ que un mal acuerdo en Copenhague. Es lo que se ha conseguido (repetimos que el llamado ‘Acuerdo’ es una declaración política que está fuera de los cauces de la Convención). Habremos perdido un año, y quizás después de 2012 (final de la vigencia de Kyoto) quede un año o más de gap o ‘vacío jurídico’, pero o hay Protocolo de México… o sálvese quien pueda.
  • Para entonces Obama tendrá resuelto el tema de la sanidad, que según las últimas noticias parece que lleva medianamente bien encarrilado. Esperemos que en diciembre esté por la labor climática. Porque en el horizonte no aparece ningún otro posible líder (aparte de Lula, condicionado por la falta de masa crítica de Brasil y por su propia fecha de caducidad al frente del Gobierno): China e India están a verlas venir y la Unión Europea parece que no se atreve (¿Ah, pero… la UE estuvo en Copenhague?). Además, si la crisis económica ha remitido bastante para fin de año tendremos una excusa menos para no hacer nada.
  • A propósito, España presidirá la UE durante el primer semestre de 2010. Es el momento para que la sociedad civil del Estado haga oír su voz, lo que, unido a la en principio buena disposición del Gobierno, hace que a lo mejor la UE empiece a jugar un papel más importante en todo el proceso y quizás pueda ser una voz determinante en la COP16.
  • Copenhague sí ha servido para algo (y lo hemos vivido personalmente): ha sido el catalizador de un gran movimiento global que, alrededor del clima, aglutina a colectivos y personas ambientalistas, progresistas y alterglobalizadoes de todo el mundo. El que la sociedad civil fuese expulsada de la Cumbre oficial, paradójicamente, ayudó a esto, como comprobamos en la actividad frenética que desarrolló la Cumbre ciudadana, el Klimaforum09. Ahora, la prioridad de este movimiento global, que se ha dotado en Copenhague de mayores redes de contactos, es transformarlas en acción para devolver a las negociaciones del clima su transparencia, de forma que la COP15 no sea más que un mal paréntesis, y se pueda lograr el objetivo, que sigue siendo un acuerdo real (que envíe al de Copenhague al ‘basurero de la Historia’), legalmente vinculante, ambicioso en el recorte de emisiones de los países industrializados, y justo para todos los habitantes del planeta.


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