Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Un día en Singapore

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Crónica de dieciséis horas en Singapore, la ciudad de los leones, las orquídeas y la multiculturalidad

Aterrizo en Singapore después de unas 16 horas de vuelo. Son las 07:00h de la mañana y me esperan 12 horas para recorrerme esta isla y ciudad-estado antes de coger el siguiente avión. En sánscrito, singha significa león, y pura, ciudad, por lo que me encuentro en la ciudad de los leones.

Camino por el aeropuerto de Changi, uno de los tres mejores del mundo, buscando los trenes que conducen a la ciudad. Hago una breve parada para cambiar dinero, 40 € (1 € = 2,01$ S), al finalizar el día me quedarán en la cartera 19$ S. Sigo recto unos metros y no puedo evitar reírme con un letrero que indica la dirección del MRT (Metro de Singapore). Que simpáticos los singapureños, nos lo ponen en castellano y todo, hay que coger el ‘tren que va a andar’.


Orchand road es una gran avenida repleta de tiendas y centros comerciales, considerada como punto de interés a visitar, aunque solo sea para pasear

Una atenta empleada del aeropuerto me ayuda a comprar el billete de tren, en realidad es una tarjeta. Me explica que una vez llegado a mi destino debo introducir de nuevo la tarjeta en la maquina emisora de billetes, y ésta, a su vez, me devolverá el depósito de 1$ S. Que forma tan sencilla de reciclar y ahorrar cantidades de billetes que van a parar a la basura.

El recorrido dura apenas 30 minutos hasta la parada de City Hall. Salgo de la estación y una horrible humedad me da la bienvenida, haciéndome saber que no me va a abandonar mientras esté en la ciudad. Echo un vistazo rápido al mapa y veo que Orchard road no queda muy lejos de donde estoy. Orchard road es una gran avenida repleta de tiendas y centros comerciales, considerada como punto de interés a visitar, aunque solo sea para pasear. Camino entre las grandes firmas de moda y alta relojería hasta que veo la siguiente boca de metro. Decido que lo mejor será comprarme algún tipo de bono para un día, pero voy a tener que esperar hasta llegar a Chinatown, en cuya estación puedo adquirir el bono diario para el MRT.

Mi siguiente parada es little India. Estoy de suerte, parece ser que en Malasia celebran el año nuevo, y por ese motivo las calles están decoradas con guirnaldas que crean un aire festivo. Sin quererlo voy a parar a un templo Hindú. Me propongo entrar y hacer alguna foto, pero en ese momento el vendedor de souvenirs, que a su vez hace de guardia de seguridad, me prohíbe la entrada, tengo que quitarme los zapatos. A pesar de la insistencia de varias personas en que pase y vea el templo me niego a hacerlo, aunque probablemente no vaya a pasar nada, no quisiera quedarme sin zapatos el primer día. Hago las fotos, pero desde fuera.

El barrio está compuesto por edificios de viviendas que no superan los dos pisos. Hay una arteria principal a la que van a parar todo tipo de callejuelas y callejones repletos de gente faenando, carretas paradas con mercancía y furgonetas descargando, la rebotica de little India.

Parece ser que en Malasia celebran el año nuevo, y por ese motivo las calles están decoradas con guirnaldas que crean un aire festivo

Empiezo a notar la humedad cada vez más, va a ser un día muy duro. Vuelvo a la boca del metro, mi siguiente parada es Chinatown. Al salir me encuentro con una calle llena de comercios donde venden souvenirs, kimonos, todo tipo de velas e inciensos, y cualquier cosa que uno se pueda imaginar. Todos los tenderos quieren llamarme la atención, pero solo uno lo consigue, preguntándome a voces de donde soy. Al final lo único que obtiene de mí es mi nacionalidad. Sigo paseando por el barrio chino hasta que topo con un edifico enorme de viviendas de color amarillo que destaca entre el resto. Es como una gran colmena donde conviven cientos de familias. En una de las caras del edificio se entremezclan los tendederos de ropa con un sinfín de aparatos de aire acondicionado.

Dejo atrás la colmena para llegar hasta otro templo, éste es más grande que el anterior. Aprovecho para descansar un poco mientras escucho las oraciones apoyado contra una columna. Mi espalda ya esta totalmente calada a causa de la humedad y la mochila.

Se me acaba la pausa y decido irme a Raffles Place para comer. Allí están concentrados varios rascacielos, parece ser el distrito financiero repleto de oficinas. Me paro a comer en un Thailandés, una arroz tres delicias y un vaso de agua del grifo, no me convence, pero no tengo otra opción. Llevo casi 48 horas sin dormir y ya empiezo a notar los efectos.

Tras un almuerzo rápido me voy a tomar un café en un bar que hay por los alrededores. Aunque aún es temprano y podría seguir recorriendo la ciudad, voy a hacer la última visita, los jardines botánicos. Singapore está repleta de parques y jardines. Le pregunto al Barman cómo puedo llegar hasta Botanical gardens, el jardín Botánico. Me indica que tengo que dirigirme hacia Orchard road y desde allí coger un bus. – ¡Espera, te lo escribo en un papel! – Me dice todo eufórico.

El jardín botánico es inmenso, tiene varios lagos y todo tipo de flora. (…) Singapore es famosa por sus orquídeas. Hay cientos de especies diferentes

Me da la nota, la abro y leo: ‘Botanical gardens’. Bueno, eso ya lo sabía yo, esperaba algún plano dibujado o unas instrucciones, pero algo es algo. Como todavía me quedan dólares y no los voy a gastar, me permito el lujo de coger un taxi, además, estoy muy cansado.

El jardín botánico es inmenso, tiene varios lagos y todo tipo de flora. No resulta tan auténtico por haber sido creado artificialmente, pero aún y así merece la pena pasearse por él. Lo que destacaría del parque es Orchard garden, un espacio repleto de orquídeas de todo tipo, Singapore es famosa por sus orquídeas. Hay cientos de especies diferentes, unas más bonitas que otras, pero todas únicas.


Abandono el parque sin haberlo recorrido entero, las fuerzas se me agotan y los ojos se me cierran, me voy al aeropuerto. Una vez pasado el check-in todavía tengo que esperar un rato hasta que abren la puerta de embarque, ya no aguanto más el sueño, llevo muchas horas sin dormir. Por fin abren la puerta, paso el control, embarco y me siento en mi butaca, ya puedo descansar.

Incapaz de aguantar el peso de mis parpados, cierro los ojos y le digo adiós a Singapore, ciudad de leones, orquídeas y mezcla de culturas.


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