Jueves 30 de marzo de 2017,
Bottup.com

Un lugar donde esconderse

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)

Casi un año después de atravesar el umbral de su escondite, se
siente capaz: “Mi marido me tenía convencida de que no… de que no lo era”

Image

“Ve pensando en un lugar para esconderte”. La primera vez que
esta mujer sin nombre -usurpado temporalmente por el refugio- escuchó
el consejo, ni lo apreció. A la segunda, le dio el valor que hoy le
confiere: “¡Niña, busca!”, se dijo zarandeándose a sí misma. Hace casi
un año que salió escopetada, preparada para la expedición. Llevaba como
solas herramientas de guía decenas de magulladuras en el cuerpo y
cientos de cachetadas en el alma. Como todo plano para orientarse, una
hija adolescente de 21 años e idéntica necesidad de ocultarse que la
madre. Dio con un lugar ideal como refugio: este desde donde habla.

Los recursos son escasos y las plazas quedan restringidas a 20 unidades
familiares, encabezadas por mujeres convencidas y dispuestas a denunciar a sus maltratadores, pues esta es una de las exigencias del centro

Ahora, casi un año después de atravesar el umbral de su escondite, se siente capaz. “Mi marido me tenía convencida de que no… de que no lo era”. Tuvo suerte. Otras 89 mujeres, víctimas de la violencia machista como ella, murieron el pasado 2007 a manos de sus maltratadores. Quizá tuvieron peores consejeros, menos acceso a los medios o tardaron más de la cuenta en escapar.

La mujer sin nombre está a punto de culminar la tercera etapa del programa de recuperación para maltratadas en un centro de acogida. Cuando traspasó sus puertas el 11 de diciembre de 2006, empezó a «querer vivir». Para recibir el alta —dentro de seis meses—, tendrá que demostrar que, además de sentirse capaz, está facultada para conducirse de forma independiente.

La mujer sin nombre nunca vaciló, aunque en estos 12 meses pasó por
algunos momentos de “incertidumbre contenida”. Mientras apura una taza
de café en el comedor colectivo, repasa los motivos que la trajeron
aquí.

Adquirió el compromiso por contrato. Es una obligación que las residentes contraen con el centro y con las demás compañeras que lograron un lugar en el programa.

Cuando otorga una plaza, la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas, que lo gestiona desde su creación en 1989, firma un acuerdo con la víctima que revisa al medio año de su ingreso. Quien no cumple, sale fuera del programa. Se trata de una medida que busca sacudir sus conciencias, limpiarlas de reparos y comprometerlas con su propia recuperación.

Los recursos son escasos y las plazas quedan restringidas a 20 unidades familiares, encabezadas por mujeres convencidas y dispuestas a denunciar a sus maltratadores, pues esta es una de las exigencias del centro.
Imponer esa condición, además de un compromiso serio, establece una criba apreciable. De las 25 mil mujeres que denunciaron en 2007 por violencia machista a sus parejas, un 16 por ciento al final se echó atrás. Y aunque el fiscal puede continuar de oficio con el caso, se carece de las pruebas que las víctimas deben aportar. ¿Las razones para que estas abandonen? Miedo, perdonar al agresor, desear continuar la relación con él.

Discreción

La mujer sin nombre nunca vaciló, aunque en estos 12 meses pasó por algunos momentos de “incertidumbre contenida”. Mientras apura una taza de café en el comedor colectivo, repasa los motivos que la trajeron aquí. Dilata los detalles y adelgaza los nombres. Un cigarrillo tras otro, encendidos en la colilla del anterior, interrumpen su monólogo. Aspira, y prosigue algunas frases detrás de cada bocanada. Y describe su día a día, hora por hora. Mantiene una agenda apabullante, ordenada en distancias cortas. Repleta de actividades cercanas para ahuyentar el miedo a pasos cortos. Por lo mismo, escasean en su narración referencias temporales amplias. Su presente se abarca ahora. Dos horas atrás son pasado y dos adelante, futuro. Desayuno, estudio, comida, siesta, cena y café y cigarrillo: de lunes a viernes; descanso en fin de semana, y vuelta a empezar.

Algún que otro puente sale fuera sola o con su hija. Cuando viaja, nadie más conoce el destino de su pequeño receso, a excepción de sus otras 19 compañeras y los 12 miembros del equipo técnico del centro. Ni familiares, ni amigos. Los confidentes, a cuentagotas. Son un mal compañero durante la recuperación. «Las maltratadas sufren tal situación de riesgo que cuando entran aquí les pedimos cautela absoluta, mutismo total».

Habla Lola Aguilar, la directora de la casa de acogida, el Centro de Atención Recuperación y Reinserción de Mujeres Maltratadas (CARRMM).

A Lola, que toma las precauciones que la residente olvida -“quizá ese detalle no lo quieras dar”, “puede que no tengas ganas de explicarlo”…-, la situación no le coge de nuevas. Llegó al centro en 1999, derivada por su abogado. Escapaba de un maltrato psicológico que se saldó con una condena de dos años de cárcel para su ex marido. Casi una década después, esta pediatra barcelonesa continúa fuera de su ciudad natal, afincada en la ciudad donde se asienta la institución que también a ella una vez le dio cobijo. “Las que hemos sido víctimas”, cuenta, “no solemos volver a nuestro lugar de origen”.

Como ex residente, conoce la importancia de actuar con prudencia. Un requisito al que nosotros nos hemos comprometido por escrito para acercarnos a elaborar este reportaje. En los 12 años que lleva abierto el centro, “sólo ocho o diez maltratadores han dado con él”. “Uno hubiera sido suficiente para poner en peligro nuestra seguridad”, previene antes de volver a insistir: “Discreción”.

Movilización

La violencia machista no es exclusiva de España, sino que por desgracia
se trata de un fenómeno universal: el maltrato no entiende de orígenes
ni de clases sociales

El instructivo para manejar esa cautela se lo proporcionó Ana María Pérez del Campo, la presidenta de la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas, quien entonces dirigía el centro. Ella, la primera militante contra la violencia machista en España, supo ver en Lola -con formación sociosanitaria y ávida de información especializada- a su sucesora. A punto de cumplir los 73 y todavía activamente al frente de la Federación, además de miembro del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer y consultora del Gobierno para temas de maltrato, Ana María no contempla retirarse. «Uno no se jubila de las ideas», asevera.

La Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas se ha manifestado durante
años en la Puerta del Sol exigiendo una reforma legal que llegó pero
que, como denuncia Ana María, “pocos jueces aplican”

En 1975, cuando España atravesaba el final del tardofranquismo, creó la primera asociación de mujeres desvinculada de la Iglesia católica. Separada a los 25, tachada entonces de puta y vulnerable al acoso sexual por parte de quienes confundían su condición de libertad con el libertinaje, salió a la calle para recabar compañeras. Y allí -a las puertas de las iglesias, en los mercados y las plazas-, se dio de bruces con una situación que había de “documentar, valorar y legislar”.

La revelación, a pie de trinchera, desató una frenética actividad por elaborar el primer mapa del maltrato en España.

Sin embargo, la violencia machista no es exclusiva de España, sino que por desgracia se trata de un fenómeno universal: el maltrato no entiende de orígenes ni de clases sociales. De hecho, por el centro han pasado mujeres de 25 países, más o menos desarrollados. Puede que la falta de formación y la pobreza entorpezcan la recuperación, “pero de ningún modo”, ataja Ana María, “son las causa de la violencia”. Es más, “ocurre con frecuencia que la víctima se encierra en su éxito profesional como una fórmula de escapismo”., aclara. “Porque se avergüenzan”, desvela en tono recriminatorio.

Durante la conversación -que elige mantener en su despacho-, se ha levantado tres veces a pedir un texto legal a su secretaria y cuatro a atender el teléfono. Impronta un ritmo tal que los pies se le pierden entre los últimos respiros de su atuendo. Va y viene, va y viene. Espera la visita de una víctima, con la que entró en contacto anoche, a última hora de anoche.

Pero la mujer no llega. “Otra que se queda en el camino”, se lamenta. “El marido la habrá ido a buscar esta mañana al trabajo, porque estaba de noche, y engatusándola le habrá prometido que cambiará”. Este es uno de esos casos en que los procedimientos se dilatan y la víctima se ve obligada a “negociar su situación con el agresor”. Un hombre que apalea -“un terrorista”, define Ana María, “que actúan con la complacencia de muchos jueces”, les inculpa.

Reacción

¿Todavía hoy cuando las instituciones se han dotado de una multiplicidad de herramientas para luchar contra esta lacra? “Hoy, en plena reacción”, explica. “Se está produciendo un ataque visceral contra la ley, no solo desde el pabellón de los hombres, sino también desde las instituciones y determinados sectores políticos”. En 1992 la periodista estadounidense Susan Faludi publicó Reacción. La guerra no declarada contra la mujer, donde analiza la resistencia masculina al empoderamiento de la mujer. “Un perfecto manual de instrucciones”, define Ana María, para comprender “por qué se recrudece la violencia contra la mujer cuando la sociedad empieza a reconocerle un espacio, como con esta ley que la protege ahora”. Y añade: “Es un trabajo del lobby machista”.

Para combatirlo, la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas se ha manifestado durante años en la Puerta del Sol exigiendo una reforma legal que llegó pero que, como denuncia Ana María, “pocos jueces aplican”. Sobre todo cuando “la discriminación sexista entra con normalidad entre lo socialmente aceptado”, sostiene. Esa es la noticia gráfica de las maltratadas y su pie de foto que “vivimos el peor momento de la lucha contra la violencia de género”, exclama Ana María.

La entrada en vigor, a principios de 2005, de la Ley Integral contra la Violencia de Género ha disparado el número de víctimas, denuncian ésta y otras organizaciones feministas. La última, al momento de ponerle punto final a este reportaje, murió estrangulada a manos de su marido en Pontevedra, el último día de enero. Tenía 61 años y nunca había presentado una queja por maltrato. Le precedieron durante el mismo mes: María Dolores (64), en Murcia; Alexandra (20), en Alcalá de Henares; No identificada 1, en San Javier (Murcia); Yolanda y su hijo, también en Alcalá; Teresa (20), en Pamplona; No identificada 2, en Torrevieja (Alicante); No identificada 3, en Coín (Málaga).

La ley ha recibido más de 150 recursos en su contra y los juzgados de violencia de género se han visto “copados por magistrados conservadores contrarios a su aplicación”, denuncia Lola, la directora del centro. Los tribunales españoles incoaron 23.967 procedimientos el pasado 2007: de ellos, 11.731 quedaron sobreseídos y 1.209 indultaron al acusado, según datos del Consejo General del Poder Judicial. Asimismo, se solicitaron 9.545 órdenes de alejamiento, pero los jueces sólo concedieron 7.059 órdenes, de las cuales los maltratadores quebrantaron casi 1.600.

Recuperación

Para lo que no garantizan las órdenes de alejamiento -ofrecer refugio-, la Federación levantó este centro hace 17 años. Para eso y para ayudar a las mujeres a recuperar su equilibrio psicológico. Su ‘identidad’ que diría la mujer sin nombre. “Aquí se preparan para encarar el futuro desde la igualdad porque el deterioro psicológico”, explica su presidenta, “las incapacita para salir solas del círculo de la violencia”.

Separadas por algo más de 30 años, Ana María comparte espíritu militante con la mujer sin nombre. Esta, por estar ligada a sindicatos obreros desde principios de los ochenta y por ser alumna adelantada del taller de clarificación ideológica que imparte Lola -la directora del centro-, asumió su recuperación como “una cuestión de lucha social”, se confiesa.  Para sí y “para todas las víctimas”.

Fumadora empedernida, a última hora de la tarde aún desgasta el tiempo en la sala de televisión del centro, todavía con uno de sus ducados rubios entre los dedos. Las pestañas hipermarcadas y los vaqueros hiperceñidos le dan un aire casi adolescente. Ana María, en cambio, parece que acabara de salir de un calendario de los años 70. Viste retro, con una camisa floreada a la que le sobran años y, a pesar de que la falda de tubo le llega más abajo de las rodillas, camina a paso ligero. Al ritmo que impronta la vida. La vida que pretende recuperar para las mujeres. Aquellas de las que, dice, son “la sal de la tierra”. “Una sal” ­-matiza- “muy ensuciada”.

Esta noticia concursa en el I Premio  Periodista Ciudadano en la categoría de: Sociedad y Ciudadanía

Image


Image


{mos_sb_discuss:3}

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

1 comentario

  1. Anónimo 21/03/2009 en 9:32

    hola y gracias
    hola soy una mujer de 40 años divorciada hace 4 con un hijo de 10 y una hija de 6 mi exmarido los tiene un fin de semana cada dos semanas yo tengo la guarda potestad y la custodia es compartida el vive en una ciudad en una habitacion, en un piso compartido cuando los tiene los lleva alli pretende tenerlos quietos y callados y encerrados en la habitacion el tiempo que estan con el, y si no los lleva a casa de su abuelo mi ex suegro una casa que la ultima visista que le hizo el medico le dijo que se se marchara a vivir a otro lado o lo denunciaria que no esta en condiciciones la casa de vivir nadie alli, por otra parte mi ex suegro se burla de ellos y y se rie y los menosprecia siempre, ademas de hablarles cosas malas de mi, mi ex marido tambien los maltrata les pega por nada, quiero poner fin a esto pero no se donde debe dirigirme ni que puedo o que no puedo hacer, pero lo que si se que mis hijos no tienen que aguantar el trato que aguantan por su padre y por su abuelo, vivo en aragon españa, espero por favor me orienten un poco de que debo hacer. gracias

Participa con tu comentario