Lunes 05 de diciembre de 2016,
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Un mundo y dos vidas en Camboya

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Un país donde más de 300.000 niños están obligados por señores y multinacionales a hacer algún tipo de trabajo forzado

Los primeros colores están dibujando el cielo mientras decenas de perros callejeros no paran de debatir en busca de su alimento, esta sería la postal del amanecer camboyano que se ve desde la ventana de mi habitación.

Son ya varios meses queriendo contar mi vuelta al mundo olvidado, pero no es fácil vivir en dos realidades tan diferentes. No faltan los pensamientos, las ideas, pero es más fuerte el sentir lo vivido en un instante que las fuerzas por transmitirlo.

Me he pasado la vida siempre a caballo entre dos mundos, para poder pensar que no son las fronteras nuestros límites, que podemos encontrar mas allá valores que solo hemos soñado, instantes solo vistos en películas, historias que jamás pueden ser creídas.

Vivo entre las conversaciones sobre el mundo desarrollado y la realidad de otro universo al cual no se le permite ser adulto. Los intereses extranjeros han sumido a Camboya en una profunda crisis de identidad, solo reflejada en sus últimas guerras por el control del templo Preah Vihear con la vecina Tailandia y su emblema nacional, el Angkor Wat.

Un universo donde un extranjero no pagara tres dólares por disfrutar de un cuerpo de niña con ojos exóticos, dinero que seguro ella utilizará para poder comprar la famosa ‘jaba’, la droga mas poderosa nunca creada

El camboyano sueña, sonríe, pero se conforma. Como ellos dicen: “Hay temas que mejor es olvidar”. Se trata de un país que ha sobrevivido a los peores horrores conocidos, que se levantó después de una tremenda guerra civil, un territorio con sólo doce años de historia: todo lo anterior a 1998 fue borrado. En los colegios, el curso que está empezando será el primero donde contarán a los alumnos quien fue un tal Pol Pot que junto a su ejército de Jemeres Rojos aniquilaron casi al cincuenta por ciento de la población de este país.

Fue ya hace años cuando esta guerra terminó, un conflicto que curiosamente comenzó un 16 de abril del año que un tal Francisco Franco moría. Esa fecha, un tiempo después, fue nombrada el Día Universal contra la Explotación Infantil. Como digo, esa guerra terminó, pero el país esta viviendo su propio sufrimiento, como he leído hoy en un periódico local, aproximadamente un cuarenta por ciento de niños entre las edades de 7 y 17 años están relacionados con la actividad laboral. Una guerra olvidada sólo oculta a nuestra vista por esa jungla de templos que suele representar Camboya en el recuerdo del turista en busca de la foto del niño pobre.

Camboya es un país donde más de 300.000 niños (aproximadamente la población de Granada), están obligados por señores y multinacionales a hacer algún tipo de trabajo forzado. En un país donde el 45% de la población esta por debajo de los 15 años.

Sigue siendo difícil a día de hoy asumir una crisis en los países desarrollados y ver como un niño de siete años reparte el pan, para así poder sobrevivir. Es difícil ver que 16 muertes en España por la gripe A activó todas las alarmas y que cientos de niños aquí mueran por algo tan sencillo como beber agua y que pase desapercibido a la mirada del dinero.

Tengo una vida y vivo siempre en dos mundos, aunque cambiaria todo esto para que este mundo se convirtiera en el hogar de muchas vidas diferentes. Un mundo donde un niño estaría en la escuela y no vendiendo libros a la orilla del río Mekong, soñando por el efecto de ese pegamento que tanto les gusta esnifar. Un universo donde un extranjero no pagara tres dólares por disfrutar de un cuerpo de niña con ojos exóticos, dinero que seguro ella utilizará para poder comprar la famosa jaba (la droga mas poderosa nunca creada).

¿Utopía o Reflexión?

 

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