Martes 01 de abril de 2014,
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Una comida al día, un baño a la semana

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El almuerzo que reciben en la escuela es lo único que comen en el día

TEGUCIGALPA.- El día que visité la Escuelita San Juan Bautista, en la colonia La Nora, en Tegucigalpa, creo que terminé de darme cuenta plenamente de la durísima realidad que me rodea todos los días
y ante la que cada vez estoy menos extrañada.

Incluye galería fotográfica del reportaje

Para llegar a esta pequeña escuela, que en sí misma es solamente
un aula, tuvimos que atravesar un enorme descampado y cruzar un
riachuelo de aguas sucias y muy turbias. Y allí, entre suciedad,
chabolas, cerdos enlodados y una increíble pobreza, se hiergue este
proyecto: un recinto que desde hace dos años pone luz en la vida de los niños de las comunidades de Los Encuentros y La Nora.
Gracias a esta iniciativa de ACOES (
www.acoes.org
), 49 niños por la mañana y 25 por la tarde tienen la posibilidad de recibir una educación. Las
clases son heterogéneas y abarcan diferentes edades, así que
básicamente hay un nivel para pequeños (hasta seis años
aproximadamente) y otro para mayores (el resto). 

“Entre suciedad,
chabolas, cerdos enlodados y una increíble pobreza, se hiergue este
proyecto”
“el baño tiene una
triple intención: crear un hábito, asearlos y que se sientan queridos e
importantes”
“Una de las maestras nos enseñó, a poca distancia de la escuela,
una cueva en la que una hondureña y sus siete hijos vivieron durante tres años”

Al principio, estuve reforzando las enseñanzas del día y después bañamos uno por uno a todos los pequeños, al aire libre y con agua fría.
Se les baña una vez a la semana, pues sus familias no los lavan y
tampoco les dan muchas muestras de cariño, así que el baño tiene una
triple intención: crear un hábito, asearlos y que se sientan queridos e
importantes. Así lo comprobé cuando todos querían que les echara un poco de colonia. No por el líquido en sí sino porque les hacía ilusión que les diera “esa loción”.

Bañar niños es una de las tareas más divertidas
que he hecho hasta ahora. Pero también me pude sentir útil cuando dos
niños se hicieron heridas en las manos y pude curarles. Parece algo muy
simple (en realidad lo es), pero sus madres no saben curarlos ni tienen medios, así que sentí que aquel pequeño trabajo era importante.

Después de jugar un rato en el patio (el exterior de la escuelita, que también sirve de aula a los mayores), servimos el almuerzo, que para mi sorpresa es la única comida que la mayoría de ellos recibe al día
. Y eso que por las tardes muchos son vistos sacando arena del
río para que sus familias la venden y obtengan unos mínimos recursos
para su superviviencia.

Entre una cosa y otra, una de las maestras nos enseñó, a poca distancia de la escuela,
una cueva en la que una hondureña y sus siete hijos vivieron durante tres años. La pared en la que cocinaba todavía está negra y la vegetación aún no ha cubierto el suelo en el que tendían los cartones para dormir
.

Como he dicho, ese día me percaté realmente de la pobreza de los lugares por los que nos movemos a diario.
Estaba como anestesiada, mirando a un lado y a otro las chabolas
asentadas en la tierra, a una chica de 16 años embarazada de su segundo
hijo, a los niños que todavía eran obligados a trabajar todo el día sin
estar escolarizados… Y fui consciente de lo peligroso que es transitar por allí sin que te acompañe la maestra de la escuela, que afortunadamente es conocida y respetada por la gran mayoría de los habitantes de estas colonias.

El reportaje en imágenes

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Ana con los alumnos de La Nora, después del baño
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Ana dando refuerzo escolar a los alumnos de 3 a 5 años

 

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El interior de la escuela, que sirve de aula a los pequeños

 

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Una casa de la colonia La Nora

 

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Una vivienda de la colonia Los Encuentros

 

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Ana secando a una niña después de asearla

 

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Escuelita San Juan Bautista, utilizada también como aula de mayores

 

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En esta cueva vivió una hondureña con sus siete hijos durante tres años

 

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2 Comentarios

  1. Anónimo 04/10/2007 en 20:44

    Que bien por todo lo que haces y se que no solamente ha sido en Honduras sino tambien en lo mas profundo de la selva del Peru seguida de una reconfortante recompensa en las ruinas de Machu Picchu.
    No menos importante es que, tal como lo cuentas, me doy cuenta que ayudar no solo es reconfortante para el alma, sino tambien muy divertido. Inspira hacerlo. Slds. Danny

  2. Anónimo 05/08/2007 en 6:00

    Aliento
    Te felicito, sigue adelante aunque creo que no hace falta que te lo diga. Y que no sea un dolor para ti la falta de reconocimiento, solo es importante lo que haces por estos niños y siempre será así.
    Con gran aprecio.
    anahi
    Argentina

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