Sábado 23 de septiembre de 2017,
Bottup.com

Una mà de contes

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Una
ciberfiesta para adultos y niños pensada, preparada y conseguida para
recuperar aquellos tiempos de una cultura y una relación familiar no
lastimada por el consumo y “los parkings” para niños y para ancianos.

Una ‘colegui’ de la cultura (no se rían por lo de ‘cultura’, que esta mujer es de las auténticas personas que la viven y
la estructuran, la transmiten, la hacen asequible y, sobre todo no la
mercantiliza ni la emplea para ocultar mediocridades) me envía éste
enlace: unamadecontes.cat.

Hay
un montón de cuentos que se clasifican por autor, por título, por
ilustrador, por técnica, por origen geográfico, por personaje, etc.

Claro,
mi niñez recuerda perfectamente la voz clara y fresca de mi madre, su
intención de pasarme, como en una transfusión, alegría y mucho cariño:

“patim, patam, patum, homes i dones del cap dret, patim, patam, patum, no trepitgeu en Patufet”

Años
de felicidad rotunda, ahora lo sé, años en los que no tenía que
enfrentarme a mí mismo… yo era el abrazo y la compañía de mis padres
y los juegos con mi hermanita.

A lo largo de aquellos tiempos
substanciales, sin más medida que la de esperar al sábado por la noche, en
que “papá ya no trabajaba” y reíamos todos juntos.

Era entoces, en esas reuniones completas, cuando mis
impulsos primarios me llevaban a medir mi fuerza de más mayor con la de
mi hermanita, más pequeña, mis mayores ya no me “contaban” si no que me
“hablaban” de Patufet. Me explicaban, concienzudamente, que
“els homes y dones del cap dret” éramos todos los que nos engolábamos
en nuestra -supuesta- superioridad y, desde ella, éramos incapaces de
ver lo que nos rodeaba.

Y que la soberbia, la venda de la soberbia en los ojos del más fuerte, siempre es peligroso para todos los demás.

Yo
miraba a mi padre, grande, inmenso y sentía que sus descomunales
manazas que acariciaban con una suavidad impensable mi cabeza de niño,
eran indestructibles, eran mi fuerza y mi inmortalidad.

Mamá
repetía cuando mi hermanita lloraba porque en mis juegos la
atropellaba, o la ignoraba, o la lastimaba con la crueldad de la
inconsciencia: “¿No oyes a Patufet …? no ves que es muy
pequeñita” y cuando era capaz de ver y entender la fragilidad de mi
hermanita, y dejaba mis impulsos para atenderla, el abrazo profundo de
mi madre y sus mil besos, me señalaban el camino de la humanidad
mientras la oía cantar:

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Una de la silustraciones de Una Mà de Contes

… “patim, patam, patum, homes i dones del cap dret, patim, patam, patum, no trepitgeu en Patufet”

Después, no recuerdo cómo, perdí el paraíso … y lo sigo buscando, sé
que está ahí mismo, lo intuyo muy fuertemente, pero no acabo de
encontrar la puerta de entrada.

“… patim, patam, patum, homes i dones del cap dret …”

La
página tiene esa sencillez de lo trabajado con ganas, con intención y
con conocimiento y es, a mi me lo parece, una maravilla.

Dispone de talleres de dibujo, de recorte y composición, de ilustración de cuentos escritos de antemano, de subtitulado.

Una
ciberfiesta para adultos y niños pensada, preparada y conseguida para
recuperar aquellos tiempos de una cultura y una relación familiar no
lastimada por el consumo y “los parkings” para niños y para ancianos.

¡No se la pierdan! http://unamadecontes.cat

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