Lunes 26 de septiembre de 2016,
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Una mujer de los pies a la cabeza

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“Yo no conozco a los pobres; conozco a Roberto, Antonio, Luisa…”, fue la respuesta que dio Teresa de Calcuta cuando en cierta ocasión se le preguntó qué hacia ella con los pobres. Ella extendió amor y generosidad sobre la tierra, dando todo lo que poseía: un simple trozo de pan

Siempre tenemos que recordar -a diario- el Día Internacional de la Mujer. Conviene tener presente el valor de las mujeres y apoyar la lucha diaria -su lucha y la nuestra- por la igualdad. No podemos olvidar nunca a Teresa de Calcuta, quien tenía por costumbre bajarse al lodo de la tierra y allí murió junto a los pobres. Ella entendió que, en la tierra, existe siempre un pobre para cada religión, y cada religión tiene su pobre. Esta fallecida beata fue una de las muchas mujeres con valor que existieron, existen y existirán por esos mundos de Dios.

Si las mujeres fueran mayoritarias en los Gobiernos mundiales, habría ciertas garantías de que las guerras fuesen a menos, y, desde luego, no tan cruentas como los son ahora

Yo no conozco a los pobres; conozco a Roberto, Antonio, Luisa,…”, fue la respuesta que dio Teresa de Calcuta cuando en cierta ocasión se le preguntó qué hacia ella con los pobres. Ella extendió amor y generosidad sobre la tierra, dando todo lo que poseía: un simple trozo de pan. Fue, sin duda, una mujer de los pies a la cabeza. “Dos trozos de pan poseo, /Al pobre uno le doy; /Vendo el otro en el mercado:/Saco producto por él. /Puedo comprar yo jazmines/ -Dinero ya lo saqué-, saqué, /Jazmines blancos, hermosos: / Jazmines que huelen bien. / Son alimentos del alma: / ¡Es caridad, hice bien!”, puede ser la respuesta que cualquiera de nosotros le hubiéramos dado a la fallecida beata. ¡Descanse en paz!

Sabemos todos que cada cien años cambia un siglo, que cada cien años puede nacer un genio, pero, sin duda, Dios sabe muy bien que Teresa de Calcuta -‘la de los pobres’- fue una mujer irrepetible: de los pies a la cabeza y de la cabeza a los pies.

Evidentemente, si las mujeres fueran mayoritarias en los Gobiernos mundiales, habría ciertas garantías de que las guerras fuesen a menos, y, desde luego, no tan cruentas como los son ahora: las primeras son, por lo general, pacifistas. Y es que la mujer ha sido creada para amar, sin duda alguna, y para recubrir la envoltura de ese ser racional llamado ‘hombre’ de cariño y ternura, que solamente la mujer le puede dar. Sabemos todos que la mujer y al alumbrar un nuevo ser, le dota de un nombre y un rostro: esto es el verdadero amor sobre la tierra, que está más allá del bien y del mal.

Quien ama y respeta a una mujer está amando y respetando al mundo entero. No olvidemos que, si nosotros estamos pernoctando en este valle de lágrimas, se lo debemos a ellas. Detrás de un hombre hecho siempre se encuentra una mujer hecha. “La mujer quiere ser amada sin razón, sin motivo: no porque sea hermosa o buena o bien educada o graciosa o espiritual, sino porque es” [Amiel (Jeans), diario íntimo II].

Pongamos en suerte el arte de comunicar, conversar, etc., que parece haber sido olvidado últimamente de la faz de la tierra. El problema reside en nosotros mismos, pues pensamos que el dinero, el poder y los distintos placeres –que la propia vida nos pone al alcance de la mano–, serán los que nos libren de preocupaciones: nada más lejos. Uno piensa que el amor ni se compra ni se vende: se siente. Si no es así, no es verdadero amor. Quizá uno, tú, todos… seamos nuestros peores enemigos y estamos fomentando la posesión de corazones muertos (por corazones vacantes), los cuales nunca jamás darán la felicidad a nuestros semejantes.

El desarrollo de los pueblos se consigue humanamente, invirtiendo bien y creando riqueza para que el pan de la vida llegue a todos nuestros hermanos

Generosidad y tierra, tierra y generosidad: dos premisas inherentes a cualquier ser humano que se precie de serlo. Y es que generosidad y tierra nos entregaron a los españoles cuando fuimos mano de obra barata en tierras europeas. Aunque justo es reconocer también: “Yo desearía equivocarme, pero pienso que Francia nunca nos quiso ni los ingleses tampoco; los alemanes y los suizos solamente nos quisieron cuando fuimos emigrantes como mano de obra barata”. Sólo nos quisieron porque les convenía. Éste es mi triste pero quizá verdadero canto-lamento de un hecho histórico ya pasado, por aquello de que ‘agua pasada no muele molino’.

¿La avaricia está tan mal vista? ¿Qué es peor, la avaricia crematística o la sentimental? Tratar de conseguir dinero es un sentimiento natural que todos poseemos, pero ser codicioso convierte ese deseo en desordenado, insaciable… Algunos podemos y debemos pensar que el egoísmo económico ha sido y es el motor de nuestra Historia Universal, pero otros pensarán que ese motor es el derroche. Ni lo uno ni lo otro. Más bien el desarrollo de los pueblos se consigue humanamente, invirtiendo bien y creando riqueza para que el pan de la vida llegue a todos nuestros hermanos. A esto se llama proceder con generosidad. No obstante, la sociedad de consumo en la que estamos inmersos nos vuelve egoístas, inconformistas, etcétera, etcétera. Y, como consecuencia directa, caminamos llevando un tren de vida por encima de nuestras posibilidades económicas: dos coches, tres televisores, los móviles parlantes, dos pisos sin pagar, dos mujeres… Es decir, ¡la Biblia en verso!

Mostrando su capacidad de amor (el niño/a de nuestras ilusiones hechas realidad), y conllevando las prisas, el estrés, el exceso de trabajo –para unos y otros–, saben de tal manera ilusionar nuestros corazones para que no nos olvidemos nunca, y para el bienestar de ambos -hombre y mujer, mujer y hombre-, que ambos poseemos ‘corazones vivos’ para amar, desear, y acompañarnos los unos a los otros, por el resto de nuestras vidas: éstas serán vitales para no vivir en la soledad que se produce con nuestros propios egoísmos: estos nos convierten en ‘corazones muertos’ de nuestra propia soledad, si no los usamos de forma racional, humana, sensata… Dice un proverbio chino: “Sólo se consume el que no ama”. Sin embargo, interponemos muchas veces nuestros propios individualismos, egoísmos… en función de lo que otros nos puedan resolver. “No hables mal de las mujeres: la más humilde te digo que es digna de estimación porque, al fin, de ellas nacimos”, Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-Madrid, 1681).

Hagamos revivir esa capacidad de amar que todos llevamos dentro, puesto que amar es capacidad de ilusión hacia una persona, de entrega mutua, de compartir penas y alegrías que la vida nos tiene preparadas

“Puede que esté dormida, quizá adormecida… pero qué más da. Me pasa todos los días del año que tengo que levantarme sobre las 6:30 a.m., y es que el despertador no para de ‘ladrar’, deseo no ir al trabajo porque me aburre sobremanera hacer todos los días las mismas cosas… Y total, ¿para qué me sirve trabajar tanto?”. Nada de nada. Tengo que representar muchos roles: el de esposa amante, el de mamá complaciente, el de administradora del hogar. También soy la maestra de mis hijos, pues les tomo las lecciones todos los días… Mi liberación, como la de las demás mujeres, nos está costando un ojo de la cara. Y encima… lo de siempre: el repetitivo ‘acoso sexual’ de que somos objeto… ¡Maldita sea mi suerte! Lo digo una y mil veces: son reflexiones en alta voz, mis reflexiones puras y duras.

No obstante, podemos encontrar un riesgo que va a definir la amistad entre hombre y mujer: el impulso sexual que es inevitable que surja entre ambos. Existe una frontera –casi imperceptible– entre la amistad profunda y para siempre, y el amor propiamente dicho: la presencia o no de la atracción sexual, la cual inclinará la balanza de la verdad hacia uno u otro lado. Parece mentira que, en los tiempos actuales, con tanta información que observamos aparentemente entre los seres vivientes, sean necesarias las agencias matrimoniales o agencias del corazón dedicadas a poner en contacto corazones de mujeres y hombres. Esta última relación ha sido y es siempre personal e intransferible.

Pongamos en suerte el arte de comunicar, conversar, etc., que parece haber sido olvidado últimamente de la faz de la tierra. El problema reside en nosotros mismos, pues pensamos que el dinero, el poder y los distintos placeres –que la propia vida nos pone al alcance de la mano–, serán los que nos libren de preocupaciones: nada más lejos. Uno piensa que el amor ni se compra ni se vende: se siente. Si no es así, no es verdadero amor. Quizá uno, tú, todos… seamos nuestros peores enemigos y estamos fomentando la posesión de corazones muertos (por corazones vacantes), los cuales nunca jamás darán la felicidad a nuestros semejantes.

Amad y seréis amados: he aquí una sencilla fórmula a tener en cuenta, para emplearla cuanto antes mejor. Todo un proyecto de vida perfectamente viable y hermosa. Hagamos revivir esa capacidad de amar que todos llevamos dentro, puesto que amar es capacidad de ilusión hacia una persona, de entrega mutua, de compartir penas y alegrías que la vida nos tiene preparadas. Amor, trabajo, cultura: tres premisas compatibles y maravillosas, que dan sentido a una vida –corta o larga–, quizá con un probable nacimiento de un pequeñuelo… De alguna manera, si he de ser sincero, la soledad no es buena para nadie. Cuando Dios creó al hombre, dijo: “No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18). Y esto es así.

Pero no es bueno, sin duda, violar a las mujeres: violar es matar, humillar, conquistar por la fuerza… el sentimiento y el amor que llevan las mujeres en el interior de sus corazones (los bárbaros saqueaban, humillaban y mataban a los conquistados, amén de violar a sus mujeres…) ¡La mujer es el ser más maravilloso de la tierra!, aunque sea parte de una de nuestras costillas.

La Coruña, 13 de septiembre de 2010
Mariano Cabrero es escritor

Haciendo historia…


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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