Sábado 29 de marzo de 2014,
Bottup.com

Los vecinos se organizan contra la delincuencia en Guatemala

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El crimen organizado se aprovecha de la extrema pobreza de algunos barrios guatemaltecos para imponerse sobre todo y sobre todos

“Siempre hay alguien que lo mira”, dice un dicho popular, una enseñanza compartida por los abuelos. Cuando se comete la más mínima falta siempre habrá una persona testigo de esa comisión. Y no es de extrañarse que en un país como Guatemala muchos individuos de seguro saben quién o quiénes son los autores intelectuales y/o materiales de algún hecho delictivo porque han aprendido a convivir con los maleantes en la misma vecindad y no han desarrollado, por múltiples sucesos, una cultura de denuncia.

Cuando en un barrio, colonia o vecindario se tiene como vecinos a familias integradas por pandilleros, narcotraficantes o miembros del crimen organizado no es difícil escuchar de la boca de amigos o de cualquier persona, su expresión de incomodidad por vivir cerca de alguien a quien se le ven movimientos sospechosos: “para mí que anda metido en algo…”. Esta es una frase común cuando se refiere a una persona así.

En variadas ocasiones esa ‘invasión’ es inevitable. Cada guatemalteco tiene, por lo menos, un vecino o amigo, víctima de robo o hurto por el entrometimiento de ladrones a su vivienda, especialmente en lugares sin buena seguridad o en partes en donde la policía ni se asoma. Esos grupos de pandilleros o de crimen organizado a cada momento infestan esos territorios, y prefieren la poca vigilancia y los barrios sucumbidos en la extrema pobreza. Según declaraciones de vecinos, los delincuentes los intimidan para no ser denunciados y puestos en evidencia. Además, el abuso de pandilleros ha llegado al extremo de ‘sacar y arrebatar’ flagrantemente a familias de sus inmuebles para utilizarlos como refugio o vivienda.

El abuso de pandilleros ha llegado al extremo de ‘sacar y arrebatar’ flagrantemente a familias de sus inmuebles para utilizarlos como refugio o vivienda


Existen colonias en la Ciudad de Guatemala y vecindarios de algunos municipios o departamentos, catalogados por las autoridades ‘de alta peligrosidad’, en donde la plusvalía ha descendido considerablemente a causa de esos grupos delincuenciales, entorpecedores de la tranquilidad y convivencia de sus habitantes. Una casa no cuesta más de la mitad de su valor real, porque son territorios apoderados por los pandilleros vendedores de droga al menudeo en cada esquina, la gente ya no puede caminar tranquilamente por las calles porque corren el riesgo de ser víctimas de asalto o de violencia.

En otro extremo, la condición de pobreza y vivir en sitios marginados de la ciudad, en donde las casas son de ‘lata y cartón’ y se duerme en tablas; la comisión de hechos delictivos pareciera ser ‘normal’, probablemente por la falta de oportunidades de trabajo genera en muchas familias organizaciones para robar, asaltar y hasta matar por conseguir algunos centavos. Por eso no se deja de escuchar en los noticieros la sagacidad del crimen organizado para valerse de personas de extrema pobreza para cometer actos delictivos a cambio de comida o dinero. Lo lamentable, es cuando la mayoría de personas conservadoras de valores y principios, ya acostumbradas a convivir con delincuentes y maleantes, a pesar de no dejar de ser ‘blancos vulnerables’, no acuden a las autoridades a denunciar los malos tratos y mucho menos a colaborar como testigos para acusarlos de un posible delito.

Algunos de estos grupos están armados y no creen seriamente en las entidades y se toman la justicia por su propia mano, caen en el error de juzgar de manera indebida y en ocasiones hasta provocan la muerte del maleante

Esa incapacidad de generar una cultura de denuncia no solo consiste en la falta de valor y educación del buen vecino: el juego de poder ejercido a través de la amenaza y la coacción es fuerte, porque si se “dice algo” podría terminar asesinado. La otra cara de la moneda es la posición de las autoridades: se ha evidenciado el vínculo de muchos agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) con grupos delincuenciales. Esa actitud evidentemente ha generado desconfianza, otra causa para no denunciar. Se han publicado gran cantidad de casos cuando la población denuncia, la PNC detiene a los presuntos responsables y al día siguiente salen nuevamente a la calle, simplemente porque no hay pruebas suficientes o porque debajo de la mesa se hizo la negociación de la salida.

Pero aunque la delincuencia ha manipulado y coaccionado a la población, en varios lugares del país los vecinos decidieron organizarse y confiar en el autocontrol de sus conciudadanos. Son grupos vigilantes en las calles, algunos armados, para ejercer su propia custodia y arremeter contra sospechosos y/o personas realizadoras de actos ilícitos. Algunos de estos grupos, seriamente no creen en las entidades y toman la justicia por su propia mano, caen en el error de juzgar de manera indebida, en ocasiones hasta provocar la muerte del maleante. De ahí el surgimiento de los rótulos ‘vecinos organizados contra la delincuencia’, los cuales comúnmente se localizan a la vista de todos en las calles.

Ciertos lugares han logrado volver a vivir con tranquilidad; pero en otros, la población subsiste en un ambiente de zozobra por el temor de ser víctimas o perder a sus familiares en caso de delatar los desmanes e ilegalidades cometidos por esos grupos delincuenciales convertidos hoy día en sus vecinos.

Fotografía (cc): guillermogg


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