Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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Conductor en Guatemala, una profesión de riesgo

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Cruce de vehículos en un carril guatemalteco. En los últimos tres años han muerto más de 420 conductores en Guatemala por diferentes motivos, pero la causa principal son las extorsiones no pagadas, según un informe de la oficina del Procurador de los Derechos Humanos

En esta época sería inaudito no pensar y reflexionar en el agobio provocado por la violencia que azota a Guatemala. Este flagelo de delincuencia se ha generalizado de forma alarmante y sitúa en jaque a las autoridades quienes no encuentran formas para retomar el control.

La falta de fortalecimiento a las instituciones y el entrometimiento de los tentáculos del crimen organizado afectan la gobernabilidad de la nación. Varias entidades de gobierno dan muestras lamentables de estar vinculadas con grupos delincuenciales.

Las instituciones encargadas de la seguridad se han debilitado y el rumbo parece haberse perdido. Ejemplo de ello es la contaminación de la Policía Nacional Civil, de donde hace algún tiempo se desarticuló una mafia conformada por altos mandos que operaban en contubernio con el narcotráfico. Y como consecuencia hasta la fecha esa institución no tiene director, una prueba clara de la falta de atención de las autoridades guatemaltecas.

El fiscal del Ministerio Público fue asesinado hace algunos días

Matanza de pilotos
Una trama angustiosa para la población, especialmente a la capitalina, es la matanza de pilotos del transporte urbano y extraurbano. En los últimos días asesinaron a cinco de ellos en distintos hechos. El conteo lamentable de los últimos tres años a la fecha, según un informe de la oficina del Procurador de los Derechos Humanos (PDH), en el país han muerto más de 420 conductores por diferentes motivos, pero la causa principal son las extorsiones no pagadas, de casi ocho mil quetzales semanales por empresa, a las pandillas delincuenciales.

Como resultado, las asociaciones de transportistas frecuentemente solicitan seguridad, petición que no ha encontrado eco, y la afectación a miles de usuarios que no pueden trasladarse por la suspensión del servicio como medida de presión.

Asimismo la semana pasada quedó marcada en la historia de Guatemala porque se registró un acontecimiento que el Gobierno debe analizar conscientemente. En varios lugares de la capital se encontraron cuatro cabezas humanas, una localizada frente al Congreso de la Republica, y consecutivamente los cuerpos decapitados.

Estos hechos sangrientos y la muerte de esas personas, sirvió para enviar mensajes de ‘advertencia’ al Sistema Penitenciario y Ministerio de Gobernación. Los escritos hacían referencia a que se detuviera la impunidad y el supuesto abuso de autoridad, además de ‘amenazar’ y responsabilizar a esas entidades la continuación de más muertes.

Los diferentes grupos de pandillas juveniles extorsionan y asesinan

Presuntamente es una medida de coacción conspirada entre presos, familiares y nexos con pandillas juveniles para no vigilar las visitas en las cárceles y detener los traslados de reos de un centro a otro. Evidentemente una forma para amedrentar a las autoridades y la demostración del ineficiente control en los presidios por tales confabulaciones desde el interior de esos lugares de “rehabilitación”.

‘Los Pitágoras’
Además, el ejercicio de operador de justicia también puede tener resultados negativos y nefastos, se cumplía una semana aproximadamente de que un tribunal de sentencia de Quetzaltenango, condenara a prisión a varios miembros de la banda de secuestradores llamados ‘Los Pitágoras’. Esa investigación y otras acusaciones penales de alto impacto, se presume que fueron la causa de la muerte del licenciado Rufino Velásquez Oroxom, fiscal del Ministerio Público, asesinado hace algunos días, por desconocidos a pocos metros de su vivienda. Lamentablemente la vulnerabilidad de los trabajadores de justicia es otro desafío para el Gobierno.

En resumen, es alarmante para Guatemala que por un lado exista la delincuencia conformada por aquellas personas necesitadas, que delinquen para conseguir alimento. Y por otro, la delincuencia que se viste de cuello blanco y camina en los pasillos de los edificios de las instituciones públicas. Además de los diferentes grupos de pandillas juveniles que extorsionan, asesinan y que se han apoderado por completo de la armonía y convivencia social de los guatemaltecos.

El Estado necesita urgentemente renovaciones profundas en sus instituciones porque hasta el momento sólo se tiene indiferencia, sin la presentación de soluciones concretas para combatir las mafias que están enraizadas en sus oficinas desde hace mucho tiempo.

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Foto (CC) Diskmik

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