Sábado 01 de octubre de 2016,
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Vitorio Arrigoni, un ganador

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El periodista y activista italiano fue secuestrado en Gaza el día 14 y encontrado muerto al día siguiente

Los asesinos, afines a Al Qaeda, reclamaban la liberación de presos a cambio de su vida

No llegué a conocer a Vittorio, aunque son personas como él las que te hacen sentirte parte de una familia mucho más grande que aquella a la que pertenecemos. La lucha por la verdad supone muchas veces un vínculo más grande que la sangre, y Vik, como otros muchos, era uno de nuestros patriarcas.

Gaza fue su vida, allí encontró la muerte. Su lucha permanece, su dedicación es nuestra meta, su oficio nuestra forma de vivir. Dicen que siempre se van los mejores, una frase que suena a tópico para muchos a los que se les ha alzado injustamente a los altares de la humanidad, pero en el caso de Arrigoni, todas las palabras buenas se quedan cortas. Es difícil explicar su labor, sin duda alguna las voces de los niños palestinos con los que él solía jugar son el mejor testimonio de una vida dedicada a la libertad.

Como suele ocurrir en estos casos, solo la muerte hace que el mundo conozca a esos héroes anónimos que hacen que este planeta sea un lugar más digno donde vivir, ellos no quieren fama, buscan el anonimato rodeados de un humor negro que les hace escapar de la crueldad que rodea sus vidas. Son especialistas en crearse un escudo detrás del cual guardan con celo el sinsabor de la injusticia, para ellos el llanto de un niño es más doloroso que las heridas de las balas del materialismo.

Vittorio era un activista de la libertad, de la justicia, de las personas, pero sobre todo Vik era un ser humano, para él la familia era algo más que un apellido, él pertenecía a la familia más grande del mundo, la familia humana. Su mirada perdida era el mejor testimonio de su vida; sus palabras, lecciones para todo aquel que se llame persona; su sensibilidad, una especie en peligro de extinción.

Deseo ver Gaza, el lugar que mi hijo amó y por el que se sacrificó. Quiero encontrarme con esas buenas personas que viven allí de quienes mi hijo siempre hablaba

Vittorio era una persona “que escribía como hablaba, que comía como bebía, que pensaba como caminaba y que dormía como cantaba”, tal como reza su página web. Una especie de ser humano que no abunda, una vida dedicada a los más necesitados. Su muerte ha conmovido al mundo, sus amigos lloran su ausencia. Alberto Arce, su hermano, escribía: “Vittorio tiene la voluntad de los persistentes. La honestidad de quien está dispuesto a llegar hasta el final. Con principios y convicciones. Vittorio no es un aventurero. Vittorio es un luchador. De los que ya no quedan”.

No creo que una madre pueda soportar la ausencia de un hijo, la desaparición de su vida, pero la entereza de su madre, Agidea, quien embarcará en la II Flotilla de la Libertad (que este año cambiará el nombre en honor de Vittorio), deja a la luz que la lucha de Vik estaba inscrita en su ADN desde el momento de su nacimiento en 1975, “Deseo ver Gaza, el lugar que mi hijo amó y por el que se sacrificó. Quiero encontrarme con esas buenas personas que viven allí de quienes mi hijo siempre hablaba”.

Vik, ha pasado a engrosar esa lista de seres humanos que han sacrificado su vida por un mundo más justo. Tantos son los nombres que sería imposible recordarlos uno a uno. Seres humanos como Miguel Gil, como Fabio Polenghi, como Vittorio Arrigoni. Personas que dignifican la profesión más bonita del mundo, hombres y mujeres que se retuercen al ver a un niño llorar. Hoy los diarios de todo el mundo anuncia que sus asesinos están muertos, estoy seguro que a Vik no le hubiera gustado esto, me imagino su rostro acompañando a su voz, citando esa frase de Ghandi, “ojo por ojo y el mundo entero se quedará ciego”. Arrigoni amaba la vida por encima de todas las cosas, esa era su lucha, y para nada hubiera deseado la muerte de ningún ser humano, como él mismo rezaba, “sigamos siendo humanos”.

Decir la verdad se ha convertido en la profesión de más alto riesgo, ejemplos como el del español Manu Brabo, detenido en Libia, ponen de manifiesto que la libertad es esa utopía con la que todos soñamos, que la justicia universal es un sueño imposible de alcanzar, y que la verdad es siempre la primera víctima de todos los conflictos. Muchos somos lo que seguimos luchando por dar voz al que no se le deja hablar, muchos seguimos dándolo todo por mostrar esas otras imágenes que los grandes medios de comunicación se niegan a publicar, y todos, sin excepción alguna, seguiremos dando guerra para que vidas como la de Vittorio Arrigoni no se hayan sacrificado en vano.

Por todos ellos, y para todos ellos, nuestra labor es seguir investigando, nuestro trabajo seguir fotografiando y nuestro oficio, el más bello de todos, el camino por el que la verdad anda de puntillas y la injusticia se disfraza de bebé.

No envíes flores a su entierro, donad vuestro dinero para que el sueño de Vittorio se cumpla y por fin todos podamos gritar ‘Palestina, Libertad’. Descansa en paz, compañero, descansa Vittorio, descansa ganador.

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“Escribid en mi tumba las palabras de Nelson Mandela: Un ganador es un soñador que nunca se rinde”, Vittorio Arrigoni.


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1 comentario

  1. borikuaspain23 01/05/2011 en 1:40

    …PORQUE LOS POLITICOS DEL MUNDO NO PUEDEN PRETENDER MANEJAR LA VIDA DE LOS CIUDADANOS POR TAN SOLO HACER SU TRABAJO Y COMETER ACTOS TAN VILES Y COBARDES Y COMPLETAMENTE REPUDIABLES COMO ESTE!!

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