Martes 06 de diciembre de 2016,
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Wwoofing en las antípodas

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Gracias a la organización WWOOF se puede entrar en contacto con la agricultura orgánica, la naturaleza y una forma de vida sostenible

¿Playa o montaña? Esta es la cuestión que muchos de nosotros nos planteamos cuando se acercan las vacaciones y queremos irnos de viaje, pero, ¿por qué no buscar un poco mas allá?

En mi última aventura en Nueva Zelanda descubrí una nueva forma de viajar y de aprender al mismo tiempo: WWOOF – World Wide opportunities on organic farms – Oportunidades en granjas orgánicas alrededor del mundo. Cuando leí este termino por primera vez, estaba buscando ofertas de trabajo en Internet para Australia o Nueva Zelanda. Por entonces, no podía imaginarme que el WWOOFING se convertiría en mi estilo de vida durante casi medio año en las Antípodas.

El wwoofing se basa en un intercambio cultural entre viajeros y aquellos residentes del país que viven en el medio rural. Se fundó como organización en los años 70 en el Reino

El wwoofing se basa en un intercambio cultural entre viajeros y aquellos residentes del país que viven en el medio rural

Unido y su objetivo es promover el intercambio de culturas y aprender a vivir en un entorno sostenible. La práctica consiste en trabajar como voluntario a cambio de alojamiento y manutención. Son muchos los lugares en los que se puede vivir esta experiencia, desde granjas ecológicas hasta centros de retiro y espirituales, pero todos tienen un denominador común: promueven una forma de vida sostenible, donde se puede aprender acerca de la producción en huertos orgánicos y el beneficio del auto-consumo, obteniendo experiencia directa de agricultura ecológica y biodinámica.

El proceso es muy sencillo, basta con registrarse como miembro en la pagina web de la organización abonando una pequeña cantidad. Una vez dentro, se tiene acceso a todos los lugares donde es posible colaborar como wwoofer (voluntario). Al registrarse se recibe automáticamente un libro con un listado de direcciones de los (hosts) propietarios con los que ponerse en contacto, incluyendo una descripción del lugar y las tareas que se realizan. Esta práctica está muy extendida en países como Australia o Nueva Zelanda, sin embargo, se puede hacer wwoofing en prácticamente cualquier lugar del mundo.

Los inicios
Sue Coppard es el nombre de la persona responsable y fundadora de este proyecto. Secretaria afincada en Londres, ciudad con una población alrededor de los 11 millones de habitantes, sentía la necesidad de salir de la urbe y entrar en contacto con el campo y la naturaleza. Se le ocurrió la idea de pasar un fin de semana en una granja a cambio de colaborar con las tareas diarias. Más tarde, pensó que si ella estaba dispuesta a hacer algo así, quizá habría otras personas a las que les podría interesar, por lo que se puso en contacto con un periodista y redactó un anuncio al que respondieron 15 candidatos. Dos de ellos confirmaron y se fueron con Sue a pasar el fin de semana en una granja. El resultado fue tan positivo que los propietarios les invitaron a repetir la experiencia cuando desearan.

Pronto la organización se fue haciendo cada vez más grande, hasta que Sue tuvo que ocuparse enteramente de la dirección junto con otros colaboradores. Hoy en día hay 43 países envueltos en este proyecto, entre los cuales se incluyen Australia, China, Ghana y Finlandia, entre otros.

Yo, wwoofer
Llego a Nueva Zelanda a mediados de septiembre, la primavera apenas acaba de asomar la cabeza en el hemisferio sur, sigue haciendo frío, pero me consuela saber que cada día que pasa nos vamos acercando hacia el periodo estival. Mi primer lugar donde

La licalización es inmejorable, cada mañana desayuno con las magníficas vistas de la bahía. El centro está aislado en mitad de la nada y del todo

voy a hacer wwoofing es un centro de retiro y espiritual en la zona de Coromandel peninsula, al noreste de la isla norte de Nueva Zelanda. La capital de Coromandel se llama Coromandel Town. Esta región es conocida por su espíritu alternativo y su extensa comunidad artística.

En ‘Mana’, así se llama el centro, se requiere una estancia mínima de un mes como wwoofer. Normalmente entre wwoofers y hosts se llega a un acuerdo para determinar la duración de la estancia, aunque los propietarios suelen ser bastante flexibles. Casi siempre depende de los voluntarios, sin embargo, en un centro de estas características piden un mes mínimo de estancia para poder aprender el funcionamiento y las diferentes tareas a realizar.

La localización es inmejorable, cada mañana desayuno con las magníficas vistas de la bahía. El centro está aislado en mitad de la nada y del todo, rodeado de árboles y bosque, tiene un diseño y emplazamiento que lo convierten en un elemento mas de la naturaleza.

El complejo está compuesto por un edificio principal en el que se encuentran la cocina, el comedor, algunas habitaciones y el octógono, la principal y única sala del recinto. Con vistas a la bahía y con su diseño octogonal, la sala es un espacio único y perfecto para realizar las actividades dirigidas. Alrededor del centro hay distribuidas el resto de habitaciones y los llamados Retreat huts, cabañas totalmente aisladas en las que los huéspedes puede disfrutar de retiros personales. El complejo se completa con una cancha de voleyball y una pista de tenis, que hace también la función improvisada de parking.

Los directores y colaboradores del centro nos tratan con absoluto respeto y nos dan su confianza, nos hacen sentir uno más

En total somos cuatro wwoofers, una pareja de Argentina, una chica de Nueva Zelanda y un servidor. El número de voluntarios depende de cada lugar, puede variar desde una persona hasta seis o más. Tanto en la página web como en el listado que se adquiere al convertirse en miembro, se especifica cual es el máximo de voluntarios que requieren y si se aceptan familias o no. Disponemos de dos habitaciones para compartir con baño incluído. Las condiciones de las habitaciones variarán según el emplazamiento en el que se hace wwoofing, pero hay que tener en cuenta que no nos alojamos en hoteles de 5 estrellas, por lo que el lujo y la comodidad suelen brillar por su ausencia. Sin embargo, puedo asegurar que el total de la experiencia lo compensa con creces.

La jornada de trabajo suele ser entre cuatro y seis horas con varios descansos, con lo cual se puede disfrutar del resto del día libre, y se trabaja cinco o seis días a la semana, dependiendo del lugar. Las tareas en ‘Mana’ se reparten entre el cultivo del huerto, cocina y limpieza general del centro. Cuando no hay clientes nos dedicamos a dejar el centro a punto y a realizar labores en la huerta. Todos los productos que se consumen son totalmente orgánicos. Cuando hay clientes alojados en el centro, las tareas principales giran en torno a la cocina, ayudando al chef a preparar y cocinar el menú diario.

En nuestras horas libres disfrutamos del maravilloso entorno que rodea a ‘Mana’, descansamos contemplando las fantásticas vistas o tomamos prestados los instrumentos de música e improvisamos algunas canciones en el octógono. Tenemos libertad total y campamos a nuestras anchas como si fuera nuestro hogar. Los directores y colaboradores del centro nos tratan con absoluto respeto y nos dan su confianza, nos hacen sentir uno más.

No solo te permite ahorrar costes, sino que además te permite involucrarte en la cultura del país, conociendo la gente local y sus costumbres

Llevo apenas dos semanas en Nueva Zelanda, estoy conociendo las costumbres y tradiciones de este país de primera mano, me estoy relacionando con gente de otros lugares del mundo y estoy trabajando como voluntario en un espacio que respeta el medio ambiente, aprendiendo sobre agricultura orgánica; soy un wwoofer.

Una opción para viajar con muchas ventajas
A lo largo de mis cinco meses viajando por el país de los kiwis trabajaré como voluntario en diferentes lugares, tales como una granja de ovejas (Nueva Zelanda es conocida por sus ovejas, en concreto, 40 millones, contra los cuatro millones de habitantes que residen en el país), una pequeña casa rural y una granja de olivos donde producen aceite de oliva virgen.

Al hacer de wwoofer mientras se viaja por un país no solo te permite ahorrar costes, sino que además te permite involucrarte en la cultura del país, conociendo la gente local y sus costumbres, aprendiendo y compartiendo estilos de vida sostenibles y respetuosos con el medio ambiente y conociendo otros viajeros de todos los rincones del mundo, que al igual que tú, trabajan como voluntario.

En definitiva, wwoofing es una opción válida para todo aquel que quiera pasar una larga temporada en el extranjero con la intención de viajar, conocer gente y culturas y aprender idiomas. Sobre todo, si todavía se es joven y se carece de experiencia laboral que dificulte encontrar un puesto de trabajo en cualquier país extranjero. Es idóneo para aquellas personas que están pasando por un momento de transición en sus vidas, quizá antes de empezar el periodo universitario o laboral, o justo cuando lo acaban y deciden pasar un temporada viajando y descubriendo mundo. O simplemente, para todo aquel que esté interesado y quiera vivir esta experiencia.

Cabe decir que los habitantes de países del norte de Europa, sobre todo aquellos con edades comprendidas entre 18 y 20 años, tienen costumbre de aventurarse en este tipo de viajes, que desde luego favorecen el crecimiento personal. Sin embargo, en España carecemos de esta tradición, ¿por qué no empezar a cambiarlo?

Para mas información:
Blog sobre mi experiencia como wwoofer en Nueva Zelanda
http://lookingforkiwis.blogspot.com


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Sobre el autor

1 comentario

  1. Anónimo 05/04/2010 en 14:32

    Una vez más enhorabuena por tu viaje (una experiencia increíble) por tu forma de contárnoslo a los demás (haces que quiera irme ya mismo para allá!!) y sobre todo enhorabuena por haber encontrado otra forma de disfrutar del mundo, trabajando, viajando y respetando nuestro planeta 😉 que falta nos hace!!! Un beso enorme y gracias por dejarnos ver un poquito de todo lo que has visitado…..!!!

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