Martes 27 de septiembre de 2016,
Bottup.com

Y a todo esto llamamos cultura

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Todo son miedos y mentiras, todos son mentiras y miedos que marchan unidas en un perfecto engranaje que nadie sabe a dónde nos conducirá. Son el bien y el mal juntos, hermanados

Si hemos de estudiar y entender a una sociedad que pretendamos sea global, sin duda, habremos de comenzar, y por principio, resolviendo sus temores, pues los deseos de ésta vendrán más tarde por añadidura, como lo hacen las gotas de agua que caen del cielo -una vez que nosotros percibimos antes el relámpago y escuchamos después el trueno.

Y es que en pleno siglo XXI está siendo operativo un modo de vivir ‘cara al espectaculo’. Prueba de lo que digo la tenemos en la posible -que no lo fue-, quema de ejemplares del Corán (libro religioso musulmán) por parte de un pastor protestante norteamericano. ‘Los medios’ se han propuesto dar diversión, y servida a la carta, en lugar de ofrecer noticias contrastadas, que es los suyo. El mencionado pastor pudo haber provocado un conflicto mundial, pues los fanatismos religiosos (y aquí hago hincapié en el mundo espiritual mundial) saltan por cualquier pequeño incidente, como lo hacen las chispas en los fuegos artificiales. El pastor quiso ser ‘noticia’, y ¡diablos que lo fue!, beneficiado por la prensa, radio y televisión. También el ancho mundo de la Internet con sus amplias redes de comunicación puso su granito de arena.

‘Los medios’ se han propuesto dar diversión, y servida a la carta, en lugar de ofrecer noticias contrastadas, que es los suyo. El pastor quiso ser noticia y ¡diablos si lo fue!

Se extienden tantos temores en nuestra actual sociedad, porque… hay en el mundo cuarenta multimillonarios que distribuyen migajas de angustia y dolor, y así, vemos morir, todos los días del año, miles y miles de niños que nacen, única y exclusivamente, para tener una muerte pronta, angustiosa y dura. Hemos de desterrar para siempre la compasión para el pobre y los miedos a la globalización. Ya que, estableciendo un diálogo intercultural entre los seres humanos, se puede llegar a tratar de crear un mundo globalizado donde los pobres sean un poco menos pobres, y los ricos sean un poco menos ricos: distribución equitativa de la riqueza a la que aspiramos todos los seres humanos en el Globo Terráqueo en el que habitamos, y que necesariamente hemos de morir… ¡Dios sabe cuándo!

Converso con mi pensamiento, y él me dice: “¿Para qué sirve tanta riqueza en nuestras manos?”. Si la riqueza fomenta compasión, uno desea ser pobre; si la pobreza genera odio, uno desea ser rico. Y es que el hombre es insaciable en cuanto a la posesión de riquezas (por bienes terrenales). “El dinero es como el abono que se echa a la tierra: de nada sirve si no se extiende”, dejó escrito Francis Bacon (pintor).

Nuestra cotidiana vida se está convirtiendo día a día en un creciente mundo de temores que nos amenazan: miedo a morir, miedo al dolor, miedo a perder la cabeza… Son muchos miedos juntos que, según los expertos en la materia, erosionan nuestros cerebros terriblemente, y nos hacen pensar en la erosión que está sufriendo el ecosistema, la proliferación de las armas nucleares –el último caso al respecto lo está protagonizando Irán, que trata de conseguir, y lo conseguirá, bombas nucleares de destrucción masiva–, el terrorismo que corre por todo el Globo Terráqueo, la lucha para conseguir dinero y poder al precio que sea, tráfico y venta de órganos humanos sacados -a cuchillo-, y son muertos los cuerpos de inocentes criaturas –raptadas o vendidas por sus propios padres.

Y a todo esto llamamos cultura, globalización, democracia, derechos humanos… Todos son miedos y mentiras, todo son mentiras y miedos que marchan unidas en un perfecto engranaje que nadie sabe a dónde nos conducirá. Son el bien y el mal juntos, hermanados, que se dan la mano para pasear por estos mundos de Dios, y que siembran de crespones negros, a modo de agujeros, la geografía universal. Quizá estemos ciegos de soberbia, quizá hemos olvidado derramar lágrimas vírgenes, quizá vamos encarando un mundo sin control ni norma alguna bajo el signo de los políticos corruptos, que los hay.

Hay en el mundo cuarenta multimillonarios que distribuyen migajas de angustia y dolor, y así, vemos morir, todos los días, miles de niños que nacen, únicamente, para tener una muerte pronta, angustiosa y dura

Y es que la enfermedad nadie la desea, así como nadie desea la muerte. Mas todos sabemos que ésta última alguna vez ha de llegar. Incluso no hemos de descartar el caso concreto de que ‘el miedo a la muerte’ nos puede producir un sufrimiento tan intenso e insoportable, que el último nos puede conducir al suicidio.

La sociedad actual ha de saber conllevar los dolores físico y psíquico, que son innatos a nuestra naturaleza humana y mortal. Entendemos perfectamente que la depresión, la ansiedad, los miedos… nos han de acompañar a lo largo de nuestra corta o larga existencia, mal que nos pese.

Partiendo de la base de que “la violencia engendra violencia”, y ésta se viene acrecentando en todos los ámbitos de nuestra cotidiana vida, nos está acompañando –diría yo– de temores o miedos a procesos que, buscando nuevas normas de adaptación a cambios sociales en nuestra actual sociedad de convivencia, son necesarios asumir como naturales en las culturas de los pueblos o grupos sociales. Insisto: hemos de asumir que deben existir miedos y temores –miedo a morir, miedo a perder la cabeza, miedo al sufrimiento, miedo al dolor, miedo a la enfermedad (cáncer, sida, esclerosis múltiple, etc.), etcétera.

Son muchos miedos juntos. Éstos condicionan nuestras normas de convivencia y respecto hacia las personas y cosas que existen en nuestro entorno, pero se deben superar a lo largo de nuestra vida mediante sistemas de educación escolar –aprobados por ley– que fortalezcan la autoridad del profesor en clase, y, claro está, la convivencia pacífica entre los alumnos. Y ahora, por si fuera poco todo esto, estamos cogiendo miedo a la agresividad que se está fomentando en nuestras aulas.

¡Hoy tengo un mal día! ¡Todo lo veo negro! ¡Me duele el corazón!, solemos decir, como si dicha víscera muscular fuera capaz de detectar dolores. Dentro de estas afirmaciones y otras similares llevamos inserto un mundo de miedos (fobias, muchas veces): miedo al amor, al infarto de miocardio, al cáncer, al Sida (Síndrome de Inmuno-Deficiencia Adquirida), miedo a perder la cabeza, miedo al sufrimiento, miedo al dolor. Todos estos temores que nos amenazan –en los prolegómenos del siglo XXI– al mismo tiempo, nos conducen inevitablemente al gran miedo que todos llevamos dentro: nuestro miedo a la muerte.

La sociedad que nos ha tocado vivir tampoco nos ayuda precisamente a superar estas barreras del intelecto. Pensamos y actuamos, como seres humanos que somos. Y es que la panorámica mundial es problemática: guerras fratricidas, violación de mujeres –con resultado final de muerte–, y sus derechos, malos tratos psíquicos y físicos a menores, detención ilegal de menores que desaparecen para siempre, etc.

Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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