Martes 06 de diciembre de 2016,
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Y después de la huelga general, ¿qué?

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Los sindicatos deben ampliar sus acciones hacia la política y trabajar para unir a la clase trabajadora, la más fragmentada

Toda huelga persigue adquirir derechos nuevos o recuperar derechos perdidos, y el éxito o fracaso se mide por el número de trabajadores que la secundan. Sin embargo, una participación masiva no es sinónimo de conseguir sus propósitos, aunque sí es imprescindible para legitimar y fortalecer a los representantes de los trabajadores en el proceso de negociación. La huelga no es una meta, sino una acción de fuerza para lograr esa meta. Por tanto, si queremos comprender y valorar la Huelga General del 29M, tenemos que hablar de todo a su alrededor.

Los sindicatos no deberían esperar a tener una Huelga General convocada para concienciar a los trabajadores de que en democracia la sociedad sigue estando fraccionada en clases sociales

El trabajador, consciente de serlo, secundará esta huelga porque está cansado de perder derechos laborales adquiridos y servicios públicos básicos. Tampoco ve futuro para sus hijos y se considera el pagano de los excesos y despilfarros de nuestros gobernantes. Entonces, esta huelga debería ser todo un éxito. Pues no está nada claro.

En España, muchos trabajadores se avergüenzan de pertenecer a la clase obrera. Los trabajadores de cuello blanco están tan cerca del jefe que nunca osarían traicionarlo con una huelga. Los trabajadores sin cualificación tampoco necesitan pertenecer a ninguna organización, son los primeros en justificar la propaganda ‘oficial’ de que todos los sindicalistas son unos vividores. También están los autónomos, los nuevos empresarios que se ubican en una casta superior, pero los primeros en sufrir las recesiones. En fin, que los sindicatos no deberían esperar a tener una Huelga General convocada para concienciar a los trabajadores de que en democracia la sociedad sigue estando fraccionada en clases sociales. Y la clase trabajadora, a pesar de ser la más numerosa, es la menos organizada, y por tanto, la que menos recibe en la distribución de la riqueza. Los sindicatos se han quedado estancados en las reivindicaciones materialistas del siglo XX. La globalización de la economía y, sobre todo, nuestra pertenencia a la Unión Europea han modificado las reglas de juego entre el poder y las clases sociales. Hagamos un breve repaso del sistema político para comprender esta crisis, vencer la apatía generalizada y orientar la actuación de los sindicatos.

La democracia funciona a nivel interno de los Estados miembros de la Unión Europea. Las élites de poder y los grupos organizados presionan y ‘chantajean’ al Gobierno de turno para conseguir sus fines o mantener sus privilegios. Si el partido político gobernante no satisface las demandas, pues se verá castigado en las urnas, por la retirada del voto, o por la financiación de una campaña de acoso y derribo. Este funcionamiento ‘simple’ se complica cuando los dictados vienen de Europa, son de obligado cumplimiento y dicen ser castigos por el despilfarro público, del cual todos somos culpables. En fin, que no hay otra opción, o cumplimos con los recortes o nos hundimos en la miseria. Pues este planteamiento es falso.

La casta política que dirigen las instituciones europeas no está expuesta al castigo-premio de las urnas, pero sí al castigo-recompensa de las élites financieras

El sistema político de la Unión Europea, ese que nos gobierna y nos obliga, no es una democracia directa. Los ciudadanos europeos sólo eligen el Parlamento europeo, cuyas funciones legislativas y de control son limitadas, casi insignificantes. El verdadero poder legislativo y ejecutivo lo ejerce la Comisión con la complicidad del Consejo, un entramado ‘político-partidista-elitista-europeo’ ajeno al control de los partidos políticos nacionales y, por supuesto, de la ciudadanía europea. Esta casta política no está expuesta al castigo-premio de las urnas, pero sí al castigo-recompensa de las élites financieras. Las políticas públicas y de gasto, la regulación del mercado único y las normas de la Unión Económica y Monetaria vienen de Europa y se traducen en recortes, son políticas neoliberales impuestas por las élites de poder, y materializadas por los partidos conservadores europeos.

Cada élite o grupo defiende sus intereses en los foros que considera más oportunos, pero todos recurren a la política para conseguir sus fines. Cuanto antes se conciencien los sindicatos obreros de esta nueva situación, antes podrán actuar en defensa de sus afiliados. Además de las negociaciones laborales y la huelga, los sindicatos deben ampliar sus actuaciones hacia la política, porque hoy día, y más que nunca, las relaciones de los grupos son políticas. El mayor activo de los sindicatos es el voto agregado de sus afiliados y deben sacarle rendimiento en los procesos electorales. Antes de cada cita con las urnas, los sindicatos deben negociar los programas electorales con los partidos políticos en contienda y públicamente apoyar a los candidatos que representen las mejores opciones para sus afiliados. Igualmente, los sindicatos deben formar coaliciones a nivel europeo y apoyar los partidos políticos que se comprometan a democratizar las instituciones europeas.

Falta saber si los actuales dirigentes sindicales son los adecuados para liderar el cambio a partir del 29M.


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1 comentario

  1. angel ruiz palomares 21/03/2012 en 13:09

    No me he enterado bien porqué ahora esta huelga. En 8 años nefastos ninguna y ahora de pronto…….., No tenemos arreglo señores.

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