Martes 30 de mayo de 2017,
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Zimbabwe, la granja deshabitada

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Análisis

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La inflación ronda el 100.000% anual en Zimbabwe

Zimbabwe vota contra el octogenario y autoritario presidente del país, Robert Mugabe. La pésima situación económica, el desastre laboral y productivo, el hambre, la sanidad y la falta de libertad aboca a un cambio pero no es seguro que las clases favorecidas por el dictador lo permitan.

Cantaba Bob Marley “Africans are liberated”
cuando Rhodesia del sur quería dejar
de ser la tierra colonial británica y comenzar a ser Zimbabwe. De aquella
sociedad colonial con la tierra en manos de granjeros blancos, el 70%, se pasó, por medio de la revolución post-independencia,
a un reparto a los campesinos y a un gobierno de africanos de color.

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Morgan Tsvangirai, el opositor y supuesto vencedor electoral

Sin
embargo la realidad después fue otra, de la élite blanca de granjeros en el poder se
ha llegado a una elite de cercanos al poder de Robert
Mugabe
y su partido, el ZANU
que gobierna desde entonces, y ya van veintiocho años. Las granjas productivas
y ricas han acabado en manos de personas que desconocen de su explotación y que
viven de la venta ilegal del combustible del estado al que tienen derecho.

Hiperinflación

Zimbabwe, una tierra
rica y provechosa,
es ahora un país donde la producción agrícola, máxima
riqueza de la nación, se ha hundido y la economía con ella. De hecho, ha colapsado
de tal manera que la inflación, mayor al 100.000% anual, se come el
sueldo de los asalariados. El paro se ha disparado empujado por la falta de
actividad agrícola, la
mayoría prefiere no trabajar a realizar un trabajo
que no le dará de comer;
y la sanidad, casi eliminada, hace del SIDA
una pandemia bíblica y, además, con el hambre haciendo estragos.

Todo ello conforma a Zimbabwe como uno de los países más corruptos del mundo y con
más perspectivas de salida violenta
si la comunidad internacional no toma
acción. Este es un pequeño drama de una descolonización que solo ha dejado de ser “la tierra para el que la
trabaje” a “la tierra no se trabaja”.

Sólo si los gobiernos occidentales intervienen será posible
que un nuevo gobierno, del vencedor Movimiento
para el cambio democrático de Morgan Tsvangirai,
intente relanzar la mala economía

Las elecciones, a la búlgara, han dado el poder a Mugabe
desde la independencia, 1980, pero en la primera vuelta de los comicios del
31 de marzo, la población retiró
la confianza
al viejo
líder
. Esto, en un país donde Mugabe controla la democracia y los medios, el fraude es algo más que la típica paranoia de perdedores.

La
población le ha dado la espalda y el aparato del Gobierno no puede controlarlo

aunque intenta “reconstruir” su mayoría en una segunda
vuelta
electoral que suena a fraude cantado. También suenan los sables
y hay un cierto sentimiento de que Mugabe pueda provocar un pustch que le eternice aún más en el poder.

Sólo si los gobiernos occidentales intervienen será posible
que un nuevo gobierno, del vencedor Movimiento
para el cambio democrático
de Morgan Tsvangirai,
intente relanzar la mala economía, que el dictador siempre ha supeditado a las
casi inexistentes presiones y bloqueos, para que la descolonización, aquella
que debió ser, lo sea de de verdad y dé a Zimbabwe
un futuro de prosperidad, bonanza y progreso en democracia.

No es del todo
claro que los intereses no permitan que el régimen siga en pleno, muestra de la
cola del pavo real de la doctrina Kirkpatrick.


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